Immortals

Desde hace cinco años han ido saltando a la palestra del cine varías películas cuyo único objetivo era provocar en el espectador un sincero “oooooh” al ver miles de colores atravesando la pantalla, explosiones, salvajes batallas multitudinarias, escenarios imposibles… y si era en 3D mucho mejor. En esa lista de películas podemos destacar “300“, “Sin city“, “Watchmen“, “Avatar“, “The Fall“… y un largo etcétera.

En las puertas casi del 2012 se estrena en cines “Immortals“…  De los productores de “300” reza su eslogan. Y es que son muchas las cosas que unen ambas producciones a parte de los tipos que ponen la pasta, ya que en un principio se publicitó como una secuela, luego pasó a ser un spin-off y por último su relación se ha limitado únicamente a ese eslogan publicitario que tanto se utiliza hoy en día.

Immortals” pretende ser una visión épica de la película “300” pero sin conseguirlo. Su guión se sustenta en unos protagonistas planos que conducen una historia simple, que promete grandes cosas pero que luego se queda en cuatro puñetazos amistosos.  Henry Cavill encarna a Teseo que protegido por Zeus intenta derrotar a Hiperión para evitar que este consiga el arco de Epiro con quien liberar a los titanes. Por partes.

El Teseo de marras no da la talla. Segundo tras segundo podemos ver una continua sobreactuación del personaje que se debate entre caras forzadas de pensamiento profundo que no dan el pego y gritos de ira de los que sus compañeros se tienen que aguantar la risa. Recuerda un poco a la historia de David y Goliat, sobre todo porque Hiperión está encarnado por el mastodonte Mike Rourke, que desde su aparición en “El luchador” le llueven los papeles.

El toque de humor se lo da un pequeño ladrón que acompaña al protagonista. Versado en el robo y el engaño es capaz de sobrevivir al ataque de miles de expertos y sanguinarios soldados, pero no solo sobrevivir, ya que protagoniza alguna de las mejores coreografías bélicas del metraje lo que no deja de ser paradójico.

El resto de personajes se encuentran dentro del rango “normal” de este tipo de producciones, ni brillan ni dan vergüenza, simplemente están. Caso aparte es la aparición de los inmortales de marras, entre ellos destacamos a Zeus, Ares, Poseidon, Hera y alguno más. Pese al reducido número de divinos causan estragos tanto en la tierra como en la película. Sus actuaciones altivas se asemejan más a estatuas en movimiento que a personajes de carne hueso. Con trajes dorado brillante y almidonados hasta la médula intentaran no intervenir en una lucha que dicta su futuro y el del mundo entero por lo que las caras de frustración se reparten por doquier.

Pero bueno, no todo es malo, en estás películas los efectos especiales son los que mueven todo el engranaje y “Immortals” no es una excepción. Paisajes, dioses a cámara lenta, haces de luz, batallas multitudinarias y coreografías espectaculares llenan los ojos de los espectadores pero sin llegar a una calidad que consiga ese “ooooh” tan esperado. Incluso, en algunos momentos, la espectacularidad de ciertos elementos contrastan enormemente con los paisajes consiguiendo una fusión de los objetos muy deficiente creando una sensación de animación por ordenador demasiado evidente.

Resumen:

Si quieres ver una película con efectos especiales algo decentes y donde se hace gala de una ostentosidad que no se posee dejando atrás el guión y el arte dramático “Immortals” es tu película.

Melchian

Hellraiser: Revelations

“Dicho de una obra cinematográfica o literaria y del género al que pertenecen: Que buscan causar miedo o angustia en el espectador o en el lector.”

Esta es la definición exacta que vincula la R.A.E. al adjetivo “terror”. La inclusión de esta explicación tiene un simple y llano porqué: recordar el significado exacto de dicho adjetivo al director, guionista y productores que han perpetrado “Hellraiser: Revelations”. Aprovechando que vamos encaminados…

“Miramiento, consideración, deferencia.”

Esta última es la corta y concisa definición de la palabra “respeto”, algo que han perdido los responsables de la “película” de marras tanto por Clive Barker como por la saga e incluso, por los incautos que la han visto.

El diccionario de la Real Academia de la lengua Española está plagado de descalificativos e improperios que podría incluir gustosamente en estas líneas pero  me conformo comentando la hora y media escasa de metraje que compone “Hellraiser: Revelations”. Que los hechos hablen por si solos.

Sin contar con el batiburrillo de polémicas, noticias y demás comentarios que la colocaban, en un principio, como remake del largometraje de 1987 se pueden ver claras reminiscencias hacía esa película de culto. ¿Qué reminiscencias? Un hombre intenta huir de unos seres retorcidos y sanguinarios que intentan inducir dolor eterno… eso es… ahora sustituir al hombre por un mocoso drogadicto y cansado de una vida acomodada, un amigo estúpido, una familia asquerosa y un mendigo psicópata.

Básicamente la película empieza con una grabación casera de los dos estúpidos de turno huyendo de sus padres y camino de Mexico. Allí encontraran a un mendigo que les dará la caja rompecabezas, liberaran a los cenobitas y se armará la gorda.

Las actuaciones son de risa, esperpénticas y sobreactuadas, inexistentes, de mercadillo; la fotografía es de serie Z,  oscura, poco definida; la técnica está desaparecida, nadie la ha visto y, me temo, que el director ni siquiera se ha planteado en ir a buscarla; el guión es una especie de mezcolanza agridulce con cierto final muy desesperanzado entre un alocado drama adolescente y la película de 1987… nada bueno puede salir de un libreto como ese.

