Moon

En un futuro no tan lejano la Tierra se quedará sin recursos y la energía será escasa, acontecimientos que empujarán a las mayores empresas del planeta a una búsqueda de recursos energéticos que sobrepasará la frontera del espacio infinito. Siguiendo este simple razonamiento en el que se basa la película de “Moon” cabría esperar un largometraje con desmesurados efectos especiales, naves espaciales, láseres y batallas interminables… todo muy lejos de la realidad. La película nos sitúa en una estación lunar habitada por un único personaje, Sam Bell, encarnado por Sam Rockwell, el cual podemos ver en otras películas con algo de renombre en este mundo del cine, “Guía del autoestopista galáctico”, “El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford” o la recién estrenada “Iron man 2”. Este joven astronauta se encuentra aislado en la luna con la única compañía de una IA, a la que pone voz Kevin Spacey. La acción comienza dos semanas antes de que se le acabe el contrato a Sam, lo que significa la vuelta a casa con su familia, una alegre mujer y una feliz hija le esperan en la Tierra.

Con esta premisa comienza una película que narrará los últimos momentos de Sam en la estación y como en una operación rutinaria tendrá un accidente que parece mortal, pero tras varios días, despertará en la enfermería de la estación con un simple mareo y sin ninguna cicatriz.

Moon” es la primera película de Duncan Jones, un no tan joven director, hijo del cantante David Bowie. La películ, aclamada ya como una de los mejores largometrajes independientes del 2009, fue nominada a varios premios en diferentes festivales de cine, entre los que se incluyen varias nominaciones a los premios BAFTA, de los cuales ganó dos.

Lo que destaca de “Moon” es su singular argumento y el ritmo que mantiene al narrar la acción, ya que puede parecer lento, pero sin embargo no repercute en detrimento de la película. Digo esto, porque sucesos importantes, de claro valor argumental, ocurren muy pocos, estando la mayoría muy camuflados en el ir y venir de los protagonistas. A pesar de esto, la acción transcurre de manera fluida y manteniéndote pegado a la silla de una manera increíble. De esta forma se guarda varias sorpresas para el final, las cuales, sorprenderán a la mayoría.

Este argumento puede recordar a ciertos clásicos de la ciencia ficción como por ejemplo “Naves misteriosas” de Douglas Trumbull, un respetable largometraje de 1972. A la actuación de Sam Rockwell no se le puede atribuir ninguna pega, es lo que se le pedía, un trabajo que acapara protagonismo y que se convierte en una pieza fundamental para el éxito de la película.

En definitiva es un largometraje de ciencia ficción que se sale de los moldes marcados por clásicos como “Star Wars” o “Star Treck” y se acerca más a otras películas del género de los años 60.

Resumen:

Película recomendada a cualquier amante de la ciencia ficción que alabe obras maestras como “2001: Una odisea en el espacio” o la menos reconocida, y ya nombrada anteriormente, “Naves misteriosas”.

Melchian

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