Open your mind

Hasta el día de ayer veía el mundo del anime demasiado plano, todo era igual, las mismas historias, las mismas expresiones, la misma entonación, la misma velocidad lentísima de trama… Éstas, creo,  son algunas características universales de la mayoría de las series  y películas del género. Con esto no quiero decir que no tengan casos buenos, como en todo, hay ejemplos malos y otros buenos, éstos últimos son los que hacen destacar algo y elevarlo a ese habitáculo cultural que tenemos cada uno.

Como iba diciendo, el otro día llegó a mis manos un mediometraje calificado como anime, ya que tanto su director como su productora eran del país nipón. El nombre del artífice es Mamuro Oshii, un personaje bastante conocido por sus diferentes obras, como las renombradas películas “Ghost in the Shell” y “Ghost in the Shell: Innocence”, dos largometrajes que tengo en alta estima. Lo que desconocía de este director es que, para muchas personas, es uno de los directores de anime surrealista más importantes, llegando a calificar la mayoría de sus películas como largometrajes de culto. Con más curiosidad que otra cosa me dispuse a ver uno de sus mediometrajes que, aunque no era el más alabado, fue el que poseía unas características que llamaron mi atención.

El mediometraje en cuestión es “Open your mind” o “Mezame no Hakobune” en su idioma original. Los escasos 40 minutos que dura son un viaje surrealista y preciosista de una belleza que supera la mayor parte de las obras niponas cercanas a este género. Básicamente consiste en una serie de imágenes sin ningún tipo de estructura o contexto, tanto digitales como reales, acompañadas de música tradicional japonesa. En resumen, es una especie de “Fantasía”, pero en clave más adulta, con imágenes y dibujos oscuros e intimistas, y con una música no tan conocida.

Todo esto no quiere decir que no tenga factores en su contra. Como todas las películas con sentido surrealista no es fácil de ver. Aunque su metraje pueda parecer corto en un principio esta observación cambia completamente durante el transcurso de éste. Es un trabajo formado con imágenes de belleza importante, pero sin ninguna interconexión o historia tras de ellas. Esto hace que ver media hora de imágenes una detrás de otra por el mero hecho de la belleza que transmiten puede llegar a cansar. Además, posee muchos parones donde el mediometraje se estanca en una imagen o en una sucesión de ellas durante demasiado tiempo, lo que hace que todavía sea menos fluido, y añade otro pequeño guión a esa lista de desventajas.

En definitiva es un mediometraje curioso, lleno de sentimientos y emociones que nacen de la propia belleza que irradian las imágenes acompañadas por una música tradicional, con cierta remezcla, que añade parsimonia y tranquilidad al metraje, incentivando esas emociones que las diferentes escenas se esfuerzan en evocar.

Resumen:

Pieza para asiduos de la animación a los que les gustó “Fantasía” o incluso echaron de menos algo más surrealista de esta última producción. Mediometraje de fondo de pantalla en el que destacar la belleza que irradian las imágenes y la música, aunque seguramente se hace pesado con el transcurrir de los minutos.

Melchian

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