septiembre 2010


Bright Star

Drama que narra el romance que, en el siglo XIX, y durante tres años, mantuvieron el poeta inglés John Keats y Fanny Bawne, una intensa historia de amor trágicamente interrumpida por la repentina muerte de Keats a los 25 años.

La directora neozelandesa Jane Campion vuelve al panorama cinematográfico con una película que lleva su sello personal: la sensibilidad. “Bright Star” nos cuenta los últimos años del poeta romántico John Keats y su primer y último amor, antes de su prematura muerte. Sin la pasión desbordada de “El piano” pero con la emotividad contenida que la caracteriza, la directora se centra más en transmitir los sentimientos amorosos de la pareja que en hacer un retrato del creador torturado, el espíritu romántico y la existencia de la musa, y le sale una película delicada y deliciosa, aunque no tenga mucha trascendencia.

La historia, algo tópica en cuanto a la temática de romances victorianos, empieza con un John Keats irónico que ve en Fanny a una relamida joven, que a su vez no le impresiona en lo más mínimo los versos del poeta. A partir de ahí se van desarrollando los acercamientos, hasta que el amor se desencadena. Y él escribe para ella, la estrella brillante.

Estamos pues, ante una película que muestra contrastes con una uniformidad visual palpable. El amor entre los jóvenes es, como mandan las convenciones, tímido y contenido, pero que desborda euforia amorosa en cada gesto. Aunque unos besos en el bosque sean el culmen de la pasión. El amor es intrascendente, pero a la vez eterno e inmutable, en el que una desgracia parece ahogar a los protagonistas, que como buenos amantes, sienten hasta en la punta de los dedos. Entre la generosidad y el egoísmo del primer amor. De la alegría más intensa al dolor más desgarrador.

Dos horas de ritmo pausado pero sin que nunca decaiga. Una ambientación visual preciosista, puntada a puntada, palabra por palabra. Las mariposas, las cartas, los juegos… cada detalle es fundamental para transmitirnos la delicadeza y sutileza de este amor, espiritual, tierno y verdadero.

Estrella brillante, si fuera constante como tú,
no en solitario esplendor colgada de lo alto de la noche
y mirando, con eternos párpados abiertos,
como de naturaleza paciente, un insomne Eremita,
las móviles aguas en su religiosa tarea
de pura ablución alrededor de tierra de humanas riberas,
o de contemplación de la recién suavemente caída máscara
de nieve de las montañas y páramos.
No, aún todavía constante, todavía inamovible,
recostada sobre el maduro corazón de mi bello amor,
para sentir para siempre su suave henchirse y caer,
despierto por siempre en una dulce inquietud,
silencioso, silencioso para escuchar su tierno respirar,
y así vivir por siempre o si no, desvanecerme en la muerte.

Resumen:

Harta difícil tarea la de adaptar a imágenes la poesía de John Kets, pero dejándonos llevar por el tono nostálgico, conseguiremos añorar el primer e inocente amor. Ideal para almas perdidamente románticas, como yo.

Helen

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Otra semana de corta cartelera, esta vez dominada por las producciones hispanas. Sin embargo, domina el panorama la americana Come reza ama, basado en el best-seller autobiográfico de Elizabeth Gilbert, sobre el viaje iniciático de una mujer para encontrarse a sí misma, harta de una vida en apariencia completa. De fácil digestión, el cineasta Ryan Murphy hace un retrato con tintes profundos para que Julia Robert se luzca en un papel “serio”, acompañada de Javier Bardem y secundarios conocidos.

La nueva película de Ricardo Darín es un thriller policiaco, Carancho, sobre un abogado corrupto, que, al perder su licencia, se dedica a trabajar en una organización especialista en estafar a compañías de seguros… hasta que se encuentra con una doctora que sospechará que  ahí hay algo raro. Potente, hiperrealista y muy entretenida. Un buen acierto del cine argentino.

Otro biopic, el del historietista Manuel Vázquez, encarnado nada más y nada menos que por Santiago Segura. En los años sesenta, Vázquez es mujeriego, despilfarrador y le gusta vivir la vida a cada instante, mientras esquiva como puede a sus acreedores. Una vida de tebeo que combina desigualmente humor disparatado y cínica melancolía de aquellos años. El gran Vázquez, que no es José Luis López.

Para los más pequeños tenemos la película alargada del cómic japonés Astro Boy, pequeño superhéroe robótico que no tiene ni las ínfulas de “·Wall E” ni la sabiduría de Miyazaki y compañía, pues aunque en coproducción con Japón, la producción es básicamente americana. En 3D, por supuesto.