Un tema aparte merecen los cenobitas, esas oscuras criaturas que le dan la magia a la película. Sinceramente no he podido acostumbrarme a ver a Pinhead sin Doug Bradley y menos aun sustituido por el papanatas de turno. Además la caracterización es basta y poco cuidada. El resto están bastante bien, se agradece volver a ver alguna cara conocida que se había perdido entre las interminables películas que componen la saga y, sobre todo, es del todo curioso poder asistir al nacimiento de Pinhead “Junior”… todo un despropósito de serie Z.

Resumen:

Hay películas de terror malas pero ninguna ha tratado con tan poco respeto a una saga encomiable como esta. Desastrosa, chapucera y completamente innecesaria.

Melchian

Devil girl from Mars

Photobucket

La década de los cincuenta, un caldo de cultivo perfecto donde nacieron miles de joyas cinematográficas que pasaron a engrosar las filas del vasto ejercito de la ciencia ficción. Desde “La mujer avispa” del incombustible Roger Corman, “Musarañas asesinas” y “Plan 9 from outer space” que rezuman cutrerío por doquier, hasta clásicos imperecederos como “La mosca”, “The blob”, o “El increíble hombre menguante”. Desde que se descubrió que un par de hilos podían hacer naves alienígenas o que el papel maché tenía infinidad de posibilidades plásticas nacieron miles de monstruos y extraterrestres que intentaron conquista una y otra vez la Tierra, casi siempre en Estados Unidos.

De entre toda esa parafernalia de ciencia ficción se alza un título que sirve para demostrarnos cuanto puede conseguirse con un bar, cartón-piedra e imaginación. “Devil girl from Mars” es la precursora de un subgénero que tendría su explotación en las décadas de los setenta y ochenta: la guerra interminable entre hombres y mujeres.

La película rompía la fijación extraterrestre con Washington situando el drama en un pequeño pueblo escoces donde un platillo volante aparecía dejando atónitos a los siete habitantes de una pequeña pensión. Su único tripulante humano era una mujer, de cuero de cabeza a los pies, se encontraba tras la búsqueda de especímenes masculinos que salvaran a su especie de la extinción. Esto era debido a que las mujeres habían, literalmente, aniquilado y esclavizado al sexo opuesto.

Este delirante y original argumento rompía los moldes del machismo tipificado de la época, aunque fuera en Marte, creando un grave contraste entre las historias alienígenas de misandria con la sumisión de la mujer con respecto al hombre que se dan en la propia pensión. Las tres mujeres que componen el elenco protagonista no pasan de desmayarse, llorar o esperar a que el hombre de turno las salve. Este caso no es aislado, es la tónica general de las películas de la época pero dadas las circunstancias argumentales de esta película resaltan todavía más si cabe.

En cuanto a la parte mas técnica del largometraje es casi olvidable, robots de cartón y cuadriculados, escenarios de estudio, murales que intentan parecer montañas y mansiones victorianas, rayos mortales de mercadillo, atuendos alienígenas reflectantes y superposición de imágenes un tanto descuidada. Eso si, hay que alabar el diseño y la puesta en movimiento del susodicho platillo volante, que aunque solo ocupe unos pocos minutos del metraje, esta bien llevado, con calidad y algo mas de seriedad que el resto de la película. No perderse la actuación de la visitante espacial, fría y altiva.

Las actuaciones son típicas y tópicas, nada nuevo. El científico resabidillo, el periodista de acción, galán y con cierto toque de héroe, el villano asesino que en realidad no lo es, el niño en peligro, la doncella modelo guapísima que no sabe tenerse en pie y la acérrima enamorada. De todas formas no rechina ninguna lo cual es de agradecer.

Resumen:

Película de ciencia ficción de los 50, eso lo dice todo. Hay que destacar ese toque prematuro de guerra sexista que tan común se hará 20 años más tarde.

Melchian

Las peores películas de la historia: Kiss meets the phantom of the park

Después de iniciar este ciclo con la película  “Agresión en la casa del terror” nos seguimos preguntando, “¿Por qué?”, “¿En serio?”, “¿Era necesario?” Y de nuevo “¿Por qué?”. Sin quererlo ni buscarlo nos siguen apareciendo como por arte de magia ese tipo de producciones sin sentido,  que nos hacen dudar de si la humanidad ha perdido completamente la razón. Hoy le toca el turno a un trabajo (si se le puede llegar a llamar así) un tanto curioso.

Kiss meets the phantom of the park” es un batiburrillo de imagenes que no tienen ningún objetivo, se suceden unas a las otras sin pensar, de forma caótica. El argumento (si, aunque parezca mentira, lo tiene)  se desarrolla en un parque de atracciones dirigido por un codicioso tipo y montado, organizado y creado por un científico loco. Este último secuestra a sus propios trabajadores para convertirlos en robots obedientes. El problema se desata cuando el tipo rico y codicioso contrata a la banda “Kiss” sustituyendo el espectáculo de la foca malabarista (uno de los entretenimientos favoritos de nuestro mad doctor) y despide al susodicho científico loco por motivos totalmente razonables, se está volviendo loco. Es ahí cuando el malo decide vengarse de su avaro amigo suplantando a la banda “Kiss” por robots idénticos que inciten al destrozo del parque de atracciones. Si alguien se lo está preguntando, no, no sale ningún fantasma aunque el título lo anuncie a voces.

