La vida privada de Sherlock Holmes

Existen numerosas adaptaciones del carismático personaje londinense al dinámico celuloide. Desde series de televisión con decenas de capítulos, obras animadas de países orientales, películas destinadas al oscuro sector del telefilm y trabajos en blanco y negro que plagan la gran y fructífera década de los 40. Antes de que todos estos trabajos salieran a la luz se rodó un pequeño mediometraje en blanco y negro, mudo y dirigido por uno de los baluartes del cine clásico. Buster Keaton presentaba su propia visión de Holmes a través de un título cuanto menos atrevido en el que se mezclaban las andanzas de un joven detective plagadas de momentos cómicos. La película se llamó “El moderno Sherlock Holmes”.

En el cine tienden a repetirse estos actos aislados cada cierto tiempo. Haciendo pues referencia a esta última sentencia Billy Wilder rodó su peculiar adaptación del detective ingles, por supuesto, no exenta de comicidad, romance y libertinaje.

La vida privada de Sherlock Holmes” se nos presenta con un comienzo un tanto inusitado, 50 años después de la muerte del Dr. Watson, los albaceas abren la caja que legó a la sociedad. En ella se descubren varios objetos de la vida personal de Holmes y un manuscrito que relata una aventura inédita. Wilder se sacó esta excusa de la manga para poder hablar sin tapujos del detective más famoso del mundo, hacerlo hombre, presentarlo con vicios y debilidades. El resultado no puede ser más curioso.

Las secuencias describen un Londres sesgado por la división de clases, desde la casa donde viven los protagonistas, cultos, educados, podemos ver el primer contraste con su ama de llaves, refranera popular y un tanto tosca. Las comparaciones siguen la estela de la película pasando por el barrio obrero donde una anciana en silla de ruedas sobrevive con humor a su vejez; en el teatro donde las grandes estrellas rodeadas de alcohol y bailes se creen el centro del mundo, imaginando que pueden conseguir cualquier cosa e incluso plasman el miedo de Watson por los cotilleos, temiendo el frio y despiadado mundo de la alta sociedad. Todo esto discurre en un Londres de estética modernista con sus heladas y oscuras noches que comparten el día con un sol brillante.

Es curioso analizar el personaje de Sherlock Holmes a través de los ojos innovadores de Wilder. Nos presenta a un detective que es esclavo de su propia deducción, que hace su vida insufrible cuando no encuentra retos grandilocuentes. Heroinómano y misógino. En la película hay intención implícita de recalcar este último papel creando una sensación palpable al comienzo del metraje, que se va deshaciendo conforme avanza la película hasta tornarse en una mera ilusión, de que Sherlock se decanta por sentimientos homosexuales, nada más y nada menos, que hacia su inseparable colega, el Dr. Watson.

En su momento el trabajo de Wilder no cayó en gracia en las salas de cine, lo más seguro es que fuera debido a la proyección del detective, describiéndolo como un ser normal, humano, con fallos y equivocaciones, drogadicto, misógino, egocentrista y homosexual. Talló con demasiadas taras a un personaje que lideraba el orgullo de los habitantes londinenses. A esto hay que sumarle los diferentes problemas en la producción, ya que la película estaba pensada en estrenarse como un serial con un metraje mucho más largo que el que al final lució en cines. El propio Wilder renegó de la película, la cual fue montada por manos ajenas creando lo que para su director fue una aberración.

Aun así, la película no deja de ser una obra curiosa que rompe los moldes de la temática general de Sherlock Holmes embarcándolo en una aventura donde el misterio y las prácticas detectivescas quedan rezagadas en pro de una sátira mordaz al personaje clásico.

Resumen:

Amantes y desaprobadores del detective Holmes, no dejéis de ver esta película donde se dibuja al carismático Sherlock mas humano que nunca.

Melchian

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