Concluimos con una película de tema difícil: Elisa K es una niña de 11 años víctima de una violación de la que nadie se da cuenta hasta tiempo después. De adulta, se enfrenta a su pasado con las implicaciones que conlleva. De matiz netamente literario y autoral, resulta una propuesta a tener en cuenta.

Nos vemos en el cine.

Helen

En 1961, la novelista Harper Lee ganó el premio Pulitzer por su novela “Matar un ruiseñor”, en la que hacía un vívido retrato de la América profunda, de la Alabama sumida en la pobreza y en el racismo. A través de los ojos de una niña, la autora recrea un caso judicial ocurrido en los años treinta, en el que un abogado blanco, honrado e idealista, defiende a un hombre negro de haber violado a una muchacha blanca, en contra de la opinión pública.

Curioso caso el de Harper Lee, que obtuvo un merecido éxito por su primera y última novela. Una novela narrada desde el punto de vista infantil, a través de un flashback en que la hija, ya adulta, recuerda su niñez. Ese sincero y directo punto de vista envuelve toda la novela de honestidad, inocencia, ternura y sentimiento. Para que no se pierda conforme vamos envejeciendo.

La mezcla de tragedia y humor y unos personajes verdaderamente entrañables -Atticus Finch ha pasado a la historia como prototipo de humanidad, justicia y coherencia, padre cariñoso y hombre honesto que sigue sus principios a pesar de las dificultades- hacen de este libro una obra maestra del siglo XX.

Un año después, el artesano Robert Mulligan llevó la novela al cine, que se convirtió rápidamente en un clásico aclamado por la crítica y el público. El sabor de una buena historia, el ritmo de los acontecimientos, la narración desde el punto de vista de Scout y por supuesto, un inolvidable Gregory Peck en el papel de Atticus Finch -por la que ganó un Oscar-, formaron esta sensible adaptación cinéfila.

Atticus, hombre viudo -a destacar la escena en que habla a sus hijos de su madre-, intenta educar a sus hijos transmitiéndoles la perspectiva razonable de las cosas. Lecciones de humanidad, de justicia social y de amor a la verdad.

“Matar un ruiseñor” es una película que nunca envejece. Más allá de su estética típica de los años 50 -sobria fotografía en blanco y negro Russell Harlan y emotiva música de Elmer Bernstein- y su narración  puramente clásica, la película sigue fascinando como el primer día. Tanto como si el espectador es un idealista adolescente como un anciano defraudado por la vida. Para creer en la verdadera -e ingenua- justicia.

Y por siempre Atticus Finch y sus grandes gafas sabias. Padre no hay más que Atticus (Victor Lazslo).

Para concluir, un diálogo inolvidable:

“Átticus suspiró.

– Simplemente, estoy defendiendo a un negro: se llama Tom Robinson. Vive en el pequeño campamento que hay más allá del basurero. Es miembro de la iglesia de nuestra criada y ella conoce bien a su familia. Dice que son personas de conducta intachable. Tú, Scout, no tienes edad para entender ciertas cosas, pero por la ciudad se ha hablado mucho y en tono airado de que yo no debería poner mucho interés en defender a ese hombre.

– Si no debes defenderle, ¿por qué le defiendes?

– Por varios motivos. Y el principal es que si no le defiendo, no podré caminar por la ciudad con la cabeza alta, no podré representar al condado en la legislatura y ni siquiera podría ordenaros a Jem y a ti que hicieseis esto o aquello.

– ¿Quieres decir que, si no defiendes a ese hombre, Jem y yo ya no deberíamos obedecerte?

– Más o menos.

– ¿Por qué?

– Porque ya no podría pediros nada. Mira, Scout, por la misma índole de su trabajo, cada abogado topa durante su vida con un caso que le afecta personalmente. Éste es el mío, me figuro. Es posible que oigas cosas feas en la escuela, pero haz una cosa por mí: levanta la cabeza y no levantes los puños. Digan lo que digan, no pierdas los nervios y procura luchar con el cerebro, para variar…

– ¿Ganaremos el juicio, Átticus?

– No, cariño.

– ¿Entonces…?

– No importa. El hecho de que hayamos perdido cien años antes de empezar, no es motivo para que no intentemos vencer.”

Helen

Volvemos otra semana con una cartelera corta y poco llamativa, pero que esconde un par de propuestas interesantes. La primera, Contracorriente, un sólido drama peruano sobre la homosexualidad. Un hombre casado se enfrenta a un dilema moral cuando su amante muere accidentalmente. El director Javier Fuentes-León dirige con pulso firme una película llena de sentimientos.

Contrarresta el estreno en 3D de la continuación de Step Up, tópico musical sobre bailes, romances y campeonatos de breakdance, con espectaculares escenas de baile, lo único destacable de una producción que va a lo que va.

