Tideland

Tideland” es una película para el disfrute de una pequeña minoría en el que aun no sé si me encuentro inmerso. En ella el surrealismo desdibuja sus límites invadiendo el humor más negro, extendiéndose hasta verdaderas escenas de delirio, repletas de sentimientos de rechazo, tristeza y simpatía que se mezclan formando una masa de indescriptibles sensaciones.

La película en sí es una sucesión de pequeños cuentos de hadas en boca de una niña de edad desconocida y con una imaginación desbordante. Pero hay que tener cuidado, ya que estas historias infantiles no son en absoluto edulcoradas, están repletas de actos y detalles macabros, tétricos e incluso desagradables. Plasma la vida de una pequeña que intenta camuflar sus desgracias personales, de forma involuntaria, a partir de su imaginación, habitando de esta forma un mundo de fantasía que ella misma crea. A partir de este punto podríamos compararla con películas como “Léolo“, pero “Tideland” va mas allá, representado escenas que rasgan la tristeza e incluso la repulsión.

Jelize Rose realiza un papel triste pero desenfadado, haciendo ella sola la mayoría de los papeles de la historia, ella pone consciencia a las ardillas, a las hadas, a sus amigas formadas por monstruosas cabezas de barbies y a ella misma, plasmándose un recurso visto ya en otras películas como en la reciente “Donde viven los monstruos” en la que el protagonista, a través de su imaginación, extiende parte de su personalidad a ciertos personajes de la película y se relaciona con ellos, pareciendo personajes secundarios pero siendo en realidad distintas facetas del mismo protagonista. En este caso el recurso resulta demasiado evidente y cargante.

Lo más destacable de las dos horas y media del largometraje es la ligereza o la inocencia con la que se tratan temas tan profundos como la muerte de los seres queridos representada por la muerte de la madre o del padre o del tiburón monstruoso. La muerte es otro protagonista más de la película que siempre está presente entremezclándose con la colorista imaginación infantil de hadas, submarinos y ardillas parlantes.

Tideland” a la larga se hace pesada e incluso repulsiva, increíble y fantasiosamente infantil, para culminar con un desenlace inverosímil, triste y que deja con un sabor raro  que mezcla incomprensión, tristeza y alegría por la aparición de las letras blancas de los créditos.

Resumen:

Película de fantasía y surrealismo crudo, duro y oscuro, donde la imaginación infantil intenta compenetrarse con la muerte, el sexo y el maltrato.  Un galimatías de quiero y no puedo, un intento demasiado fallido que pretende conmover, impresionar y entretener consiguiendo solo aburrir.

Melchian

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