En 1934 James M. Cain publicaba “The Postman Always Rings Twice“, novela negra que se convertiría en un referente del género.  Una crónica pasional de motel con argumento muy sencillo: un bala perdida que se enamora de una mujer enigmática, atrapada en un destino gris, que le empuja a cometer un crimen por amor. James M. Cain nos regala una obra repleta de fatalidad, con unos personajes trazados a partir de una paleta psicológica llena de matices. Breve, apasionada, amarga y dura, esta novela ha tenido tres adaptaciones conocidas en el cine.

Quizá “Obsesión” sea la adaptación menos conocida, a pesar de estar dirigida por Luchino Visconti. En 1943, el director firmaba esta versión -por la cual no pagó derechos-, de temática escandalosa en mitad de una Italia fascista. Ha pasado a la historia por ser el primer exponente directo del neorrealismo italiano, tanto por la utilización primeriza de escenarios naturales en el rodaje como por tocar el tema prohibido del adulterio, más que por la adaptación directa de la novela de James M. Cain.

La adaptación,  a pesar de cambiar la ambientación americana para trasladarla a la Italia fascista, mantiene todos los elementos de la novela original: su pesimismo, negatividad y pasión. Como dato curioso, es la única que respeta la original cabellera morena de Cora.

Tan famosa novela negra no podía dejar de tener adaptación en los años 40 hollywoodienses, etapa de oro del cine negro. Semejante novela noir no podía tener otra adaptación que en blanco y negro. Tay Garnett, solvente artesano del cine americano, firmó una excelente adaptación, que se centra en cuidar cada aspecto formal propio del cine negro.

Narrativamente seco y canónico, Tay Garnett nos presentaba a un John Garfield apuesto, listo y atractivo, dispuesto a caer en las garras de una rubia Lana Turner, femme fatale por antonomasia, felina y matadora. A pesar de estar sujeta a la censura y al código Hays, esta versión no se deja nada en el tintero.

La versión de Bob Rafelson probablemente sea la más conocida. Con un modélico guión de David Mamet, esta adaptación, dentro de un nuevo cine negro posmoderno (a la misma época pertenece, por ejemplo, “Fuego en el cuerpo“), se centra en transmitir toda la pasión de la novela original.

Jack Nicholson compone un Frank Chambers mucho más caricaturesco que sus predecesores: un perdedor, con un atractivo más animal, que se deja llevar locamente por Cora, también rubia, esta vez interpretada por Jessica Lange. En todo su esplendor de belleza, la actriz transmite más que una cara bonita; un despliegue de atractivo sexual.

Helen

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