Ramona y su hermana es una típica y amable comedia familiar sobre una joven, Beezus, que tiene que hacer frente a la molesta actitud de su hermana pequeña Ramona, que se dedica a gastarle bromas pesadas. Basada un best-seller infantil, la película tiene buenas intenciones y un fondo moral tópico, y poco más.

La nueva película de George Clooney, El americano, viene con un fuerte sabor a James Bond pero con personalidad propia. Digirida por el director holandés Anton Corbijn, la película nos cuenta la historia de un asesino en serie: el solitario Jack, maestro entre maestros. Tras un trabajo fallido en Suecia, Jack muestra su intención de jubilarse y retirarse en un pueblecito italiano… hasta que se encuentra con un tentador trabajo. Densa, sombría, bien rodada y con mucha enjundia, se trata de una propuesta a tener en cuenta.

Concluimos con otra producción latinoamericana, nicaragüense esta vez. La Yuma nos cuenta la historia de una mujer luchadora, cuyo sueño es ser boxeadora, en un ambiente de violencia callejera e incomunicación familiar.  Tras un encuentro con un joven periodista, la Yuma luchará por superar las dificultades y conseguir sus sueños. Este drama de superación trata un tema poco común -el boxeo femenino- y lo hace con corrección y sensibilidad.

Nos vemos en el cine.

Helen

Tideland

Tideland” es una película para el disfrute de una pequeña minoría en el que aun no sé si me encuentro inmerso. En ella el surrealismo desdibuja sus límites invadiendo el humor más negro, extendiéndose hasta verdaderas escenas de delirio, repletas de sentimientos de rechazo, tristeza y simpatía que se mezclan formando una masa de indescriptibles sensaciones.

La película en sí es una sucesión de pequeños cuentos de hadas en boca de una niña de edad desconocida y con una imaginación desbordante. Pero hay que tener cuidado, ya que estas historias infantiles no son en absoluto edulcoradas, están repletas de actos y detalles macabros, tétricos e incluso desagradables. Plasma la vida de una pequeña que intenta camuflar sus desgracias personales, de forma involuntaria, a partir de su imaginación, habitando de esta forma un mundo de fantasía que ella misma crea. A partir de este punto podríamos compararla con películas como “Léolo“, pero “Tideland” va mas allá, representado escenas que rasgan la tristeza e incluso la repulsión.

Jelize Rose realiza un papel triste pero desenfadado, haciendo ella sola la mayoría de los papeles de la historia, ella pone consciencia a las ardillas, a las hadas, a sus amigas formadas por monstruosas cabezas de barbies y a ella misma, plasmándose un recurso visto ya en otras películas como en la reciente “Donde viven los monstruos” en la que el protagonista, a través de su imaginación, extiende parte de su personalidad a ciertos personajes de la película y se relaciona con ellos, pareciendo personajes secundarios pero siendo en realidad distintas facetas del mismo protagonista. En este caso el recurso resulta demasiado evidente y cargante.

Lo más destacable de las dos horas y media del largometraje es la ligereza o la inocencia con la que se tratan temas tan profundos como la muerte de los seres queridos representada por la muerte de la madre o del padre o del tiburón monstruoso. La muerte es otro protagonista más de la película que siempre está presente entremezclándose con la colorista imaginación infantil de hadas, submarinos y ardillas parlantes.

Tideland” a la larga se hace pesada e incluso repulsiva, increíble y fantasiosamente infantil, para culminar con un desenlace inverosímil, triste y que deja con un sabor raro  que mezcla incomprensión, tristeza y alegría por la aparición de las letras blancas de los créditos.

Resumen:

Película de fantasía y surrealismo crudo, duro y oscuro, donde la imaginación infantil intenta compenetrarse con la muerte, el sexo y el maltrato.  Un galimatías de quiero y no puedo, un intento demasiado fallido que pretende conmover, impresionar y entretener consiguiendo solo aburrir.

Melchian

Inland Empire

La percepción de la realidad de una actriz se ve progresivamente distorsionada, de manera cada vez más grave, al tiempo que va descubriendo que, quizá, se esté enamorando de su partenaire en un remake de una producción polaca no terminada supuestamente maldita. “Inland Empire” es la historia de un misterio en un mundo dentro de otros mundos, que se revelan alrededor de una mujer. Una mujer enamorada y en problemas. Un suburbio de Los Ángeles. Una mujer desaparecida. Un misterio sin resolver…

De cómo prescindir del espectador y rodar directamente del cerebelo al celuloide. 3 horas de surrealismo en estado puro, entre paranoia mental y diarrea visual, tetas y conejos, para bien, o para mal. Y es que con “Inland Empire” no caben las medias tintas: o la odias o te encanta. Y sin embargo, a mí me deja fría. David Lynch sigue fiel a su estilo: imágenes sugerentes, historia sin esbozar y gusto por el delirio, pero llevado al extremo. Una historia de muñecas rusas que se rueda sin guión, centrándose en una estrambótica estética visual -una fotografía digital (in)conscientemente horrenda- y la incoherencia más absoluta. Es todo un desafío para el sufrido espectador y para el más experimentado gafapasta.

