Pesadilla en Elm Street

La fiebre de los remakes afecta a todos los grandes clásicos del género del terror. Hace nada se ha estrenado el correspondiente al éxito de los ochenta “Pesadilla en Elm Street”. Para comenzar partimos de la premisa de que hacer un remake de una película de culto es complicado. Además, si esa película es un clásico que revolucionó un subgénero, un soplo de aire fresco en el trillado mundo de los slashers, es aún más difícil.

En este caso se ha conservado la historia de la primera película, no como en el remake de “Viernes 13”, que más que un remake es una nueva entrega. La trama parte de Springwood, una tranquila ciudad donde sus adolescentes sufren de pesadillas recurrentes, todas ellas tienen en común a un tipo chamuscado con garras metálicas en la mano derecha. Con el transcurso del metraje cada uno de los adolescentes de turno ira sucumbiendo en sueños.

Partiendo de aquí nos encontramos con una nueva versión del clásico adaptando ciertos aspectos al cine de terror actual, lo cual, es en perjuicio de la película. Y es que, lo hace que el original perdure hasta nuestros días casi sin desmejorarse es esa estética tan propia,  ese aura que envuelve cada minuto de la cinta y que en esta película desaparece casi por completo, dejándonos con un largometraje que bien se podría llamar de cualquier otra manera.

Una de las grandes polémicas era la sustitución de Robert Englund por Jackie Earle Haley en el papel protagonista, si, en esta película tiene más protagonismo Freddy que Nancy, la chica que hace frente a Krueger y de la que tanto conocíamos en la entrega original. El cambio es subjetivo, habrá a personas que les guste más Englund y a otras Haley, ya que orientan el personaje hacia diferentes mundos. El primero se basaba más en un sentido cómico sarcástico, en la fantasía, en reírse de sus víctimas, en desesperarlas. Haley, en cambio, hace de Krueger un asesino más, un ser despiadado, vengativo y con muy malas pulgas, destruye casi por completo esa cara socarrona de Freddy reduciéndola a dos comentarios sarcásticos fuera de tono. Otro punto negativo de este Freddy es la cara que luce, puede ser más realista, pero en mi opinión parece un mono desfigurado y, la voz del doblaje, parece que se haya bebido cinco litros de aguardiente sin respirar.

De los adolescentes de turno no hay mucho que decir, uno no sabe si son los mismos que aparecían en “San Valentín sangriento”, en “Viernes 13”o en cualquier otro slasher moderno, ya que son todos iguales y actúan todos igual de mal. Hay que alabar especialmente el desastroso trabajo de Katie Cassidy, interpretando a  Kris Fowles, la primera adolescente en sucumbir. Su actuación es de risa. Además, Kyle Gallner, el sustituto de Johnny Depp, parece que lleva sin dormir tres días desde el principio de la película, desesperante.

Echando un vistazo general, quitando los adolescentes (no tan adolescentes), el nuevo Freddy y puntos concretos de la historia, no podemos destacar gran cosa. Lo único, ese toque más real que se consigue con la tecnología de grabación actual, que da una sensación de miedo más realista, que no pasa de resumirse en diez subidas de sonido que son los únicos sobresaltos que te llevas en la hora y media de metraje.

Resumen:

Tenemos una película que ha tirado a la basura la esencia de su predecesora, convirtiéndose en un largometraje más de terror actual que podía prescindir del nombre que lleva, al cual, ha deshonrado profundamente. Sólo para amantes del terror de estos últimos años.

Melchian

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