Bueno, eso es todo. El resto son pormenores que han ido añadiendo para rellenar metraje. Y es que la película es eso, mero relleno, ya que el argumento se desarrolla en un cuarto de hora. Los restantes 60 minutos  están formados por imágenes del concierto de la banda (con un sonido pésimo), secuencias de tipos desconocidos poniendo caras raras en sus respectivas atracciones (hay un plano que dura cuatro minutos), demostraciones y más demostraciones del científico loco con sus robots multiusos (los hay actores de teatro, chinos, japonés, astronautas, cantantes de capela, monstruos de la hammer, karatekas, monos, sadomasoquistas, obedientes esclavos, delincuentes reformados y el novio de la protagonista)… ¡Ah! ¡Sí! También vuelven a salir Kiss.

En cuanto a las actuaciones son de risa, irremediablemente. No se salva nadie, incluso los extras que hacen bulto miran a la cámara. El científico loco, el tío avaro, la tía a la que roban el novio… todos, penosos. Pero, de entre toda esta bazofia dramática hay cuatro energúmenos que destacan, brillan con luz propia. Me refiero a los cuatro integrantes de la banda rock del momento, “Demonio”, “Hombre estrella”, “Hombre del espacio” y “Hombre gato”, aunque también se denominan entre sí con sus nombres en inglés, poliglotas. El caso es que existe una leyenda urbana (que solo conoce la protagonista de la película) que dice que cada uno de los integrantes de la banda tiene un talismán que les confiere poderes. “Demonio” puede echar llamaradas por la boca, emitir gruñidos guturales y tiene una fuerza y resistencia sobre humana; “El hombre estrella” puede lanzar rayos de energía multiusos por su ojo estrellado (pueden hipnotizar, aumentar el sonido, crear explosiones… envidia le deben tener los suizos); “El hombre del espacio” puede teletransportarse y “El hombre gato” salta mucho, aunque esto lo hacen todos… Al final parece que estás viendo el espectáculo de un circo.

También hay que alabar las cosas buenas o decentes o más bien normales, vamos, que no son un desastre. No hay tomas en blanco ni momentos tras las cámaras involuntarios, tampoco asoman micrófonos, aunque fijándonos en la calidad del sonido me temo que no los utilizaron. No usaron demasiado cartón piedra y no te da la sensación de estar en una maqueta ya que el escenario es completamente real… y… creo… que… no, nada más, ahí se acaba la lista.

Una de las cosas más curiosas es que, una vez que “Kiss” ha derrotado a la banda robotorizada de impostores se ponen a cantar “Rock & Roll all nite” y no sé qué le pasa a la cámara que de repente cambia de lugar instantáneamente situándonos en el laboratorio del mad doctor con la protagonista llorando para que devuelva a su novio a la normalidad. El caso es que debieron de quedarse sin rollo de película, ya que en ese espacio inexistente entre el concierto y el final al científico loco lo han convertido en una especie de robot, todas sus creaciones desaparecen y si, al científico loco le ha crecido el pelo y le han salido canas. Pero no os preocupéis, aún tenemos a la maravillosa banda de rock para sacarnos las castañas del fuego…

Imperdible la voz alterada que le han puesto al supuesto “Demonio”.

Resumen:

Fantochada publicitaria de una banda de rock un tanto traspuesta. Fantasmas inexistentes, robots suplantadores, atracciones divertidas, algodón de azúcar, cantantes que no saben actuar y mucha muchísima caspa.

Melchian

Mind game

Lo reconozco, tengo un problema con el anime. La aversión que le proceso proviene seguramente de la gran cantidad de estereotipos que mezclan en casi todas sus historias, siempre las mismas caras, los mismos trazos, las mismas voces… y así sucesivamente hasta formar una lista enorme de señas repetitivas. Esto se une al claro machismo que  desprenden la mayoría de series y películas (más en las primeras), una velocidad de la trama pasmosa y una innovación casi nula. En definitiva, no se me hace nada atractivo perder varios días de mi vida en ver una de sus interminables series.

Esto, como todo, tiene sus excepciones. Existen dibujantes de anime que suelen sacar una o dos obras independientes, con carácter personal y que se alejan de las características tan marcadas de sus semejantes. Un ejemplo notable es el “Estudio Ghibli” que me ha enamorado con la mayor parte de las películas que Hayao Miyazaki ha dibujado y dirigido, sumando en últimas instancias a Hiromasa Yonebayashi, encargado de la última película de la empresa. El resto de trabajos que cuentan con mi devoción no vienen al caso pero si el que cierra la lista.

Mind game” es un largometraje de algo más de hora y media con un argumento difícil de explicar. No es por qué no exista o sea rebuscado o incluso se deje ver más bien poco a lo largo de todo el metraje, simplemente es porque la película te ofrece millones de cosas más en las que fijarte que la insignificante y muy bien llevada trama.

La película empieza con una serie de imágenes desordenadas a las que encuentras un sentido parcial, estas son seguidas por el título y podríamos decir que a partir de aquí empieza la película en sí. Nos presentan a un chico, frustrado dibujante de mangas, que se encuentra con su amor del instituto. Hasta aquí todo normal. Esta le invita a tomar algo a su propio restaurante y es allí donde la cosa se sale de madre. Triadas, muertes, sangre, dioses, ballenas y muchos disparates.

