Masacre: ven y mira

Segunda Guerra Mundial. Bielorrusia está ocupada por las tropas alemanas, un joven aldeano, Florya , busca desesperadamente un fusil en los campos de batalla, debe conseguirlo para aportarlo como trofeo a la guerrilla de la resistencia, y que ésta le acepte entre sus filas. Cuando lo logra debe pasar un terrible calvario: la pérdida de sus familiares y la de sus compañeros, conocer lo más terrible que puede traer una guerra: las represalias.

Los rusos tenían un ojo especial para captar lo más bello del hombre, pero también el horror más absoluto. Cuesta creer que esta obra de encargo, para celebrar el cuarenta aniversario de la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial, tenga tanto corazón puesto en el proyecto.

Está claro también que los rusos eran maestros de la propaganda. Pero los hechos están ahí, y en 1985, ya no hay lugar para hacer campaña publicitaria de guerra. El director Elem Klimov muestra la historia crudamente, apegada a la realidad. El horror en primer plano, la peor barbarie posible, la crueldad, el sufrimiento, la locura de la guerra, de la mano del hombre.

Un dato: la invasión nazi fue especialmente brutal en Bielorrusia, los hechos históricos elegidos para “Masacre: ven y mira“.  Se destruyeron 900 pueblos y ciudades pequeñas por completo, con la masacre de Minsk como ejemplo representativo del salvajismo más absoluto.

A destacar cómo Kilmov puede transmitir tanta barbarie sin abusar en ningún momento del morbo y la carnaza. “Masacre: ven y mira“, utiliza otro tipo de planteamiento formal para mostrarnos la guerra: primeros planos de los personajes; cámara al hombro, secuencias que rayan la paranoia -la magnífica metáfora del protagonista y una joven, atrapados en el barro- y un uso del sonido difuso, que acentúa el proceso de locura en el que estamos inmersos. Por tanto, es la atmósfera la que crea esa asfixiante, terrorífica y ciega sensación de horror.

Florya es un adolescente, que apenas ha tenido tiempo de vivir, y sin avisar, será testigo y partícipe del aniquilamiento de toda una aldea, de la masacre de todos sus habitantes, hombres, ancianos, mujeres y niños, sin distinción. Aun sobreviviendo, al borde de la inconsciencia vital, Florya logra continuar siendo un hombre. Mejor dicho,  una vez arrebatado todo atisbo de inocencia y felicidad, se convertirá en un hombre. Un hombre lleno de odio. Con cicatrices en la cara, que no son nada comparadas con las del alma.

Resumen:

La guerra no es más que un conjunto de desperdicios. Una vorágine de odio, destrucción, caos y muerte. Eso es “Masacre: ven y mira“. El infierno en tierra.

Helen

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