enero 2011


El luchador

A decir verdad nunca he sentido una fuerte atracción por las películas inspiradas en las vidas de boxeadores o  luchadores profesionales, ya sean fieles reflejos de la realidad o bien describan historias ficticias. Mi rechazo nace en la peculiar forma de tratar a los espectadores de estos subproductos fílmicos. Desde el principio de la película se tiende a crear una relación de amistad basada en la compasión entre el visionador y el protagonista de turno. Esto ocurre en cada una de los largometrajes de “Rocky”, haciendo del boxeador una especie de ser incomprendido, totalmente frustrado pero siempre alegre, bonachón y dispuesto a ayudar. Otras películas de la misma índole como puede ser “Cinderella man”, protagonizada por Russel Crowe, donde ese sentimiento de simpatía compartida nace de la pobreza y del espíritu ganador del protagonista. Podrida seguir así durante varias líneas enumerando las diferentes características que hacen de estas películas meras muestras asiliconadas y artificiales de algo que nos intentan vender como si fuera real, un drama de superación digno de las lágrimas más grandes jamás lloradas.

En “El luchador” huyen de este problema. Darren Aronofsky dibuja los trazos de un personaje que Rourke termina de crear dándole un alma, una sensación de realidad amarga. Y es que Randy “The Ram” Robinson se aleja de los estereotipos antes mencionados para conformar un ente perturbado, en soledad, adicto a los esteroides mientras descuida cada apartado de su vida para conseguir mantener en pie su imagen de luchador.

La película en si es una oda al paso del tiempo y como este afecta negativamente a las personas, cambiándolas, y como intentan luchar contra esa fuerza ineludible del paso del tiempo. Este hecho se presenta en cada fotograma de la película protagonizando la lucha encubierta de Ram y marcando cada paso en su vida.

Nadie puede discutir las aptitudes técnicas de Aronofsky que hacen de este uno de sus mejores trabajos. La dirección es impecable presentando planos inteligentes que aumentan la cercanía con el luchador. La fotografía juega con las luces y sombras mostrando los contrastes de la vida de Ram denotando cierto tono oscuro en todo el metraje. Las actuaciones demuestran la calidad de sus intérpretes destacando principalmente la de Rourke que, resurgiendo de sus cenizas, borda un papel carismático a quien odias y quieres intermitentemente, transportándote a ese mundo de los olvidados, donde cada uno lucha por su supervivencia.

El colofón de la obra llega con un final más que digno, que dibuja la guinda en la cumbre de un pastel espléndido, dejando la sensación de haber sido participes del declive de una vida real, áspera, con protagonistas humanos, con fallos y aciertos, que demuestra que no todo sale bien aunque lo intentes.

Resumen:

Uno de los mejores trabajos de Aronofsky y Rourke describiendo la vida triste y luchadora de “The Ram” impregnándolo de humanidad. Una oda a la lucha contra el paso del tiempo que marca el tono triste de la realidad, demostrando que se pueden hacer buenas películas dramáticas sin caer en la lágrima fácil.

Melchian

 

Anuncios

Rare exports

Rare exports” fue una de las películas más esperadas en el pasado festival cinematográfico de Sitges.  El primer largometraje de Jalmari Helander causó grandes discrepancias entre las opiniones de los espectadores que acudieron a verlo. La verdad es que no es para menos.

Rare exports” es una mezcolanza agridulce de numerosos tópicos ya vistos en otros trabajos, pero que precisamente por ese batiburrillo en el que están inmersos suenan originales. Con esto no quiero decir que el largometraje sea una pérdida de tiempo. Las características de su historia han sido desencajadas de sus moldes originales para crear algo cuanto menos curioso, y más en el panorama de cine actual, sobre todo en el fantástico.

