El luchador

A decir verdad nunca he sentido una fuerte atracción por las películas inspiradas en las vidas de boxeadores o  luchadores profesionales, ya sean fieles reflejos de la realidad o bien describan historias ficticias. Mi rechazo nace en la peculiar forma de tratar a los espectadores de estos subproductos fílmicos. Desde el principio de la película se tiende a crear una relación de amistad basada en la compasión entre el visionador y el protagonista de turno. Esto ocurre en cada una de los largometrajes de “Rocky”, haciendo del boxeador una especie de ser incomprendido, totalmente frustrado pero siempre alegre, bonachón y dispuesto a ayudar. Otras películas de la misma índole como puede ser “Cinderella man”, protagonizada por Russel Crowe, donde ese sentimiento de simpatía compartida nace de la pobreza y del espíritu ganador del protagonista. Podrida seguir así durante varias líneas enumerando las diferentes características que hacen de estas películas meras muestras asiliconadas y artificiales de algo que nos intentan vender como si fuera real, un drama de superación digno de las lágrimas más grandes jamás lloradas.

En “El luchador” huyen de este problema. Darren Aronofsky dibuja los trazos de un personaje que Rourke termina de crear dándole un alma, una sensación de realidad amarga. Y es que Randy “The Ram” Robinson se aleja de los estereotipos antes mencionados para conformar un ente perturbado, en soledad, adicto a los esteroides mientras descuida cada apartado de su vida para conseguir mantener en pie su imagen de luchador.

La película en si es una oda al paso del tiempo y como este afecta negativamente a las personas, cambiándolas, y como intentan luchar contra esa fuerza ineludible del paso del tiempo. Este hecho se presenta en cada fotograma de la película protagonizando la lucha encubierta de Ram y marcando cada paso en su vida.

Nadie puede discutir las aptitudes técnicas de Aronofsky que hacen de este uno de sus mejores trabajos. La dirección es impecable presentando planos inteligentes que aumentan la cercanía con el luchador. La fotografía juega con las luces y sombras mostrando los contrastes de la vida de Ram denotando cierto tono oscuro en todo el metraje. Las actuaciones demuestran la calidad de sus intérpretes destacando principalmente la de Rourke que, resurgiendo de sus cenizas, borda un papel carismático a quien odias y quieres intermitentemente, transportándote a ese mundo de los olvidados, donde cada uno lucha por su supervivencia.

El colofón de la obra llega con un final más que digno, que dibuja la guinda en la cumbre de un pastel espléndido, dejando la sensación de haber sido participes del declive de una vida real, áspera, con protagonistas humanos, con fallos y aciertos, que demuestra que no todo sale bien aunque lo intentes.

Resumen:

Uno de los mejores trabajos de Aronofsky y Rourke describiendo la vida triste y luchadora de “The Ram” impregnándolo de humanidad. Una oda a la lucha contra el paso del tiempo que marca el tono triste de la realidad, demostrando que se pueden hacer buenas películas dramáticas sin caer en la lágrima fácil.

Melchian

 

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