Cashback

Existen algunas películas que deben clasificarse en un género aparte, deben  ser excluidas del cine en general, aisladas de sus semejantes. Este tipo de películas son las que nos hacen volar con cada segundo de metraje, en las que las líneas de dialogo necesarias para expresar las emociones y sentimientos son mínimas, ínfimas. Son aquellas películas en las que la magia de cada fotograma nos llena de una sensación indescriptible, irrepetible. Lo malo de estos largometrajes es, básicamente, su no universalidad, es decir, la necesaria existencia de una conexión entre la película y el espectador, una relación especial que hace que lo descrito anteriormente tome forma. La mayoría de los largometrajes no lo consiguen, y los que lo consiguen con unos pocos espectadores fallan estrepitosamente con otros, y es que, esto es lo  mágico de estas películas, lo caprichoso de su excelencia, su variabilidad. A pesar de esto hay trabajos en los que confluyen una serie de características que aumentan la probabilidad de que ocurra este fenómeno. Una de estas películas, bajo mi punto de vista, es “Cashback”.

¿De qué va “Cashback”? Es una pregunta algo difícil, ya que el hilo argumental de la película está escondido, enterrado entre miles de fotogramas sensacionales, escenas preciosistas que, como bien dice el protagonista, te permiten advertir la belleza de la realidad. Durante el metraje nos presentan a Ben Willis, un estudiante de arte que sufre insomnio provocado por la reciente ruptura con su novia. Para aprovechar esas horas de más, empieza a trabajar en un supermercado, en el horario nocturno. Allí conoce a variopintos personajes que protagonizaran las diferentes escenas de su nueva vida. Como he puntualizado antes, el argumento, es meramente circunstancial, ya que lo que de verdad importa es la filosofía que transmite la película, y que por lo tanto usa su protagonista, admirar la belleza de cada segundo de la realidad.

Ben, para soportar las largas horas nocturnas plagadas de creciente dolor por su ruptura, desarrolla la habilidad de parar el tiempo. Esta estratagema le permite vivir cada segundo como si fueran días, pintar a cada personaje que pase a su lado, desentrañar los misterios, la belleza que se esconde en un paquete de guisantes abierto. Con este simple planteamiento, “Cashback”, se yergue como un conjunto de escenas congeladas, de  segundos que desbordan belleza, de negros rostros plasmados en carboncillo. La película se convierte en una galería de arte viviente donde se nos muestran los pensamientos de su protagonista, sus relaciones, sus emociones y sensaciones, en definitiva, su vida.

Debido a este curioso planteamiento, la más de hora y media que dura el largometraje, se puede hacer pesada, lenta, si no consigue que te zambullas en esa sucesión armonizada de belleza realista, pero ahí radica su singularidad, la característica que la hace especial y que por lo tanto nos permite incluirla en ese reducido conjunto de películas personales esenciales.

Resumen:

Largometraje de argumento meramente circunstancial para no desviar la atención de los numerosos ejemplos de belleza cotidiana plasmados en segundos congelados de la realidad. Película algo lenta y especial, con muchas posibilidades de agradar a aquellas personas que consigan conectar con ella.

Melchian

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