He aquí un ejemplo perfecto de como una “mala” adaptación cinematográfica de una novela puede dar lugar a una película estupenda. Fannie Flagg, pseudónimo de Patricia Neal y candidata al Pulitzer, escribió en 1987 este best-seller que dignificó el concepto del mismo.

La autora nos muestra un sinfín de historias entrelazadas en plena Depresión Americana. A través de flashbacks y noticiarios, la anciana Ninny Threadgoode rememora su pasado en compañía de una gordita cuarentona, Evelyn Couch, en plena crisis matrimonial y depresión. Poco a poco, entre anécdotas, alegrías, dramas, acontecimientos familiares y otras historias conoceremos la relación entre dos mujeres: Idgie y Ruth. Miembro de los Threadgoode la primera y residente  del pueblo la segunda, ambas mujeres, propietarias del café de Whistle Stop donde tendrá lugar la vida social del mismo, conocerán la amistad, el compañerismo y el amor, junto con el odio, la intolerancia o la desgracia.

No en vano la novela está ambientada en Alabama, uno de los estados estadounidenses más racistas allá por los años 30. Un inteligente entramado de historias que nos va descubriendo una relación muy peculiar, entre la amistad más profunda y el amor de pareja que no se hace patente. Unos personajes muy bien construidos, desde la entrañable anciana Ninny hasta la determinada gorda Evelyn, la novela posee ese aura inconfundible de los ambientes sureños, misterioso, humorísticamente negro, y con sus propias normas.

En 1991, el debutante John Avnet llevó a la gran pantalla esta novela con diferencias importantes en la trama, especialmente cambios estructurales en los personajes, en aras de conseguir una producción mucho más efectista y comercial. Efectivamente, así fue: la identidad de Ninny Threagoode está camuflada, para que fantaseemos con quién es realmente; la introducción de Ruth en la familia es mucho más morbosa, y los lazos lésbicos entre las dos mujeres fueron convenientemente suprimidos. En parte por la dificultad intrínseca de adaptar la trama, y por otra parte, por la cobardía de mostrar abiertamente una relación amorosa entre mujeres, que ni siquiera era sexual. Una curiosa cobardía, teniendo en cuenta que estábamos en los noventa.

Y sin embargo, tenemos delante una deliciosa y sólida película sobre la amistad, una historia dentro de una historia, en la que una esposa reprimida escucha fascinada a una viejita que relata las aventuras protagonizadas por mujeres en los locos años veinte.

Dos puntos clave en la composición de la película: cuatro actrices geniales para cuatro papeles de altura. Kathy Bates es, inevitablemente, Evelyn Couch. Es imposible imaginarse otra actriz sacándole tanto jugo a una mujer desilusionada por la vida y por su peso. Jessica Tandy aporta veteranía y entrañabilidad al personaje de Ninny, travieso y lúcido. Mary Stuart Masterson es Idgie, mujer de armas tomar, que viste pantalones, lleva el pelo corto y insulta a los pazguatos racistas sin cortarse un pelo, en contraste con la dulce y tímida Mary Louise Parker, la dulce y tierna Ruth. El otro gran acierto de la película, la sabia mezcla de historias pasadas y presentes, de drama y comedia.

Para quien guste de las historias sabrosas y delicadas, aquí tenemos dos buenos platos… aunque mejor por separado.

Helen

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