Las dos vidas de Audrey Rose

Robert Wise en 1977 dirigió un curioso largometraje basado en una novela de Frank DeFelitta, “Audrey Rose”. El resultado fue una fantástica y particular incursión en la temática de la posesión, con tintes de reencarnación que se salía del estilo que seguían estas películas en la época. Y es que, a pesar de ser un trabajo que se encuadra en el género del terror, “Las dos vidas de Audrey Rose” se desmarca de sus congéneres ofreciendo un miedo no basado en los fantasmas, apariciones o efectos especiales, sino recreándose en la angustia humana, en el terror de unos padres que ven como su hija es arrebatada por un completo desconocido que alega que la pequeña es su propia hija, muerta once años atrás.

La historia es un gran punto a favor de la película, ya que pocas veces se ha tratado la temática de la reencarnación de una forma tan bien llevada. El guión está escrito por el autor de la novela, lo que normalmente garantiza cierta sentimiento fiel a la obra original. Los actores pecan en ciertos momentos de sobreactuación, sobre todo la madre de la niña, encarnada por Marsha Mason. El papel interpretado por Anthony Hopkins es por propia naturaleza extraño. Encarna a un hombre en paz consigo mismo que no teme a la muerte, su único objetivo es liberar el alma de su atormentada hija. Estas características hacen de él un papel extraño y difícil de llevar. Aun así Hopkins consigue darle un toque especial que no hace que borde la actuación pero sí que la ensalce lo justo para no resultar chocante.

Como ya hemos dicho lo más importante de este trabajo es la forma en la que intenta contagiar ese terror. Desde el primer fotograma nos muestra el carácter impactante de la película, viendo como un coche sufre un accidente que acabara con la vida de una niña de cinco años, para dejar paso a la angustia de la chiquilla mientras intenta romper los cristales del automóvil mientras lo devoran las llamas. Lo increíble es que prescinde de todo detalle morboso, todo se hace de forma sibilina, muy cuidada, evitando las escenas grotescas que tanto caracterizan al terror de los setenta y ochenta. La angustia se mantiene a lo largo de la película, ya que la trama te logra mantener con los ojos bien abiertos, concediéndote pequeñas dosis de desesperación y angustia reflejados en los ataques de la niña, el espionaje y acoso de Hopkins, para acabar con un final increíble, lo mejor de la película.

En definitiva nos encontramos ante un trabajo que aprovecha las mejores características del terror subjetivo de los setenta, consigue captar la angustia humana de una forma sobresaliente haciéndote sentir impotente frente a los hechos que ante ti se desarrollan.

Resumen:

Una película interesante, bien llevada y consumada. Para fans del terror subjetivo de los setenta y para aquellos que tengan ganas de probar algo diferente, pero sin salirse demasiado del camino marcado.

Melchian

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