La película es una conjunción de numerosas técnicas de animación, el dibujo clásico, el stop motion, modificación de imágenes reales, grabados, blanco y negro… un enorme alarde de expresionismo plástico. Todo esto es acompañado por varios toques visuales que se repiten a lo largo del metraje: tenemos zonas muy oscuras, con grises, verdes y azules, escenas con tintes muy cálidos donde predominan los anaranjados, rojos y amarillos, otras muy coloristas donde tonos básicos y simples pero todos muy intensos se mezclan formando una escena surrealista e impresionante.

Los estereotipos mencionados anteriormente lejos de suprimirse se ensalzan intensamente transformando lo típico en algo raro y, en cierta manera, innovador. Las expresiones  “made in Japon” se tornan esperpénticas dotando a sus personajes de un contorno que se escapa al usualmente utilizado en el resto de trabajos del país nipón.

Todo esto hace que la película te atraiga y produzca un ensimismamiento tal que te abstrae de la realidad. Esto no decae hacia el final del metraje, su desenlace sobrepasa por completo las expectativas de cualquier espectador dejando el listón demasiado alto para que otra película del género mejore el resultado.

En conjunto nos queda un largometraje raro, divertido, con mucha impronta visual, con una historia surrealista de toque muy metafórico de la cual se desprenden conclusiones y moralejas para todos los gustos.

Resumen:

Película surrealista y experimental que mezcla la comedia con medias tintas de tragedia todo con una base de animación que se antoja increíble y aderezado con un humor sutil pero muy expresivo.

Melchian

Las comedias de terror: Leprechaun

A lo largo de la historia del cine dos de sus géneros más antiguos y prolíficos se han unido en numerosas ocasiones para solidificar, poco a poco, una nueva temática, las comedias de terror.

Este tipo de cine ya empezaba a asomar las orejas con los primeros cortos de animación de una primeriza Disney. Claros ejemplos son  “El baile de los esqueletos” (“The skeleton dance”) donde se presentan los tópicos más clásicos del cine de terror: arañas, gatos negros, búhos, la noche, luna llena, ramas que se creen brazos y sobre todo, esqueletos, la muerte. Al final todo el conjunto se convierte en un baile con las deformaciones y animaciones que le hicieron a Disney ganarse un lugar dentro del limitado universo de Hollywood.

Pocos años después se realizó “El doctor loco” (“The mad doctor”) también gracias a Disney. En este corto de animación se mantienen los iconos que se presentaron en “El baile de los esqueletos” añadiendo otros muchos como la casa encantada o la imagen de mad-doctor tan popular hoy en día en el género del terror.

A partir de este punto son numerosos los cortos de animación que aunaron estos dos géneros: “Hells bells”, “Skeleton frolics”, “Claws for alarm”, “Jeepers creepers” e incluso con protagonistas celebres como el pato Donald en “Truco o trato”.

Habrá que esperar hasta los sesenta para que se nos presente uno de los primeros largometrajes que unió de forma intencionada y satisfactoria estas dos temáticas. “La pequeña tienda de los horrores” fue, casi, la pionera en este nuevo género mixto que aunaba la imagen real, una planta mutante carnívora y mucho humor absurdo. Tanto gustó la idea que en 1986 se realizó un remake en el que se aumentó el toque de humor  y en 1996 se creó una serie animada relegando el terror a un aspecto casi circunstancial e inexistente.

En esa misma década otros dos grandes portentos saltaron a la palestra cinematográfica, “Mad monster party”, una reunión en stop motion de monstruos clásicos, y la inmejorable “El baile de los vampiros” donde la mezcla cuaja perfectamente y se da a conocer de una forma universal.

A partir de este momento el género encuentra en la serie b su trampolín hacía una elevada prolificidad. “Pesadilla en Elm street”, “El jovencito Frankenstein”, “The rocky horror picture show”, “Terroríficamente muertos”, “El ejército de las tinieblas”, “Critters”, “Gremlins”, “Ghoulies”, “Bitelchus” y así centenares de películas y de sagas que se aprovechaban de esta conjunción que tanto gustaba, de la misma manera a pequeños que a mayores.

Dentro del cine actual este género no ha muerto, sino que sigue reinventándose con “Shaun of the dead” o la muy reciente e igualmente increíble “Tucker and Dale vs Evil”. Incluso el cine patrio ha hecho una gran aportación al género teniendo en el punto de mira la casi omnipresente figura de Santiago Segura con “El día de la bestia”, “Una de zombis” o “Beyond re-animator”, la mayoría con menor acierto que el resto.

A pesar de toda la amalgama de películas disponibles solo unas pocas se mantienen fieles a la calidad que desprendían sus predecesoras de los sesenta o setenta dejándose llevar por la serie b y el “hacer rápido y mal” del terror de los 80.

Sin embargo, en la década de los 90, precedidas por “Gremlins” y “Critters” a las que seguramente les debe mucho, comienza una nueva saga de terror cómico que llega hasta nuestros días sin demasiados cambios apreciables. La saga a la que me refiero es la poco conocida “Leprechaun”, donde se explota el arquetipo de duende irlandés hasta convertirlo en un ser perverso, estrafalario, esperpéntico y muy divertido personajillo.

