Up in the air

Casi sobre el ecuador del 2010, donde la efectividad, productividad y la rentabilidad prevalecen sobre la mayor parte de las cosas nace “Up in the air”, dirigida por Jason Reitman, a quien ya pudimos valorar en “Juno”.

Up in the air” es una película real, minuto a minuto, fotograma a fotograma recoge la realidad que nos rodea en un tiempo de avanzadas técnicas productivas, donde el despido y la preocupación de salir adelante priman en el día a día. La premisa de la película es sencilla, Ryan Bingham, un hombre que se dedica a viajar por todo Estados Unidos despidiendo a la gente, vive en los aviones y hoteles de los cuales colecciona tarjetas club, oro, platino, llaves que le otorgan privilegios por hacer lo que más le gusta, viajar. Tiene una filosofía de vida, la cual expone en numerosas conferencias, ¿Por qué llevar a cuestas tus cosas, casa, recuerdos, personas, amistades? El peso de todas ellas nos ahoga, es mejor vivir sin nada. Cuando vuelve a casa su jefe lo espera con una invitada, Natalie Keener, una nueva adquisición de la compañía que ha propuesto suprimir los viajes y despedir a la gente por videoconferencia. El mundo de Ryan se desmorona justo antes de conseguir su sueño, llegar a las 10.000.000.000 de millas recorridas.

Este pequeño resumen de la parte más superficial de la película no logra transmitir lo que sucede en ella. “Up in the air” es una película que trata la realidad sin tapujos. En ella podemos ver a Ryan Bingham, un hombre embaucador, algo egocéntrico y solitario, con miedo al compromiso y con una total independencia del mundo que le rodea. Lo que menos le gusta es pasar los 43 días que pasa en casa. A lo largo de las casi dos horas que dura este largometraje vamos viendo una evolución casi imperceptible en su persona.

Lo fantástico de esta película es la conjunción que hace entre la comedia, la crítica y el drama, creando algo único que se observa tanto al comienzo como al final del largometraje. Los personajes bailan al son de ese conjunto de géneros aportando cada uno algo especial. George Clooney hace lo que mejor se le da hacer, un hombre como Ryan Bingham le viene como anillo al dedo, Anna Kendrick encarna a Natalie Keener, la joven compañera de Ryan que intentará modernizar su trabajo y anclar a este en una vida casera. El trabajo de Kendrick es muy bueno, llevando su personaje siempre hasta los límites pero sin sobrepasarlos. Vera Farmiga, en cambio, realiza un trabajo demasiado acartonado interpretando a la amante de Ryan, demasiado rígido y forzado. A pesar de esto último las interpretaciones acaban con nota de notable alto, al igual que la esencia que envuelve a la película.

El aura de limpieza y orden que se respira en el largometraje, formada por los hoteles y aviones perfectamente inmaculados, se puede apreciar al principio de la película, pero esta aura se va degradando con el avance de la trama y el decaimiento del protagonista. Esto último da una sensación de evolución y continuidad a la trama que se hace patente a  medida que avanza el metraje.

Porque lo mejor que tiene esta película no es la historia ni las interpretaciones, es lo que logra transmitir, ese grado de crudeza y realidad con tintes de comedia que acaba con cierto carácter de moralina. Aun así, una de las cosas que más he agradecido ha sido el final, un fin perfecto, a la altura del resto del largometraje, que pone la guinda a un pastel bien hecho, bien servido y bien presentado.

Resumen:

En definitiva, una película encantadora, triste, crítica y divertida que no se puede anclar en ningún género concreto, pero que seguro hará las delicias de cualquiera que se ponga a verla.

Melchian

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