junio 2010


Dublineses

Dublín, comienzos de siglo. Es el día de Epifanía de 1904, y está a punto de comenzar una de las celebraciones más concurridas de Dublín, la fiesta de las Srtas. Morkan. Entre sus invitados se encuentra Gabriel Conroy, sobrino de las anfitrionas y esposo de una de las mujeres más bella del país, Gretta. Es una noche maravillosa, el champagne inunda la celebración y los asistentes disfrutan de una magnífica velada. Gabriel, enamorado de su esposa, la contempla detenidamente cuando suena una antigua canción de amor. De vuelta a casa, Gretta le confiesa a su esposo que aquélla canción ha despertado el recuerdo de un amor de juventud, truncado por la muerte de su amado. Nunca en sus años de matrimonio Gabriel había oído esta historia. Sus sentimientos son una mezcla de tristeza, desesperación y celos que conduce a la pareja a una extraña situación.

Obra póstuma de John Huston (dirigida en silla de ruedas y bombona de oxígeno), brillante adaptación de la historia corta de James Joyce “Los muertos” (de “Dubliners”), un relato que escapa del registro del aventurero director: familiar, intimista, con la particular atmósfera de 1904.

Porque lo mejor para despedirse del cine es hacer una película sobre los muertos… aunque todavía estén vivos. A partir del material literario de partida, “Dublineses” se descubre como una reflexión sobre la existencia el alma en los objetos, en los sueños, en las palabras, en las imágenes, en los momentos en blanco, en las ilusiones perdidas, en definitiva, en los recuerdos.

Su reparto, en su práctica totalidad irlandés da mayor autenticidad a está película, escrita por el hijo Tony Huston. Actores que transmiten una melancolía y una reposada tristeza que se contagia. Ese etéreo aire de nostalgia que desprende cada imagen, cada diálogo… Y para muestra, un botón: (ATENCIÓN, MONÓLOGO FINAL).

“¿Que pequeño papel he representado en tu vida? es casi como si no hubiera sido tu marido… para mi tu cara sigue siendo preciosa, pero ya no es aquella por la que Michael Furey dio su vida. La nieve está cubriendo toda Irlanda, cae sobre toda la oscura llanura central, sobre las colinas despobladas, suavemente sobre los pantanos de Allen, y más lejos, hacia el oeste, suavemente, sobre las oscuras y revueltas aguas de Shannon. Uno a uno, todos nos convertiremos en sombras. Es mejor pasar a ese otro mundo impúdicamente, en la plena euforia de una pasión, que irse apagando y marchitarse tristemente con la edad. Cuanto tiempo has guardado en tu corazón la imagen de los ojos de tu amado diciéndote que no deseaba vivir? Yo no he sentido nada así por ninguna mujer, pero se que ese sentimiento debe ser amor. Cae la nieve… cae sobre ese solitario cementerio, en el que Michael Furey yace enterrado… cae lánguidamente en todo el universo, y lánguidamente cae como en el descenso de su ultimo final, sobre todos los vivos… y los muertos”.

Existen dos categorías de espectadores para esta película. El que se duerme, aburrido de una hora de gris costumbrismo decimonónico irlandés, aunque sea intimista y elegante. Y el que se emociona con un final intensísimo y poético, donde apreciaremos que la línea que separa a los muertos de los vivos es muy tenue.

Resumen:

La créme del gafapastismo costumbrista. Triste, melancólica pero sentida, honesta, y una obra maestra. Al menos para mí.

Helen

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Open your mind

Hasta el día de ayer veía el mundo del anime demasiado plano, todo era igual, las mismas historias, las mismas expresiones, la misma entonación, la misma velocidad lentísima de trama… Éstas, creo,  son algunas características universales de la mayoría de las series  y películas del género. Con esto no quiero decir que no tengan casos buenos, como en todo, hay ejemplos malos y otros buenos, éstos últimos son los que hacen destacar algo y elevarlo a ese habitáculo cultural que tenemos cada uno.

