El salario del miedo

Una compañía estadounidense propietaria de instalaciones de extracción de petróleo en Sudamérica contrata a cuatro europeos para trasladar nitroglicerina que se necesita para apagar un pozo que se ha incendiado. Deberán de hacerlo a través de difíciles caminos en las montañas.

Henri-Georges Clouzot, más conocido por “Las diabólicas“, adaptó  la novela del mismo nombre de Georges Arnaud, de 1950, y ganó la Palma de Oro con este soberbio drama en el que cuatro desgraciados disfrazados de aventureros aceptan transportar por carreteras en mal estado un cargamento de nitroglicerina a cambio de dinero. A Hitchcock no se le ocurrió.

La acción comienza en un pueblucho de mala muerte en la América central. Allí nos encontramos a balas perdidas de todas las nacionalidades posibles, envueltos en una miseria y pobreza que les ahoga. La presentación de los personajes es larga y algo tediosa, aunque ese enquilosamiento hará que la tensión posterior nos mantenga pegados a la silla.

Comienza el periplo de nuestros antihéroes. Cada bache, cada tumbo, cada obstáculo en el camino amenaza con estallar el megaflamable líquido, mientras el espectador se queda sin respiración a cada momento. Entre tanta tensión, angustia y desesperación, poco a poco vamos conociendo a los protagonistas, que hablan poco, pero dicen mucho en las miradas, los gestos… es imposible mentir en estas situaciones, por lo que la película desprende honestidad desnuda y sinceridad desgarrada.

El salario del miedo” brilla en la construcción del guión, en lo que nada sobra -quizá todo el personaje de Vera Clouzot, insustancial y terriblemente sobreactuado-, y el ritmo narrativo es perfecto. Una puesta en escena sobria y densa a la vez, que sumerge en el barro a los protagonistas y los hace parecer más miserables de lo que son. Destaca también la música de Georges Auric, que no hace más que recalcar el horror que estamos viviendo en cada escena. Y los actores, especialmente Yves Montand, increíbles.

Y es que nunca, nunca el cine ha tasado con tan cruel precisión el precio de la vida humana.

Resumen:

Una de las películas más pesimistas de todos los tiempos. Asfixiante y desgraciada. Una obra maestra.

Helen

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