Estamos ante una película oscura, tenebrosa e inquietante, pero de corte infantil, algo facilona para una mente adulta pero totalmente disfrutable para una panda de pequeñuelos. ¿Cómo es posible? Precisamente es eso lo que hace de “Rare exports” un trabajo especial. Logra unir en un mismo fotograma un sentimiento lúgubre, oscuro, sucio y lo rodea de niños héroes, sentimientos simples y actos imposibles. Este es el punto del éxito y del declive de esta producción.

Los escasos 70 minutos que dura el metraje están plagados de altibajos, tan pronto disfrutas con escenas sanguinarias y algo crueles como te extrañas de sucesos incongruentes e imposibles. Los actores realizan un trabajo muy soso, no consiguen llamar la atención y si lo hacen generalmente es para sacarte de esa ambientación tan bien conseguida. La mayoría no dan la talla.

El argumento esta llevado con cierta maestría pero sin darle toda la excelencia que podría aguantar una historia de semejante magnitud. La trama se logra desarrollar casi por los pelos en el escaso metraje de la cinta, corriendo, como si alguien estuviese persiguiendo al director, y no es para menos, ya que la duración es excesivamente corta. Los efectos especiales son casi inexistentes, básicamente porque no son necesarios. Únicamente se han excedido en el uso del ordenador en un par de tomas.

El diseño de los personajes, tanto de los “elfos” como lo que te dejan intuir de “Santa, están muy logrados, siendo este uno de los grandes puntos álgidos de la película. Los elfos incluso llegan a tener ciertas reminiscencias a la famosa “niña Medeiros” de Rec. Todo un éxito.

Resumen:

Un argumento increíble que podría haber dado muchísimo más de sí. Una película empañada por actuaciones pobres, que intenta hacer algo difícil, unir lo adulto y lo infantil consiguiendo una mezcla que quizás solo agrade a los fanáticos de lo fantástico. Creo, que es una de las pocas películas de la que espero un remake que aporte algo de técnica y arte, porque imaginación e instinto no le falta.

Melchian

La vida privada de Sherlock Holmes

Existen numerosas adaptaciones del carismático personaje londinense al dinámico celuloide. Desde series de televisión con decenas de capítulos, obras animadas de países orientales, películas destinadas al oscuro sector del telefilm y trabajos en blanco y negro que plagan la gran y fructífera década de los 40. Antes de que todos estos trabajos salieran a la luz se rodó un pequeño mediometraje en blanco y negro, mudo y dirigido por uno de los baluartes del cine clásico. Buster Keaton presentaba su propia visión de Holmes a través de un título cuanto menos atrevido en el que se mezclaban las andanzas de un joven detective plagadas de momentos cómicos. La película se llamó “El moderno Sherlock Holmes”.

En el cine tienden a repetirse estos actos aislados cada cierto tiempo. Haciendo pues referencia a esta última sentencia Billy Wilder rodó su peculiar adaptación del detective ingles, por supuesto, no exenta de comicidad, romance y libertinaje.

La vida privada de Sherlock Holmes” se nos presenta con un comienzo un tanto inusitado, 50 años después de la muerte del Dr. Watson, los albaceas abren la caja que legó a la sociedad. En ella se descubren varios objetos de la vida personal de Holmes y un manuscrito que relata una aventura inédita. Wilder se sacó esta excusa de la manga para poder hablar sin tapujos del detective más famoso del mundo, hacerlo hombre, presentarlo con vicios y debilidades. El resultado no puede ser más curioso.

Las secuencias describen un Londres sesgado por la división de clases, desde la casa donde viven los protagonistas, cultos, educados, podemos ver el primer contraste con su ama de llaves, refranera popular y un tanto tosca. Las comparaciones siguen la estela de la película pasando por el barrio obrero donde una anciana en silla de ruedas sobrevive con humor a su vejez; en el teatro donde las grandes estrellas rodeadas de alcohol y bailes se creen el centro del mundo, imaginando que pueden conseguir cualquier cosa e incluso plasman el miedo de Watson por los cotilleos, temiendo el frio y despiadado mundo de la alta sociedad. Todo esto discurre en un Londres de estética modernista con sus heladas y oscuras noches que comparten el día con un sol brillante.

