El retrato de Dorian Gray

Después de ver la película te viene a la cabeza un solo pensamiento. ¿Qué trauma infantil debió de causarle a Oliver Parker el libro de Oscar Wilde para crear semejante película? Puedes inventar cualquier tipo de respuesta, desde la más sencilla hasta las más grotesca, pero al final ninguna de ellas puede explicar la duda que nos atenaza.

El retrato de Dorian Gray” es una película con nexo común con el libro únicamente en el nombre de los personajes y la presencia del cuadro. Desde el principio, el film, muestra grandes diferencias que se van acrecentando con el transcurso del metraje. La película nos presenta a un Dorian Gray inocente, demasiado, tanto que en los primeros cinco minutos de metraje es timado un par de veces pero sigue tan tranquilo, con esa sonrisa bobalicona que mantiene durante toda la película.

El inicio es soporífero, sin ritmo, con una trama inventada que intenta seguir las escenas más representativas del libro, las cuales parecen estar metidas con calzador. La primera media hora parece sumergida en una época victoriana austera, demasiado estirada como para asemejarse a las enriquecidas descripciones del libro. En realidad no se diferencia en gran medida de películas como “Maria Antonieta”, “Sentido y sensibilidad” u “Orgullo y prejuicio”, aunque se desarrolle con mucha menor calidad que estas, incluso menor que la protagonizada por la monarca inglesa.

Con el transcurrir de los minutos y una vez que ya te has acostumbrado a ese ambiente pomposo y artificial que flota alrededor de un Dorian Grey con cierto estilo paleto, la historia da un giro extraño, más oscuro, es ahora cuando piensas, bien, no puede hacerlo peor, pero como bien decía Murphy con su tostada: Prepárate para una hora más de engendro cinematográfico.

En esta segunda parte la trama se vuelve más oscura, negra y sucia, Dorian Grey ha evolucionado, dejando atrás su palurdismo y precipitándose en una ola desenfrenada de sexo y drogas a la que arrastra a todas las mujeres con las que se encuentra. Aquí el film se transforma en una especie de película moderna de terror, con sus sobresaltos a golpe de sonido, caras deformadas y demás. Aún así sigue pareciendo desenfocada e incluso aburrida y el libro de Wilder es ya una pequeña mota que desaparece en la lejanía.

El único punto a favor que se encontrarle a esta producción es la clara evolución personal de Dorian desde el comienzo de la película hasta el final. Se produce una división del personaje creando dos Dorian, el malvado, sin sentimientos ni escrúpulos, el egoísta y macabro en un lado y en el otro el inocente, el paleto con medio cerebro que nos han presentado al principio del film. Pero si te pones a pensar llegas a la conclusión de que no ves paso intermedio, la película comienza y acaba en los extremos sin dejar ver la transformación, que para mí, es lo más interesante del libro.

Mirándolo con perspectiva las relaciones de los personajes con Dorian están sacadas de contexto, deformadas y son demasiado extremas, sobre todo con Basil, el pintor, y Lord Henry, la mala influencia, llegando a malograr un proyecto que podía haber sido, o por lo menos, acercarse a la sombra de la obra maestra literaria.

Resumen:

Película dedicada únicamente a destruir el buen recuerdo del libro en aquellas personas que hayan tenido el placer de leerlo, o bien, a malgastar más de hora y media de las personas que no lo han leído. En cualquier caso, una pérdida de tiempo.

Melchian

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