Como iba diciendo, el otro día llegó a mis manos un mediometraje calificado como anime, ya que tanto su director como su productora eran del país nipón. El nombre del artífice es Mamuro Oshii, un personaje bastante conocido por sus diferentes obras, como las renombradas películas “Ghost in the Shell” y “Ghost in the Shell: Innocence”, dos largometrajes que tengo en alta estima. Lo que desconocía de este director es que, para muchas personas, es uno de los directores de anime surrealista más importantes, llegando a calificar la mayoría de sus películas como largometrajes de culto. Con más curiosidad que otra cosa me dispuse a ver uno de sus mediometrajes que, aunque no era el más alabado, fue el que poseía unas características que llamaron mi atención.

El mediometraje en cuestión es “Open your mind” o “Mezame no Hakobune” en su idioma original. Los escasos 40 minutos que dura son un viaje surrealista y preciosista de una belleza que supera la mayor parte de las obras niponas cercanas a este género. Básicamente consiste en una serie de imágenes sin ningún tipo de estructura o contexto, tanto digitales como reales, acompañadas de música tradicional japonesa. En resumen, es una especie de “Fantasía”, pero en clave más adulta, con imágenes y dibujos oscuros e intimistas, y con una música no tan conocida.

Todo esto no quiere decir que no tenga factores en su contra. Como todas las películas con sentido surrealista no es fácil de ver. Aunque su metraje pueda parecer corto en un principio esta observación cambia completamente durante el transcurso de éste. Es un trabajo formado con imágenes de belleza importante, pero sin ninguna interconexión o historia tras de ellas. Esto hace que ver media hora de imágenes una detrás de otra por el mero hecho de la belleza que transmiten puede llegar a cansar. Además, posee muchos parones donde el mediometraje se estanca en una imagen o en una sucesión de ellas durante demasiado tiempo, lo que hace que todavía sea menos fluido, y añade otro pequeño guión a esa lista de desventajas.

En definitiva es un mediometraje curioso, lleno de sentimientos y emociones que nacen de la propia belleza que irradian las imágenes acompañadas por una música tradicional, con cierta remezcla, que añade parsimonia y tranquilidad al metraje, incentivando esas emociones que las diferentes escenas se esfuerzan en evocar.

Resumen:

Pieza para asiduos de la animación a los que les gustó “Fantasía” o incluso echaron de menos algo más surrealista de esta última producción. Mediometraje de fondo de pantalla en el que destacar la belleza que irradian las imágenes y la música, aunque seguramente se hace pesado con el transcurrir de los minutos.

Melchian

I’m Here

Una historia de amor en un mundo absoluto.

Navegantes, quedáis avisados.

Spike Jonze sencillamente es un genio. Tanto como guionista como director nos ha dado obras que desbordan imaginación e innovación visual. Desde su opera prima “Cómo ser John Malkovich” (fascinante y divertida) hasta la reciente “Donde viven los monstruos“, Jonze ha concebido el cine más allá de un mero medio para entretener a través de historias e imágenes. El cine como vehículo de los sueños.

Jonze presentó en el pasado festival de Sundance este cortometraje para la compañía Absolut Vodka que le encargó al director trasladar a la gran pantalla su consigna publicitaria “In an absolut World”. Permitiendo a Jonze total libertad creativa, he aquí el resultado: una historia de amor entre robots. Con una campaña viral desde su propia página web, el corto ha obtenido una acogida excelente tanto de público como de crítica.

Estamos en un mundo normal, donde humanos y robots conviven en armonía… o casi. Sheldon es un gris asistente de bibliotecario que vive en L.A. Un día conoce fortuitamente a Francesca, alegre, transgresora -¡conduce su propio coche!- y creativa, que le saca de su tedio, y juntos se embarcan en un romance más humano que cualquiera de los mezquinos ciudadanos que les rodean.

La historia es casi redonda: original y tierna, humana y melancólica… porque son robots. Humanizados ellos y robotizados los humanos, unos tienen sentimientos y otros tienen conductas mecanizadas. Incluso si atisbas el desenlace, no puedes menos que emocionarte una y otra vez. ¿Hasta dónde llega el poder del amor?.

Cabe destacar la banda sonora, que incluye música original de Sam Spiegel y canciones originales del músico de L.A. Aska Matsumiya y de otros artistas indie.