Lo increíble y fascinante de esta longeva serie es que sigue fiel a sus principios, manteniendo en su plantel al actor que encarna en cada una de las películas al magnifico duende, Warwick Davis, participante también en la saga de “Harry Potter”, “Las crónicas de Narnia” y “Star Wars” entre muchas otras.

Su triunfo se basa principalmente en llevar a cabo una historia insulsa, un guión lleno de lagunas, actores pésimos y un ritmo un tanto insustancial. La verdad es que se parece en gran medida a cualquier película de terror de serie b solo dedicada a fans acérrimos del género. Entonces, ¿qué tiene esta saga y sus películas para que guste medianamente a la gente en general y especialmente a los terrorfilos? La respuesta es clara, rápida y concisa, el Leprechaun. El solo levanta todas y cada una de las películas. Su personaje es tan carismático que aguantarás minuto tras minuto solo para descubrir que tontería, refrán o truco se le ocurre hacer a continuación.

La historia como he dicho antes no tiene mucha importancia. Para ser concretos, a lo largo de la saga, se contradicen a si mismos: los principios iniciados e implantados en una película no se mantienen en la siguiente, no solo no se mantienen sino que son contradichos una y otra vez. Acaban con el susodicho duende pero en el siguiente largometraje lo vuelven a revivir sin molestarse en dar ningún tipo de explicaciones, modifican su edad y su vestimenta entre otros muchos desfalcos, aunque sigue siendo el mismo ser despreciable que te había dibujado una amplia sonrisa en la primogénita película.

Los actores y actrices son de risa, incluyendo a Jennifer Aniston que protagoniza la primera película de la saga y para la que supuso su despegue como actriz. A pesar de que no repite en el resto, cosa que no creo que hubiera cambiado nada sino todo lo contrario, los actores y actrices contratados son peores que pegar una paliza a un clavo ardiendo. Terribles.

Y reitero, a pesar de todas las carencias, de todos los fallos, de la dejadez que se experimenta cuando sabes que estás viendo algo que no tiene absolutamente nada aprovechable, todo eso se olvida automáticamente cuando aparece el duendecillo saltando sobre esos tacones, gritando, riendo y soltado todas las barbaridades que se le ocurren. Es increíble la cantidad de refranes y rimas que se pueden oír en hora y media de metraje. Eso si, verla en versión original para apreciarlas en toda plenitud, un continuo chorreo de barbaridades.

Resumen:

Una saga casi atemporal que mantiene lo que en un principio la hizo famosa, diversión pura y dura. Si te gusta y tienes ganas de más recomiendo el visionado de “Rumpelstiltskin” otra película con más de lo mismo.

Melchian

Scream 4

Parece que el mundo del cine todavía no ha aprendido la lección. Si hacemos memoria, “La matanza de Texas”, “Halloween”, “Viernes 13”, “Pesadilla en Elm Street” y otras muchas de menor envergadura han tenido una larga estela de secuelas, largometrajes que explotan su personaje principal, sus gracias, sus métodos hasta la saciedad. Películas que solo sirven para contentar a los fans acérrimos de cada personajillo y que sirven más al dólar que al cine de terror. Hasta ahora la única que había permanecido inalterable, por lo menos medianamente, era la saga de “Scream” protagonizada por nuestro querido y poco carismático Ghostface. No sé si ha sido porque a Craven no le salía un tiro decente desde hace más de diez años y a la vista de la reciente resurrección de tantas sagas clásicas decidió hacer tanto de lo mismo, estrujar su gallina de los huevos de oro. El problema, Craven, es que ya no tiene más huevos que poner.

Scream 4” rompe la trilogía inicial por simple hecho de ser la cuarta película de una trilogía, pero eso no debe importar, demasiado. El argumento es el de siempre, Ghostface coge su cuchillo (cada vez más curvilíneo) y se dedica a matar a todo bicho que se encuentra por delante. Básicamente es eso por mucho que nos intenten vender vueltas de tuerca, líos de cabeza con remakes de películas anteriores, cine dentro del cine… las famosas reglas del cine de terror ya no las cumple nadie.

Dejando de lado la poca originalidad que deja tras de sí el título podemos centrarnos en otros muchos detalles indeseables. Uno de ellos es el maravilloso desfile de silicona en el que se convierte la película. Courteney Cox y David Arquette vuelven para co-protagonizar la nueva secuela, un gran alivio para muchos fans, pero la verdad sea dicha, independientemente del paso del tiempo he tenido que pestañear un par de veces para reconocerlos en pantalla, sobre todo a Cox. ¡Por Dios! ¿Se debe reconocer al mirarse al espejo? Y ya ni hablemos de la tía de Campbell… un despropósito de caras impersonales, sin expresión y que dejan la interpretación como mero apunte en el margen de un papel emborronado.

Craven opta por muertes mucho más sangrientas y viscerales (literalmente) que en sus anteriores películas, quizás sea para intentar despistar al espectador del despropósito general del largometraje o simplemente para adaptarse a los tiempos. Los sustos no pasan de ser cuatro subidas de volumen a lo largo de las escenas, los clichés del slasher se repiten de forma aburrida en lo que ya no sabes si calificar como parodia o falta de ideas.

