Cobra, el brazo fuerte de la ley

Durante el largo recorrido que el cine ha descrito en nuestras pantallas se han ido creando una serie de iconos generacionales o intergeneracionales que han puesto cara a diferentes géneros, temáticas, roles e historias. Durante la década de los 80 un género en concreto experimentaba una creciente oleada de actores y películas que marcaron un antes y un después. Entre estos personajes estaban Arnold Schwarzenegger, Jean-Claude Van Damme, Steven Seagal, Chuck Norris, Sylvester Stallone y un largo etcétera. Todos y cada uno de ellos se enfrentan tanto a grandes retractores como a incondicionales fans, a cada uno la historia del cine les ha tratado de forma diferente, pero marcaron una época y un estilo palomitero donde la ficción era mas que palpable, la fantasía constante y sobre todo muchas balas, peleas y golpes a diestro y siniestro.

Como un representante principal en este estilo peliculero, “Cobra, el brazo fuerte de la ley”, se yergue de sus cenizas ochenteras para renacer en un 2011 donde la mayoría de sus clichés y tópicos se han quedado obsoletos. La industria del cine de acción en nuestros días se basa en fuertes efectos especiales, volteretas y acción trepidante relegando al guión y la trama a un segundo plano, quedando olvidada en la mayor parte del transcurso de la película y que choca técnicamente de lleno con el trabajo que nos atañe.

Cobra” presenta todos los elementos del típico film de acción de los 80, un tipo duro, muy duro, con unos principios muy marcados, con una puntería de fama mundial, una actuación irreverente constante hacía la policía o la institución de seguridad de turno y el indescriptible canguelo que produce en los malos malisimos durante toda la película. El tipejo arriba descrito esta encarnado por un Stallone ya curtido en películas de esta índole que no hace mas que dejarse llevar por el aura de violencia, heroísmo y chulería que se desarrolla a lo largo del metraje. El villano de turno esta a cargo de Brian Thompson, un tipo de lo más peculiar y también un habitual en este tipo de películas.

El resto de la película no es más que un intercambio de balas, golpes, explosiones y frases que quieren ser ingeniosas entre Cobra y todos los tipos que se le cruzan por delante. La trama queda relegada al fondo más oscuro de la cinta, la fotografía y la escenografía son meros recuerdos en la mente del director. Stallone recorre una trama hecha a su medida donde los demás actores, formados principalmente por extras que se limitan a saltar y correr al paso de nuestro antihéroe, crean la escénica perfecta para el desarrollo de una película que se contenta con hacer crepitar un par de hachas, soltar cuatrocientas frases cómico-ingeniosas que producen un sentimiento incontenible de risa burlesca y hacer volar a cada uno de los tipos que crucen su mirada con la de Stallone. Eso sí, no se que le pasa a este tío, causa una sensación de asexualidad haya por donde pasa. Una de las pocas películas de acción donde el protagonista no se empecina en tirarse a todo bicho viviente.

Resumen:

Clásico exponente del cine de acción de los 80. Tiros, malos malísimos y buenos no tan buenos confluyen en cada segundo de metraje para hacer que se te salga la coca cola por la nariz mientras te ríes con cada una de las escenas de “quiero y no puedo”.

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