Podéis ver el cortometraje completo (en inglés) en la web oficial:

www.imheremovie.com

Helen

Otra semana más de películas. Ya entrados en el verano, nada especialmente destacable: la variedad de siempre. No hay presencia española esta semana, salvo el alargado estreno de La vida empieza hoy, que comentamos la semana pasada.

La escritora Rebecca Miller se atreve de una tacada con la dirección y guión de la adaptación de su propia novela La vida privada de Pippa Lee, con tintes autobiográficos, para más inri. Un retrato femenino encabezado por Robin Wright acompañada de un plantel de actores de campanillas: Alan Arkin, Keanu Reeves, Julianne Moore, Winona Ryder, Monica Bellucci o Maria Bello, en los que se apoya toda la fuerza de la película, a ratos bastante conseguida.

Tenías que ser tú o la comedia americana prefabricada chica-conoce-chico que todos nos sabemos de memoria. La mayor novedad, los bonitos paisajes irlandeses en los que está ambientada la película. Tendrá su público.

Neil Labute, cineasta americano que tan pronto hace una genialidad ácida y polémica (léase “En compañía de hombres” o “Por amor al arte“) como un bodrio impensable (“Wicker Man“), nos sale con un remake de la divertida Un funeral de muerte, que ya dirigiera Frank Oz. Probablemente innecesaria, pero conociendo su gusto por el humor negro, nos echaremos unas risas.

El título de comedia descerebrada del verano se lo lleva En pata de guerra. Brendan Fraser encarna a un vendedor inmobiliario cuya empresa le destina a vender unas viviendas en una zona desierta y salvaje de Oregón. Allí tendrá que enfrentarse a unas extrañas criaturas que le llevarán por el camino de la amargura. Pues vale.

Nuestro Carlos Saura se pone al frente de Io, Don Giovanni, producción italiana-española-austriaca  que intenta describir los procesos de creación de la opera de Mozart, especialmente en el autor del libreto. Cabe destacar que los actores son prácticamente desconocidos. Curiosa.

Si no puedes hacerlo bien, hazlo en 3D. Scar 3D toma nota y nos ofrece el típico slasher juvenil, estrenado en 3D para que la sangre salpique a los fanáticos del gore (aunque sea ligero). Lo más destacable es que la protagonista es la fascinante Angela Bettis, que desde su pelotazo con la maravillosaMay“, ha dado tumbos por producciones de terror inferiores.

La chica del tren es otra muestra del típico cine francés sensible, de sentimientos, delicado y cuidado… con todo lo bueno y malo que conlleva. Jeanne vive en un pabellón de los alrededores con su madre Louise. Las dos mujeres se entienden bien. Louise gana su vida cuidando niños. Jeanne, sin demasiada convicción, busca un empleo. Un día, leyendo un anuncio en Internet, Louise cree que el destino llama a su puerta. Alimenta la esperanza de lograr un puesto de trabajo para su hija con Samuel Bleistein, un abogado de renombre que ha conocido en su juventud. Dirige André Techiné, otra garantía.

Entre nosotros, producción alemana, disecciona a fondo las relaciones matrimoniales, en crisis o no. Dos personas, una cámara que se mete donde no la llaman y el espectador como voyeur. A tener en cuenta.

Como de costumbre, cerramos la semana con un documental. Anvil, la banda de heavy metal más famosa de Canadá, ha sido escogida por su amigo Sacha Gervasi para realizar un documental sobre su vida y éxito. Un viaje al corazón del rock & roll, ha recibido excelentes críticas y ha sido mundialmente aclamada.

Nos vemos en el cine.

