Donde viven los monstruos

Existe un tipo de películas en las que confluyen una serie de características particulares que hacen que las agrupemos casi sin quererlo. Estos largometrajes suelen ser un tanto surrealistas, de acción pausada, algo incomprensibles y que pueden llegar a asquear al espectador si su duración se excede en demasía. Un claro ejemplo de esta especie de subgenero improvisado es el director Spike Jonze, hacedor de películas como “Cómo ser John Malkovich”, “Adaptation, el ladrón de orquídeas” y más recientemente “Donde viven los monstruos”. Esta última película es de la que vamos a hablar.

La película comienza en casa de Alex, un niño incomprendido al que le gusta tocar las narices a su madre. Un día ésta llega a su máximo de paciencia y lo castiga sin cenar. El niño se escapa y entra en un bosque creado por su propia imaginación donde se elegirá rey de los monstruos.

El último largometraje de Spike Jonze nos deja un sabor agridulce en la boca. Lejos está de sus predecesores, “Como ser Jonh Malkovich” y “Adaptation”, formando una película en la que no sabes a dónde agarrarte. “Donde viven los monstruos” es una bastante fiel adaptación al cuento infantil homónimo de Maurice Sendak. El resultado es un largometraje con una puesta en escena magistral y un diseño muy bueno, que le hace tener una complicidad aún mayor con su obra escrita. Entonces, ¿cuál es el fallo de “Donde viven los monstruos”?

Principalmente hay uno que me parece importante, ¿De dónde saca trama Spike Jonze para hacer una película de más de hora y media de un cuento corto infantil? Esta pregunta tiene varias respuestas, una de ellas es reducir la velocidad de la trama hasta tal punto que en algunas escenas parece que la película están casi pausadas. Otra de las soluciones es crear conflictos que ni siquiera aparecen en el libro. Spike Jonze se sirve libremente de estas dos alternativas creando un largometraje inconexo, en el que tienes que hacer grandes esfuerzos para no quedarte dormido.

Además, “Donde viven los monstruos”, intenta ser un largometraje infantil aportando cierto toque adulto sin conseguir ni una cosa ni la otra, aburriendo mas a los mas mayores que a los mas pequeños. En definitiva, el público infantil encontrará el largometraje algo más oscuro de lo que están acostumbrados, viendo personajes danzar por la pantalla y sin entender por qué lo hacen. El público adulto, en cambio, comprenderá algo más la psique de unos personajes misteriosos y llenos de enigmas, pero se aburrirá con desarrollo caótico de la película y se hartará de las moralinas de libro de texto.

Todas estas trabas son contrarrestadas en cierta manera por una muy buena puesta en escena, unos decorados de sobresaliente y una ambientación que te hará transportar a ese mundo de fantasía que crea Alex. De sobresaliente hay que calificar los diseños de los monstruos, muy parecidos a los del cuento infantil, que son una de las pocas cosas que hace que mantengas la mirada anclada en la pantalla.

En definitiva, una película que no es ni infantil ni adulta, un largometraje que a los que leyeron el cuento de Maurice Sendak les dejará un sabor más dulce que amargo, ya que podrán revivir ese mundo fantástico que tantas veces visitaron en la infancia. En cambio, a los que no lo leyeron ni tienen un lazo emocional con la historia la película les parecerá pesada y algo estúpida, aburriéndose en casi la totalidad del metraje, y únicamente despertándose para admirar el trabajo de ambientación del que gozan los habitantes de la isla salvaje.

Resumen:

Solo apta para incondicionales del cuento, ya que transmite de forma fidedigna las sensaciones del corto infantil, y para los amantes de la fantasía más surrealista.

Melchian

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