4 meses, 3 semanas y 2 días

Otilia y Gabita comparten habitación en una residencia de estudiantes. Ambas van a la universidad en una pequeña ciudad de Rumanía durante los últimos días del comunismo. Otilia alquila una habitación en un hotel barato. Han quedado con un tal Sr. Bebe por la tarde. Gabita está embarazada, el aborto es ilegal y ninguna ha tenido que enfrentarse a algo así antes.

Hace unos años, esta producción rumana dirigida por un tal Cristian Mungiu, se llevó la Palma de Oro en Cannes y muchos otros premios con este retrato de la miseria social de 1987 en Rumania, utilizando el drama desgarrador del aborto como acción central. Estamos ante una película que apenas tiene unos toques de alegato contra el aborto clandestino; se limita a exponer los hechos con una sencillez que resulta brutal. Porque los cuatro meses, 3 semanas y dos días se refieren claramente al feto.

Comenzamos con una vida vacía y rutinaria: Otilia es una mujer activa, inteligente, aunque atrapada en un mundo aparte; Gabita es apocada, triste, asustada. Ante ese embarazo no deseado, no da tiempo a reflexionar sobre cómo se ha producido ni quién tiene la culpa. La cuestión es que hay que deshacerse de él… aunque sea arriesgando ya no la integridad de ambas mujeres, sino de la vida propia.

Son muchos los sentimientos que refleja la película, pero el principal es el miedo. A veces irracional, a veces justificado, pero se palpa en el ambiente. Gabita está muerta de miedo, y por eso miente. Con sus mentiras arrastra a su amiga a una espiral de decisiones desesperadas… porque Otilia tendrá que actuar como si de su madre se tratara con tal de conseguir su objetivo.

No estamos ante un alegato (anti)abortista, pues el propio director explicó con se trataba de “un acto de rebelión y resistencia contra el régimen”. Un retrato en una época de infortunio, donde para sobrevivir los ciudadanos no tenían otra opción que sobrevivir a cualquier precio.

Lo más acertado de la película, además de las excelentes interpretaciones (los últimos fotogramas son el retrato más vivo de la desolación), es su narrativa y puesta en escena, seca como un mendrugo de pan atragantado. Una bofetada en plena cara que te obliga a contemplar cual voyeur involuntario, la carra del horror.

Resumen:

Terrible película. Larga, difícil y repleta de tensión, que el espectador contempla mudo, sin poder juzgar, sin poder entender. Pero nunca la recomendaría.

Helen

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