Bright Star

Drama que narra el romance que, en el siglo XIX, y durante tres años, mantuvieron el poeta inglés John Keats y Fanny Bawne, una intensa historia de amor trágicamente interrumpida por la repentina muerte de Keats a los 25 años.

La directora neozelandesa Jane Campion vuelve al panorama cinematográfico con una película que lleva su sello personal: la sensibilidad. “Bright Star” nos cuenta los últimos años del poeta romántico John Keats y su primer y último amor, antes de su prematura muerte. Sin la pasión desbordada de “El piano” pero con la emotividad contenida que la caracteriza, la directora se centra más en transmitir los sentimientos amorosos de la pareja que en hacer un retrato del creador torturado, el espíritu romántico y la existencia de la musa, y le sale una película delicada y deliciosa, aunque no tenga mucha trascendencia.

La historia, algo tópica en cuanto a la temática de romances victorianos, empieza con un John Keats irónico que ve en Fanny a una relamida joven, que a su vez no le impresiona en lo más mínimo los versos del poeta. A partir de ahí se van desarrollando los acercamientos, hasta que el amor se desencadena. Y él escribe para ella, la estrella brillante.

Estamos pues, ante una película que muestra contrastes con una uniformidad visual palpable. El amor entre los jóvenes es, como mandan las convenciones, tímido y contenido, pero que desborda euforia amorosa en cada gesto. Aunque unos besos en el bosque sean el culmen de la pasión. El amor es intrascendente, pero a la vez eterno e inmutable, en el que una desgracia parece ahogar a los protagonistas, que como buenos amantes, sienten hasta en la punta de los dedos. Entre la generosidad y el egoísmo del primer amor. De la alegría más intensa al dolor más desgarrador.

Dos horas de ritmo pausado pero sin que nunca decaiga. Una ambientación visual preciosista, puntada a puntada, palabra por palabra. Las mariposas, las cartas, los juegos… cada detalle es fundamental para transmitirnos la delicadeza y sutileza de este amor, espiritual, tierno y verdadero.

Estrella brillante, si fuera constante como tú,
no en solitario esplendor colgada de lo alto de la noche
y mirando, con eternos párpados abiertos,
como de naturaleza paciente, un insomne Eremita,
las móviles aguas en su religiosa tarea
de pura ablución alrededor de tierra de humanas riberas,
o de contemplación de la recién suavemente caída máscara
de nieve de las montañas y páramos.
No, aún todavía constante, todavía inamovible,
recostada sobre el maduro corazón de mi bello amor,
para sentir para siempre su suave henchirse y caer,
despierto por siempre en una dulce inquietud,
silencioso, silencioso para escuchar su tierno respirar,
y así vivir por siempre o si no, desvanecerme en la muerte.

Resumen:

Harta difícil tarea la de adaptar a imágenes la poesía de John Kets, pero dejándonos llevar por el tono nostálgico, conseguiremos añorar el primer e inocente amor. Ideal para almas perdidamente románticas, como yo.

Helen

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