Helen

El rapto de Bunny Lake

Si nos pusiéramos a hablar del cine negro y de su vertiente más policiaca nos pondríamos rápidamente en la piel de Hitchcock, Fritz Lang y John Huston como los principales directores, o nos vendrían a la mente las serias caras de los detectives más famosos, Colombo, Sherlock Holmes, y sus actores, Peter Falk, Humphrey Bogart, Robert Redford entre otros muchos, caras en blanco y negro que nos reviven personajes y tramas oscuras por igual. Uno de los directores que me había pasado más desapercibido, no por la calidad de sus películas, sino porque no me había llamado la atención, es Otto Preminger, origen de numerosas trabajos como “Laura” de 1944, “La Zarina” de 1945 o “Al borde del peligro” en 1950, pero no fue hasta 1965 cuando rodó, a mi parecer, una de las mejores películas de su repertorio, “El rapto de Bunny Lake”, una película que se inclina hacia una vertiente más detectivesca con ciertos toques del mejor cine del maestro Hitchcock.

La historia nos presenta a una preocupada madre que entra acelerada en el colegio al que asiste su hija, ambas nuevas en Londres. Allí deja a su hijo al cargo de la cocinera, ya que faltan diez minutos para el comienzo de las clases. Cuando vuelve a buscarla, la niña ha desaparecido sin dejar ningún tipo de rastro. Aquí comienza una vorágine de sospechas, engaños y misterios que arrastran al espectador a una espiral de confusión que se alarga hasta el final de la película.

Las virtudes de este largometraje son numerosas, un fotografía buena, unos personajes sólidos y bien construidos, un guión que no deja ningún cabo suelto, las actuaciones te ayudan a introducirte en la confusa trama de una forma rápida y contundente. Pero lo mejor no son todas estas características, lo más grande de la película es que no parece que estés viendo un largometraje detectivesco, ya que la desaparición de la niña se tambalea entre dos sujetos, el policía que cree que no es más que una invención de una madre con psicosis, y la propia familia de Bunny, formada por su madre Ann y su tío Steve, que defenderán la existencia de la niña e intentarán por todos los medios demostrar un hecho cada vez más improbable, ya que todas las pruebas van desapareciendo poco a poco.

Esta genial y desenfrenada trama finaliza con un desenlace digno de una obra maestra del género. Un final que puedes intuir durante el transcurso del metraje pero que seguramente no darás validez hasta los últimos minutos de película.

En definitiva “El rapto de Bunny Lake” es un trabajo limpio, sorprendente e increíblemente bien hecho. Cumple con todas las expectativas y las supera con creces si consigues dejarte llevar por el misterioso mundo que crean las imágenes en blanco y negro.

Resumen:

Totalmente recomendada para fans de Hitchcock del que bebe mucho y bien hecho. Verla con calma, con dedicación y mente despierta, no os defraudará en absoluto.

Melchian

Jeffrey Eugenides publicó Las vírgenes suicidas en 1993. En ella relataba la historia de las cinco hermanas Lisbon, bellas adolescentes entre los trece y diecisiete años, hijas de un dócil profesor y de una ama de casa sin más preocupación que sus católicas creencias. Presas de un ambiente opresivo, las prohibiciones de relacionarse con el sexo opuesto les llevaron a un suicidio conjunto. Se trataba de su primera novela.

Años después, sus amigos, vecinos y compañeros de colegio que las conocieron, intentan desentrañar el enigma de aquellas muchachas que aún hoy las recuerdan como fascinantes, rodeadas de un hechizos reconstruido a través de testimonios, informes policiales y médicos, recortes de prensa y fragmentos de sus diarios íntimos, congelados en la memoria de ellos. Una novela fascinante, plagada de detalles sugerentes y significativos enmarcados en una atmósfera casi irreal, pero intensa.

Casi diez años después, la opera prima de Sofia Coppola fue la adaptación de esta historia. Aquellos críticos que habían crucificado a la hija de Francis Ford Coppola por su actuación en “El Padrino III”, la elevaron después a la categoría de directora de culto por éste, su debut.  “Las vírgenes suicidas” se alza como un un atípico y lúcido retrato de la adolescencia americana de los 70 basado en un hecho real de Michigan: la menor de cinco hermanas de una oscura y conservadora familia acaba con su vida y las demás  se ven sometidas a un estricto régimen de vigilancia, por lo que pretenden imitarla, con consecuencias trágicas. Coppola, autora también del guión, nos presenta una narración de estructura fragmentada, relatado en off por uno de los chicos del barrio, que pretende hallar explicación a lo aparentemente inexplicable.