Otro de los puntos que cansa muchísimo es la cantidad de los famosos “falsos fínales” que nos regalan a lo largo de la última media hora de metraje. No es por el número, que también, sino por la calidad de los mismos, sabes lo que estás viendo, sabes lo que va a pasar y sabes perfectamente que la película no termina ahí. Lo increíble es que pueden llegar a meter cuatro seguidos. ¿Para aumentar el metraje? ¿Igual es que se creen de verdad que engañan a los espectadores? De todas formas, cada final es peor que el anterior, dejando reservado para el último el más patético y previsible de todos, con frase “carismática” incluida.

Además la película cuenta con un posible toque paródico y de humor (dependiendo del espectador) el cual se ve reflejado en las numerosos guiños al cine de género presentes en varias escenas, posters clásicos, Robert Rodríguez como director de “Puñalada 7”, frases cómicas con alusión a películas clásicas, en fin, más de lo mismo.

Por favor señores de Hollivú estrujaros más los sesos y menos a vuestras viejas glorias y como bien dicen en esta bazofia (quizás lo único inteligente):

-          Primera regla de un remake: No jodas al original.

Resumen:

Fantochada de la mano del viejo Craven que intenta recaudar fondos para una mejor jubilación. Más gore, menos actuación y originalidad. Solo apta para mirar sin ver nada.

Melchian

Peores películas de la historia: Agresión en la casa del terror

Desde los años 70 la industria del cine ha crecido de manera exponencial hasta nuestros días. En los años 50 y anteriores para hacer una película era necesario uno de los pocos monstruos productivos de la época. La inversión privada era casi nula. Estos factores provocaban unos números bastante reducidos en cuanto a la cantidad de largometrajes, pero también, la calidad de la mayoría de ellos era bastante decente.

Actualmente cualquier persona puede hacer una película juntándose unos amigos con unos pocos euros. Un caso bastante extremo es el de la reciente “Paranormal activity” que con 15.000 dólares de presupuesto consiguió recaudar más de 100 millones de los mismos solo en salas estadounidenses.

Al contrario que sucedía en los 50 el panorama fílmico actual contiene películas para todos los gustos de casi infinitas temáticas, estilos y géneros. Las películas realizadas son mucho mayores que entonces con la casi indudable pérdida de calidad cinematográfica. Y es que echando un vistazo general este aumento de producciones nos ha dejado películas que desbancan los clásicos tópicos y eufemismos del cine clásico.

Un claro ejemplo es el caso de la considerada peor película del mundo, la archiconocida “Plan 9 from outer space”, un título de culto. Cuando hablamos de cine y sale el tema siempre me quedo un tanto ofuscado. Si, hace 40 años podría ser la peor, pero actualmente tenemos films que le dan 50 vueltas en cuanto a cutrez, tanto argumentativa, artística y dramática. Ejemplos hay muchos: “Deadhunter: Sevillian zombies” es un claro ejemplo de una película de las nombradas características, o “Dard divorce”, producción alemana de gore mal hecho… La lista podría hacerse interminable, y es que hay miles o millones de largometrajes de este estilo.

Uno que he descubierto recientemente y que me ha hecho plantearme todas estas cosillas que os he expuesto antes ha sido “Boarding house” o “Agresión en la casa del terror”, producción estadounidense de principios de los ochenta que narra las desventuras de una panda de tipas en bañador en una casa con poderes sobrenaturales.

La película en si es mala, malísima, pero no mala del tipo graciosa, no, al terminarla sientes ganas de acabar con la vida de su director, los actores, el encargado de fx, el cámara o incluso del tipo que les traía los cafés. Además te consuela pensar que seguramente te agradezcan que acabes con sus vidas.

Las escenas y su desarrollo son inconexas, no te enteras de la historia principal, y de las historietas secundarias de cada uno de los personajes todavía menos.  Sus efectos especiales son de risa, una sombra tipo manta fantasmal para la casa, efecto electrocutamiento hecho con la luz de una linterna, miradas perdidas directamente a la cámara, medio cerdos mutantes (lo de “medio” es porque el actor que hace de ellos solo tiene caracterizada la mitad de su cuerpo), planos inventados que descuadran la dinámica y que se acercan más a un video casero que a una película “profesional”  y así un sinfín de cosas.

Los actores, o mejor dicho, actrices (ya que el género femenino es el que abunda en la mayor parte del film), son penosas, sobreactuadas, solo están allí para enseñar cacho y ponérsela dura al protagonista. También son abundantes las roturas del espacio-tiempo; de vez en cuando se hace de día y al segundo es de noche, o la casa se encuentra en una urbanización y al segundo aparece un enorme cementerio a su vera libre para que las protagonistas corran en ropa interior.

A pesar de todo esto las muertes son las que más grima dan (y eso que hay pocas). Lo que más te sorprende de ellas es que parece que no ocurren, el impacto que generan en el resto de inquilinos de la casa es mínimo. Esto último quizás sea porque cada vez que muere una fémina es sustituida mágicamente por otra sin explicar de dónde sale, solo por hacer bulto, ya se sabe que el número de chicas no puede ser inferior a 10 en una película de este estilo.

Y así, suma que suma, la cantidad de improperios que puedes aguantar en más de hora y media (¡más de hora y media!) se ve sobrepasado por mucho cuando ves aparecer las letras de créditos finales. Es entonces cuando le pides disculpas al señor Ed Wood e incluso a Uwe Boll, (si, a este último también) mientras la lista de peores películas jamás rodada se corre un puesto, dejando el número  uno a esta maravillosa y fantástica producción.