Olvidemos todo el pasado de Lynch. Si “Mulholland Drive” era un acertijo acertadamente estético, “Inland Empire” derriba todos los convencionalismos del cine. Comenzamos con una bruja profética que nos introduce en una primera hora bastante coherente: una actriz es seleccionada para protagonizar un remake de una película polaca maldita. Poco a poco va perdiendo la noción de la realidad, comenzando así una segunda parte repleta de sinrazón y locura… hasta que termina el rodaje. Una última hora de terror puro, en el que se encajan algunas piezas: ¿quién es esa chica que mira una pantalla mientras llora?

Sueños, identificación, incomprensión, filosofía, pesadillas… Y sin embargo, vemos un atisbo de racionalidad, aunque sea porque nos aferramos a ella con desesperación, desbordados ante lo que estamos viendo e incapaces de discernir, como la protagonista, qué es real y qué es alucinación. Si existe el hiperrealismo, también el hipersurrealismo.

A destacar las interpretaciones, especialmente la de Laura Dern. No es fácil mostrarnos una mente tan fragmentada sin despeinarse. El resto de actores acompaña sin molestar. Acertado también el uso del espacio, claustrofóbico y agobiante. En contra, el uso experimental de la cámara, efectos y fotografía digital, apostadamente feísta, pero sin que me termine de convencer nunca. Y en el fondo es envidia. Me gustaría llegar a esa grandeza.

Resumen:

En definitiva, es un abuso constante a todos los niveles, pero es que David Lynch puede hacerlo. Recomendable para el que guste de sufrir. Puro desvarío.

Helen

Mis tardes con Margueritte

Basada en la novela homónima de Marie-Sabine Roger, cuenta la historia de Germain Chazes, un hombre de 110kg, que desconfía de las palabras y vive en una caravana, en el fondo del jardín de su madre. Él pasa su tiempo entre el café y el parque público y es considerado por la mayoría como un imbécil feliz. Pero un día, Margueritte, una anciana muy culta le hace descubrir el universo de los libros y las palabras. Su relación con los otros y con sí mismo va a cambiar.

Cuando vamos al cine a ver una de Jean Becker, ya sabemos qué nos vamos a encontrar. Optimismo, buenas personas, y unas ganas de vivir increíbles. Y esta vez no iba a ser una excepción. El director francés nos cuenta la historia de cómo un encuentro fortuito puede cambiar la vida de las personas. De cómo la amabilidad natural nos abre muchas puertas. De cómo el valor de la amistad puede tirar para adelante una vida vacía.

Considerando el nivel de otras películas de Becker (“La fortuna de vivir“, “Conversaciones con mi jardinero“), quizá “Mis tardes con Margueritte” pueda ser considerada como una obra menor. Contrastando con la dura ironía melodramática de su última producción, “Dejad de quererme“, esta vez se ha optado más por un humor amable y una visión idílica de la condición humana. De rancia ha sido tachada, según algunos sesudos críticos. Pues que viva lo rancio.

Germain es un hombre prácticamente analfabeto, pero feliz. Trabaja aquí y allá, le gusta tomarse una copa de vino con sus amigos en el bar, no tiene tacto ninguno pero sí una novia estupenda… y una madre que nunca le quiso, y que no anda muy bien de la cabeza. Margueritte es una señora de 95 años pausada pero vivaz, que devora los libros y gusta de leerlos en voz alta. Y qué mejor ocasión que transmitir su pasión al torpe Germain, que prefiere ir al parque a ver a sus palomas.

Y para hacer una buena película de este calibre, necesitamos a dos buenos actores: el veterano Gerárd Depardieu, que cumple con soltura con un papel algo tópico, y Gisele Casadesús, dulce anciana, traviesa e inquieta. Gran parte del peso dramático de la película depende de ellos dos, como es natural. A ello se le suma una dulce banda sonora, un humor suave y una ambientación rural muy acertada.

¿Que Becker cae en un exceso de sensiblería? Sí. ¿Que determinados giros del guión son previsibles y le dan sosería a la historia -como la historia de la madre-? Sí. Pero la sensación final es tan poco pretenciosa, tan amable y tan alegre, que le perdonamos con facilidad todos los defectos que pueda tener.

Resumen:

Una inyección de optimismo y ganas de vivir. La amistad sincera y la sencillez es a veces la mejor apuesta.

Helen

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