Es curioso analizar el personaje de Sherlock Holmes a través de los ojos innovadores de Wilder. Nos presenta a un detective que es esclavo de su propia deducción, que hace su vida insufrible cuando no encuentra retos grandilocuentes. Heroinómano y misógino. En la película hay intención implícita de recalcar este último papel creando una sensación palpable al comienzo del metraje, que se va deshaciendo conforme avanza la película hasta tornarse en una mera ilusión, de que Sherlock se decanta por sentimientos homosexuales, nada más y nada menos, que hacia su inseparable colega, el Dr. Watson.

En su momento el trabajo de Wilder no cayó en gracia en las salas de cine, lo más seguro es que fuera debido a la proyección del detective, describiéndolo como un ser normal, humano, con fallos y equivocaciones, drogadicto, misógino, egocentrista y homosexual. Talló con demasiadas taras a un personaje que lideraba el orgullo de los habitantes londinenses. A esto hay que sumarle los diferentes problemas en la producción, ya que la película estaba pensada en estrenarse como un serial con un metraje mucho más largo que el que al final lució en cines. El propio Wilder renegó de la película, la cual fue montada por manos ajenas creando lo que para su director fue una aberración.

Aun así, la película no deja de ser una obra curiosa que rompe los moldes de la temática general de Sherlock Holmes embarcándolo en una aventura donde el misterio y las prácticas detectivescas quedan rezagadas en pro de una sátira mordaz al personaje clásico.

Resumen:

Amantes y desaprobadores del detective Holmes, no dejéis de ver esta película donde se dibuja al carismático Sherlock mas humano que nunca.

Melchian

Walking dead

Voy a intentar ser objetivo al analizar la serie que nos atañe, procurando compararla lo menos posible con el comic en el que se basa y siendo justo, tanto con sus cualidades como con sus defectos.

El día que me senté delante del televisor para empezar a ver un episodio piloto, que bien podría ser considerado película, tenía la cabeza llena de expectativas. La serie había sido un éxito al otro lado del charco, y eso nunca cae en saco roto. La verdad es que disfrute como un enano con esa hora de metraje postapocaliptico. La fotografía era bastante superior al resto de trabajos de la misma temática, el paisaje y la escenografía realizaban a la perfección su trabajo recreando un mundo devastado, oscuro y tétrico, pero manteniendo ciertas gotas de humanidad que hacían que no te olvidaras de lo que había sido hace solo unos meses.

A lo que más miedo le tenía eran a los actores elegidos para encarnar a cada personaje, ya que no conocía a ninguno, pero mis miedos fueron parcialmente disipados en esta sesión introductoria. No son actores sublimes merecedores de un oscar, pero tampoco la hacen mal. La historia seguía las pautas del comic casi al completo lo cual siempre es un punto a favor.

Con el paso de los episodios los defectos salieron a la luz casi por arte de magia. Los actores que antes parecían decentes ahora me cansaban con sus frases tópicas, caras sobreactuadas y trasfondos demasiado épicos. Con el devenir de los minutos veía al bueno demasiado bueno, al malo demasiado malo y a los actores florero demasiado inservibles. La sobreactuación de los personajes se hizo tan patente que al comenzar a leer, hace un par de días, los comics casi no encontraban similitudes entre los dos formatos.

En cuanto a la historia se ha ido alejando cada vez más de lo que plasmaban las hojas en blanco y negro del comic. Los directores y productores de la serie se han permitido unas licencias que si estuvieran bien llevabas no me importarían pero no es el caso. Las ridículas tramas secundarias hacen que el sopor producido por la falta de acción y presencia de zombies en los capítulos finales sea un punto importante del visionado, lo cual desmejora muchísimo el gran comienzo.