Atentos al principio de la película, donde un narrador misterioso nos avisa:

-          Señoras y señores, una advertencia, para proteger a los propietarios de las salas cinematográficas y a los que han realizado esta película en “Horrorvisión”, los espectadores que padezcan de los nervios o del corazón deberán taparse los ojos y los oídos cada vez que este objeto parezca en la pantalla (guante negro gigante que ocupa toda la pantalla) o cada vez que se escuche este sonido (sonido misterioso de fondo). Gracias.

Gracias por la advertencia, ahora veremos la película mucho más tranquilos.

Resumen:

Algo horrendo, horripilante, desastroso, catastrófico, algo para el que la RAE deberá crear nuevos adjetivos.

Melchian

Ciclo cine friki: Las aventuras de Buckaroo Banzai a través de la octava dimensión

Pensando una tarde de domingo fui consciente de la cantidad ingente de cine palomitero que existe y cuyo único propósito es hacer perder el tiempo a la gente. El quiz de la cuestión es que estas películas sobreviven al paso del tiempo mejor que cualquier otra y, lo que es peor, aumentan en calidad frente a los ojos de los millones de fans que las secundan, se compran camisetas, hacen festivales absurdos y se disfrazan en Halloween de su personaje favorito. Estoy hablado del archiconocido cine “friki”.

Para los frikicinéfilos, entre los que me encuentro, no hay mejor momento que sentarse en el sofá con unos amigos con palomitas y cerveza (refresco edulcorado en sustitución) en mano y darle al play para que comience una hora y media de fantochada tras fantochada. En conmemoración a todas estas películas inservibles y deplorables para la mayor parte de la humanidad, elixir y santo grial para otros, he decidido hacer un pequeño ciclo en el que se intentarán recoger algunas de ellas. Comencemos…

Existen una serie de patrones o reglas, llamémoslas reglas, si, como las de los gremlins, que hacen que una película se alce dentro del glamour barriobajero del cine “friki”. Para los entendidos les parecerán familiares  y seguro que me ratificarán, al resto os sonarán a chino y me tildaréis de loco (no os quito la razón) pero solo tendréis que ver un par de las películas que os voy a resumir para darme la razón también.

Dentro de estas reglas una de las más importantes es que la película se haya rodado dentro de las décadas de los 70 u 80, siendo esta última la más prolífica de las dos. Además, el personaje debe de ser carismático, todopoderoso, universal y encima tiene que darse cuenta de que lo es. También un gran punto a favor es que deben de reunirse varios tópicos en el argumento, aliens y zombies, vampiros y payasos, artes marciales y viajes espaciales… Una de las películas que cumple a perfección con todas estos puntos es “The Adventures of Buckaroo Banzai Across the 8th Dimension”, o “Las aventuras de Buckaroo Banzai a través de la octava dimensión” título muy fidedigno con el que se comercializó en España.

La película va de un tipo que aúna numerosas habilidades en su persona, es cirujano,  estrella del rock (Canta, toca la guitarra, el piano y la trompeta), cinturón negro (a falta de más colores) de karate, experto en numerosas artes marciales, científico especializado en materia cuántica, protagonista de varios comics, presidente de un instituto (llamado, cómo no, instituto Banzai) que sirve a su vez como base secreta de operaciones, amigo íntimo del presidente de los EE.UU y propietario de un ejército privado de seguridad al que llama “Los chaquetas azules”; además acaba con superpoderes al final de la película, siendo capaz de revivir a la gente. Una vez presentado al susodicho protagonista nos centramos en la banda que le acompaña que es una serie de clones de Banzai pero un poco desactualizados, rockeros, científicos y pistoleros.

Bueno, la excusa para hacer la película vino de lo siguiente:  Banzai trabajaba en un prototipo de coche que le permitiera alcanzar una velocidad increíble y con la ayuda de un aparato (de su propia invención) poder atravesar la materia sólida alegando que puede pasar entre el huevo vacío existente entre los neutrones y electrones de los átomos. El caso es que al hacer la prueba atraviesa la barrera del sonido y no sé qué más giliflauteces y se encuentra cara a cara con los electroides, extraterrestres de una dimensión desconocida encerrados en la 8ª dimensión que es a la que accede Banzai con su invento. Este hecho desencadena una especie de invasión alienígena un tanto descabellada y estúpida en la que Buckaroo y su grupo rockero harán todo lo posible por evitar. Además, un gran añadido es la amenaza de una segunda banda de extraterrestres que pretenden bombardear a los rusos e iniciar de esta forma una tercera guerra mundial si Buckaroo no derrota a los aliens convictos. Lo más gracioso es que todos los alienígenas “buenos” son negros rastudos con un claro parecido a Bob Marley.

Como podréis imaginar la cosa se desmadra bastante conforme avanza la película hasta tal punto que pierde todo significado cinematográfico y su guión se sustenta en cuatro caras de estreñimiento (bien puestas eso sí) del gran Buckaroo. Dentro de las fantasmadas podríamos destacar un par, como en la que Banzai roba una Harley Davison delante de sus dueños y estos se limitan a saludarle con la mano (no era un gesto amenazante, era un claro adiós acompañado por sonrisas complacidas). Más tarde en esa misma persecución, con nuestro Buckaroo a los mandos de la moto, intenta lucirse describiendo un círculo en el asfalto sin ningún tipo de objetivo, mientras los susodichos extraterrestres se le escapan.

