El globo rojo

¿Situaciones insólitas? En 1956, la Academia otorgó el Oscar al mejor guión original a Albert Lamorisse, director y guionista de “El globo rojo“. Calificativo de original que le iba ni pintado, puesto que este mediometraje carece de diálogos. ¿Qué premió entonces la Academia?

Es que a veces sobran las palabras, cuando la imagen es lo suficientemente poderosa. El globo rojo es una joyita para soñadores, en la que un niño solitario se encuentra un globo rojo… o puede que sea al revés. Y ambos se hacen inseparables. Allí donde está el niño, el globo lo sigue, aunque tenga que esperar fuera del colegio, confiado a un barrendero, o fuera del tranvía. Allí estará para protegerlo.

El pequeño protagonista (el hijo del propio Albert Lamorisse, un chaval de apenas cuatro años, un milagro de interpretación) y su globo, al que no necesita siquiera llevar atado, despiertan la envidia e ira de sus compañeros de clase, que intentan destruir a toda costa esta extraña amistad.

El globo rojo es una fábula soñadora con tintes morales, que alegra el corazón y el alma. En un entorno gris, el rojo brillante del globo actúa de revulsivo en un mundo cruel y mezquino, pero en el que la inocencia y la dulzura terminan por ser recompensados.  El final es uno de los más emocionantes y bellos que se han visto en la historia del cine.

Impecable en todos sus aspectos, El globo rojo obtuvo también la Palma de Oro en Cannes, un año después. Asimismo, esta producción tuvo una revisión en el largometraje “El vuelo del globo rojo“, dirigida por Hou Hsiao-Hsien en el 2007 y protagonizada por Juliette Binoche.

Resumen:

Sensible, emotiva, evocadora y meláncolica película que todos debemos ver. Para volver a creer en la inocencia de un niño.

Helen

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