Otro de los puntos que me desilusionaron enormemente es la intención de la serie de tomar la idea de los autores del comic. Esta se basaba en hacer una historia de zombies donde el dramatismo de la supervivencia fuera totalmente palpable en el transcurso de la historia, dándole en momentos más importancia que al desastre de los zombies si fuera necesario. Este punto, en la serie, se lo han tomado a pies juntillas, creando dos capítulos de fin de temporada en los que la presencia de no-muertos se reduce infinitamente en el penúltimo quedando completamente desaparecida en el ultimo. Un gran fallo que hace que la acción de un final de temporada que prometía en exceso, básicamente para intentar levantar una seria que caía en picado, se convierta en una mezcolanza de sobreactuaciones y situaciones dramáticas al más puro estilo culebrón novelesco.

Resumen

Por favor, recapacitad y crear una segunda temporada que reúna las características, aunque solo sean mínimas, de acción, zombies, terror y dramatismo. Crear un equilibrio de emociones que se alejen de la escenificación sobreactuada y topiquismos de telenovela.

Melchian

Resident Evil: Afterlife

Debo reconocer que no soy un gran jugador de la saga Resident Evil. Por mis manos han pasado el primero, el cuarto y el quinto describiendo una trayectoria de diversión decreciente. Hago este apunte porque creo conveniente dejar reseñado mi posición frente a la saga de videojuegos a partir de la cual se ha hecho esta película.

Siguiendo la trayectoria de la saga y, refiriéndome únicamente a términos cinematográficos, nos encontramos ante una serie de películas vastas, con demasiadas licencias en las dos primeras y libres de las cadenas de la similitud argumentativa con el juego homónimo en la tercera. Partiendo de estos hechos no esperaba gran cosa de la cuarta entrega, aunque me había creado ciertas expectativas debido a la vuelta a la franquicia de Paul W.S. Anderson, el director de la primera entrega que, a mi entender, es la mejor de las cuatro.

Mis premisas se confirmaron a los veinte minutos de metraje y la ilusión de la incorporación de Anderson al proyecto se desmoronó completamente.

La película comienza de una forma trepidante, casi sin saber que está pasando, sobre todo para espectadores que se inician con este largometraje al mundo de Resident Evil en el cine. A partir de ahí, la acción desarrollada, cae en un picado absoluto. El resto de los minutos son una soporífera acumulación de toscos detalles argumentales, vueltas de guión y reminiscencias no demasiado lúcidas hacia el videojuego.

Para hacer un pequeño resumen, las actuaciones son esperpénticas, esbozando unos personajes de libro, el tipo “guay”, el mañoso, el malo, el lameculos del malo y la pobre fémina desamparada. Todo esto sin olvidar a nuestra protagonista que esta más dopada que nunca, y eso que pierde sus habilidades sobrehumanas al principio de la película. Los malos, un Albert Wesker muy cutre y con leds rojos en los ojos; unos zombies  invisibles, ya que no aparecen en casi todo el metraje; un super malo zombificado en el que se les ha ido la mano con los gráficos 3D y unos “infectados” que hacen clara alusión a la quinta entrega del videojuego pero que no dejan de ser zombies a los que se les ha aplicado un extra con el ordenador de turno.

En cuanto a los efectos especiales no pasan de ordenador, ordenador y más ordenador. Al final se hace demasiado patente en todos los sitios y que con las escenas al estilo “Matrix” alcanza su máximo esplendor. Si por lo menos fueran decentes no protestaría tanto, pero hay momentos en los que se hace muy patente la inclusión de objetos renderizados.

Y al fin llegamos a la joya final, el argumento. La historia se la sacan de la manga completamente y aun así no es original, conformándola clichés de otras películas como la falsa ciudad libre de infección, el edificio rodeado por zombies y las típicas sensaciones de reclusión y claustrofobia que no plasman bien en el transcurso del film.

Resumen

En definitiva una película muy pobre, con personajes planos y sobreactuados, licencias demasiado claras, efectos especiales de telefilm, argumento aburrido y transparente, casi nula presencia de zombies y sobre todo, una sensación de locura transitoria que te invade al final de la película mientras te preguntas a ti mismo: ¿Por qué? ¿Por qué?

Melchian