La nombrada banda “Los chaquetas azules” está formada por un hombre y su hijo, este último es quien recoge las llamadas, ayuda a buckaroo, empuña rifles, retiene al malo de la película y hace la pelota al resto de los asistentes. El padre se limita a sonreír y a darle permiso al pequeño (de no más de 7 años) a ir en el coche supersónico (si, así lo llaman).

Teniendo ante nosotros a tal ejemplo de excelencia sobrehumana no podríamos pensar que la película nos deparara alguna sorpresa que supere lo visto: como siempre, nos equivocábamos. La sorpresa de la película es la aparición de Jeff Goldblum (si, el actor de “Jurassic park” y protagonista de su segunda parte) pero no su presencia, no, sino su atuendo. Acompañando al resto del equipo con un atuendo más que rockero y glamuroso (atención, estamos hablado de los 80) aparece nuestro amigo Jeff vestido de vaquero canadiense, con sobrero, camisa roja, chaleco, tejanos y esas perneras blancas con pelo de vaca… No fuimos los únicos a quien sorprendió ya que uno de los rockeros dice:

-          Tio, ¿En New Jersey vestís así?

A lo que Jeff contesta (con amplia sonrisa en la boca y gesto despreocupado)

-          Eres muy gracioso ¿no?

Escribiría y escribiría varias páginas resumiendo una y otra vez los grandes momentos de la película pero prefiero que los comprobéis vosotros mismos, eso sí, os dejo la escena de los créditos finales, un momento impagable.

Resumen:

Película ochentera plagada de fantasmadas y sin sentidos, una de las grandes del cine friki. A destacar su secuencia final de créditos con pasos de baile incluidos.

Melchian

Belladonna of sadness

En 1972 cuando Ralph Bakshi rompe con Marvel nace una de las primeras películas de animación que sin llevar el calificativo de la triple X, “Fritz the cat“, que permitía disfrutar a un público más adulto de una historia de descubrimientos con claras connotaciones y escenas sexuales. Bakshi volvió a utilizar este efecto en otras películas como “American pop” o la más reciente “Spicy city”. Lo que pocas personas conocen es que ya hubo otro cineasta anterior a Ralph Bakshi que hizo algo parecido. Me refiero a Eiichi Yamamoto, dibujante, guionista y director de una trilogía dispar, “Animerama”. En ella podemos encontrar una película animada de “Las mil y una noches” y otra de “Cleopatra”, ambas dirigidas y realizadas con bastante menor acierto que la producción que cierra la trilogía, “Belladonna of sadness”.

La película es una adaptación libre de la vida de Juana de Arco y del libro “La sorcière” de Michelet. Bajo mi humilde opinión esto no es lo más importante del metraje, sino la forma de llevarlo. “Belladonna of sadness” está plagada de escenas preciosistas que huyen de lo barroco, refugiándose en líneas simples, colores apagados y decorados casi inexistentes.

Las imágenes en movimiento están realizadas mediante acuarela, técnica que proporciona a la película un tono suave y armonioso que parece ir de la mano con el personaje protagonista, Belladonna, que siempre aparece estilizada, blanquecina, amable y demasiado confiada. Es un claro representante de la inocencia de la juventud en la época en la que se desarrolla la película, la Edad media. La acuarela se ve complementada en algunas escenas, las cuales parecen más numerosas conforme avanza el metraje,  por otras técnicas como el perfilamiento con carboncillo o la utilización de pinturas más espesas y coloristas que otorgan cierto énfasis.

El resultado es una sucesión de imágenes perfectamente armoniosas y preciosistas que bien podrían formar parte de la colección de cualquier prestigioso museo.

La forma de llevar la historia se acerca más al género experimental que al histórico o fantástico. Las escenas no poseen casi diálogos dejando manga ancha a las expresiones de los protagonistas y a la escenografía. El toque adulto es lo contrario a explícito. El tema sexual se trata con cuidado, con mimo, escondiéndolo adrede y solo parcialmente, entre simbolismos que en realidad solo engañan al más puritano de los visionadores. Uno de las metáforas más extendidas en todo metraje es la presencia de la naturaleza viva, la cual es mucho mayor en aquellas escenas con connotaciones sensuales.

Otro aspecto a destacar es la casi inexistencia de decorado escenográfico. En la imagen se nos representa únicamente lo necesario dejando un contorno en blanco que disminuye conforme avanza el metraje. Este contorno blanco ayuda a la percepción de la inocencia de la protagonista y su disminución a lo largo de la película denota la perdida de la misma.

Todo esto contraste enormemente con el otro escenario desarrollado. Por un lado tenemos la vida bucólica e inocente de la campesina protagonista y por el otro el carácter férreo y absolutista de los monarcas y de la corte. La presencia del rey, la reina y sus cortesanos está claramente marcada por colores grises, metálicos, sombras y piedra. Además no se individualizan dichos caracteres hasta casi el final de la película permaneciendo durante la mayor parte del metraje funcionando como un único personaje.

Estos y otros muchos detalles plagan una película increíble que bien se merece ser disfrutada con calma, retrocediendo si es necesario, hasta desentrañar cada uno de los misterios que escondes sus imágenes, sus símbolos y sus significados ocultos.

Resumen:

Película que dejará atónito al aficionado a la animación más acérrimo, tanto por la calidad de lo dibujado como por el carácter experimental de la historia y narración. Una joya que descubrir.

Melchian

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