La noche de la iguana

Un sacerdote retirado tras una crisis de fe, se dedica a hacer de guía turístico en México, acompañando a un grupo de profesoras. Entre ellas, viaja una sensual jovencita que muestra interés por seducirlo. La encargada del grupo despide al ex-pastor por su comportamiento, que se refugia en un hotel regentado por Maxine, antigua amante con la que mantiene una buena relación. Allí conocerá a Hannah, mujer rígida y anticuada que viaja con su abuelo. Las relaciones del guía con todas estas mujeres le marcarán para el futuro.

Hombre y mujer. Amor y lujuria. Ruina y salvación. Una noche, todos se encuentran“. “La noche de la iguana” es un estudio de la mujer en sus diferentes etapas vitales, y de la perdición del hombre. Una película con semejante frase promocional no puede ser contenida. En efecto, haciendo honor a la aclamada obra de Tennessee Williams, John Huston nos cuenta una historia de amor, sexo, celos y conflictos vitales. Mucho ruido, muchos sentimientos, mucha pasión, “La noche de la iguana” llega a un nivel de exceso en el que es difícil respirar. Pero es una genialidad.

La noche de la iguana” es una comedia negra repleta de pasiones conflictivas, sin perder de vista el humor satírico con que el director retrata a sus personajes, todos de una riqueza inmensa.

Un hombre acaba de experimentar demasiado con su saldo emocional. El mío se ha agotado“. Lejos de su intención de enderezar su caótica existencia, nuestro atormentado protagonista se verá inmerso en problemas  angustiosos, debatiéndose entre sus tentaciones frustradas y su deseo de paz. Una noche que muestra lo más oscuro de las almas, del contraste entre los anhelantes sueños y la agridulce realidad.

La película tiene dos puntos fuertes: su procedencia teatral, que aprovecha muy bien las localizaciones caribeñas para desplegar la pasión entretejida por diálogos geniales, y un reparto extraordinario. Richard Burton, la víctima de su propia existencia; Ava Gardner, madura, sensual, desenfadada propietaria del hotel donde se alojarán; Deborah Kerr, artista etérea; y Sue Lyon, malintencionada jovencita con ojos ardientes, que destila sexo por cada uno de sus poros.

Medida al detalle, cada elemento tiene su función. Ninguna escena, por absurda que sea, ningún personaje, por secundario que parezca, ni ningún diálogo, por artificial que resulte, están dejados al azar. Desde la comicidad hasta la poesía, “La noche de la iguana” es, en su imperfección, un retrato perfecto de la condición humana.

Resumen:

Mucha clase y maestría la que despliega John Huston, en una película que muestra el errático comportamiento humano, sus pasiones y su perdición. Un clásico.

Helen

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