El drama deja paso al cuento de hadas gracias a una climática reconstrucción de la época apoyada por una evocadora fotografía de Edward Lachman.  Kristen Dunst destaca de forma innecesaria entre las cinco hermanas, apoyadas por un sólido reparto secundario: James Woods, Kathleen Turner o Danny de Vito.

Mención aparte merece la BSO: Air, 10cc, Gilbert O’Sullivan, Heart, Styx, The Hollies, Sloan, Al Green,Todd Rundgren… El amor de patio de colegio arropado por sonidos envolventes.

Resumen:

Cinco enigmáticas chicas, algunos jóvenes revoloteando a su alrededor, una madre neurótica que quiere encerrarlas y la música de la época que lo envuelve todo. Una airosa adaptación de una novela con aura propia.

Helen

Manhattan  baby

Si hablamos del cine de terror de los setenta y ochenta nos vienen a la cabeza grandes nombres del género como Jonh Carpenter, Wes Craven, George A. Romero, Clive Barker o Joe Dante entre muchos otros. La cosa cambia de términos en cuanto añadimos la coletilla Italia, ya que fue en este país donde se forjó un subgénero del thriller y el terror conocido como giallo. Concebido en primera instancia como un género que abarcaba películas surrealistas, sangrientas y con una estética muy marcada que con el paso del tiempo fue abarcando cualquier producción de la época que provenía de la bota romana. Importantes directores que engrosaron las estanterías del cine giallo son, Dario Argento, Mario Bava, Ruggero Deodato por ejemplo, cuyas obras son denominadas de culto. Con la degradación del género saltaron a la palestra otros directores mucho menos inspirados. Lamberto Bava y Lucio Fulci son los hombres más importantes que protagonizan este último episodio.

De Lucio Fulci es la película de la que hablamos, “Manhattan Baby”, un largometraje que representa la peor faceta del cine italiano congregando en sus fotogramas un error tras otro hasta que termina de forma resabida y tópica. Atrás quedan los trabajos de Dario Argento como “Suspiria”, “Tenebre”, “Cuatro moscas sobre terciopelo gris” que dan paso a un cine sin pretensiones, desgarbado, desagradable, inconcluso e incoherente.

La película en si hace un popurrí de los diversos clichés del cine de terror, posesiones, maldiciones egipcias, médiums incluso animales revividos. El largometraje nos sitúa en Egipto, donde un arqueólogo acaba de descubrir la tumba de un innombrable culto al mal, por supuesto, todo muy tenebroso. Al mismo tiempo una mujer ciega le entrega a su hija un amuleto que le conferirá a ésta todos los poderes que había amasado en los más de cinco mil años de vida. Aunque parezca mentira ahí se acaba la cosa, en el resto de la película no te cuentan nada más, ni de donde sale el medallón, ni quien es el malo, ni qué esta pasando realmente. Las personas que se relacionan con su hija empezaran a desaparecer, todo muy cutre realmente.

Lo peor de la película es que no se queda contenta con su insulsa e incoherente trama, sino que la acompaña una banda sonora completamente inapropiada, con muertes, desapariciones y momentos de tensión aderezados con un organillo electrónico y unos cuantos saxos. Nunca he visto una banda sonora que desencajase más en una película.

Los actores siguiendo el molde general del largometraje son malos a rabiar, debían de obtener primas extra por cada mirada a cámara o gesto inapropiado. Los planos dejan mucho que desear, haciendo más insufrible todavía una historia tan incomprensible sumándole escenas incongruentes. Los efectos especiales son lo único que se acerca al aprobado, muy limitados en cuanto a la cuantía, pero muy correctos en su exposición.

En definitiva, que no te atraiga su interesante cartel, ni su trama llena de misterios egipcios, es una película digna del olvido más riguroso. Una cosa mas, si la veis para comprobarlo, por favor, hacerlo en versión original, el doblaje y los efectos de sonido de la versión doblada son peor que el conjunto cinematográfico.

Resumen:

El fondo de la oscura botella en la que se ha ido introduciendo el cine de terror italiano. Recemos para su completa eliminación del panorama fílmico.

Melchian

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