Shutter Island

Protagonizamos una época en la que el cine de misterio está de capa caída. Los trabajos que enriquecen este género son ínfimos, casi olvidados y pasan sin más pena que gloria. Aun a pesar de todo esto, existen directores que son capaces de aportar un rayo de esperanza, un fino rayo, pero esperanza al fin y al cabo. Uno de estos personajes es Martin Scorsese, director de culto para muchos, pretencioso para otros. Casi todos sus trabajos han disfrutado de unas críticas muy buenas, salvo algunas excepciones, pero en su gran mayoría no han llegado al público, no han conseguido influenciar el estado de ánimo de los espectadores. Es un buen ejemplo de que la buena técnica no es suficiente para hacer una película completa.

El caso concreto que nos atañe es “Shutter Island”, la última película de este director que se toma una historia misteriosa, aderezada con una ambientación de lujo y caras conocidas. Un trabajo que busca la maestría pecando de las características propias de la perfección. Y es que, lo peor de la película es eso mismo, quiere ser tan perfecta, tener todo tan hilvanado, controlar todos los cabos sueltos que hace que el largometraje sea lento, tedioso e incluso predecible, para las mentes más curtidas en este tipo de películas.

La acción nos sitúa en la piel de un detective del FBI que se traslada al manicomio de Shutter Island para investigar la desaparición de un paciente. La trama, desde un principio, está llena de agujeros que se irán aclarando con el avance del metraje. Pero estos agujeros están tan bien camuflados que se ha intentado de una forma exagerada su no clarividencia y por eso pasan, en su mayor parte, desapercibidos para el espectador.

Como hemos dicho la trama es lenta, tediosa, casi desesperante, si no fuera por los momentos y escenas inquietantes que te obligan a introducirte en la historia a base de sustos con subida de sonido, huracanes ensordecedores y una ambientación de órdago. Esto último es lo mejor de la película: los paisajes están cubiertos por un aura sucia y limpia a la vez, ordenada y desordenada, de terror e intriga. La fotografía es una de sus grandes apuestas, mostrándose en su mayor esplendor en los exteriores, sobre todo en los cortantes acantilados.

Los personajes son típicos, al igual que la historia, y sus actuaciones rozan la normalidad, destacando a un DiCaprio que se sale de su enfoque acostumbrado para enfrentarse a un papel de tipo duro, pero de interior endeble. Mark Ruffalo (“Olvídate de mí”) encarna a su compañero, que se deja llevar por la trama, sin destacar ni desmerecer el aporte artístico. Destacar también la actuación de Ben Kingsley, veterano que pudimos valorar en “Prince of Persia”, “El sonido del trueno”, “Species” o “La lista de Schindler”, que encarna al psicólogo que lleva el centro, una de las mejores actuaciones del film, junto a DiCaprio.

Resumen:

En definitiva, una película para ver un sábado noche bien acompañado, no te quitara el sueño ni te lo dará, pero te mantendrá entretenido de forma intermitente en la mayoría de su metraje.

Melchian

Anuncios