Ciclo cine friki: Las aventuras de Buckaroo Banzai a través de la octava dimensión

Pensando una tarde de domingo fui consciente de la cantidad ingente de cine palomitero que existe y cuyo único propósito es hacer perder el tiempo a la gente. El quiz de la cuestión es que estas películas sobreviven al paso del tiempo mejor que cualquier otra y, lo que es peor, aumentan en calidad frente a los ojos de los millones de fans que las secundan, se compran camisetas, hacen festivales absurdos y se disfrazan en Halloween de su personaje favorito. Estoy hablado del archiconocido cine “friki”.

Para los frikicinéfilos, entre los que me encuentro, no hay mejor momento que sentarse en el sofá con unos amigos con palomitas y cerveza (refresco edulcorado en sustitución) en mano y darle al play para que comience una hora y media de fantochada tras fantochada. En conmemoración a todas estas películas inservibles y deplorables para la mayor parte de la humanidad, elixir y santo grial para otros, he decidido hacer un pequeño ciclo en el que se intentarán recoger algunas de ellas. Comencemos…

Existen una serie de patrones o reglas, llamémoslas reglas, si, como las de los gremlins, que hacen que una película se alce dentro del glamour barriobajero del cine “friki”. Para los entendidos les parecerán familiares  y seguro que me ratificarán, al resto os sonarán a chino y me tildaréis de loco (no os quito la razón) pero solo tendréis que ver un par de las películas que os voy a resumir para darme la razón también.

Dentro de estas reglas una de las más importantes es que la película se haya rodado dentro de las décadas de los 70 u 80, siendo esta última la más prolífica de las dos. Además, el personaje debe de ser carismático, todopoderoso, universal y encima tiene que darse cuenta de que lo es. También un gran punto a favor es que deben de reunirse varios tópicos en el argumento, aliens y zombies, vampiros y payasos, artes marciales y viajes espaciales… Una de las películas que cumple a perfección con todas estos puntos es “The Adventures of Buckaroo Banzai Across the 8th Dimension”, o “Las aventuras de Buckaroo Banzai a través de la octava dimensión” título muy fidedigno con el que se comercializó en España.

La película va de un tipo que aúna numerosas habilidades en su persona, es cirujano,  estrella del rock (Canta, toca la guitarra, el piano y la trompeta), cinturón negro (a falta de más colores) de karate, experto en numerosas artes marciales, científico especializado en materia cuántica, protagonista de varios comics, presidente de un instituto (llamado, cómo no, instituto Banzai) que sirve a su vez como base secreta de operaciones, amigo íntimo del presidente de los EE.UU y propietario de un ejército privado de seguridad al que llama “Los chaquetas azules”; además acaba con superpoderes al final de la película, siendo capaz de revivir a la gente. Una vez presentado al susodicho protagonista nos centramos en la banda que le acompaña que es una serie de clones de Banzai pero un poco desactualizados, rockeros, científicos y pistoleros.

Bueno, la excusa para hacer la película vino de lo siguiente:  Banzai trabajaba en un prototipo de coche que le permitiera alcanzar una velocidad increíble y con la ayuda de un aparato (de su propia invención) poder atravesar la materia sólida alegando que puede pasar entre el huevo vacío existente entre los neutrones y electrones de los átomos. El caso es que al hacer la prueba atraviesa la barrera del sonido y no sé qué más giliflauteces y se encuentra cara a cara con los electroides, extraterrestres de una dimensión desconocida encerrados en la 8ª dimensión que es a la que accede Banzai con su invento. Este hecho desencadena una especie de invasión alienígena un tanto descabellada y estúpida en la que Buckaroo y su grupo rockero harán todo lo posible por evitar. Además, un gran añadido es la amenaza de una segunda banda de extraterrestres que pretenden bombardear a los rusos e iniciar de esta forma una tercera guerra mundial si Buckaroo no derrota a los aliens convictos. Lo más gracioso es que todos los alienígenas “buenos” son negros rastudos con un claro parecido a Bob Marley.

Como podréis imaginar la cosa se desmadra bastante conforme avanza la película hasta tal punto que pierde todo significado cinematográfico y su guión se sustenta en cuatro caras de estreñimiento (bien puestas eso sí) del gran Buckaroo. Dentro de las fantasmadas podríamos destacar un par, como en la que Banzai roba una Harley Davison delante de sus dueños y estos se limitan a saludarle con la mano (no era un gesto amenazante, era un claro adiós acompañado por sonrisas complacidas). Más tarde en esa misma persecución, con nuestro Buckaroo a los mandos de la moto, intenta lucirse describiendo un círculo en el asfalto sin ningún tipo de objetivo, mientras los susodichos extraterrestres se le escapan.

La nombrada banda “Los chaquetas azules” está formada por un hombre y su hijo, este último es quien recoge las llamadas, ayuda a buckaroo, empuña rifles, retiene al malo de la película y hace la pelota al resto de los asistentes. El padre se limita a sonreír y a darle permiso al pequeño (de no más de 7 años) a ir en el coche supersónico (si, así lo llaman).

Teniendo ante nosotros a tal ejemplo de excelencia sobrehumana no podríamos pensar que la película nos deparara alguna sorpresa que supere lo visto: como siempre, nos equivocábamos. La sorpresa de la película es la aparición de Jeff Goldblum (si, el actor de “Jurassic park” y protagonista de su segunda parte) pero no su presencia, no, sino su atuendo. Acompañando al resto del equipo con un atuendo más que rockero y glamuroso (atención, estamos hablado de los 80) aparece nuestro amigo Jeff vestido de vaquero canadiense, con sobrero, camisa roja, chaleco, tejanos y esas perneras blancas con pelo de vaca… No fuimos los únicos a quien sorprendió ya que uno de los rockeros dice:

–          Tio, ¿En New Jersey vestís así?

A lo que Jeff contesta (con amplia sonrisa en la boca y gesto despreocupado)

–          Eres muy gracioso ¿no?

Escribiría y escribiría varias páginas resumiendo una y otra vez los grandes momentos de la película pero prefiero que los comprobéis vosotros mismos, eso sí, os dejo la escena de los créditos finales, un momento impagable.

Resumen:

Película ochentera plagada de fantasmadas y sin sentidos, una de las grandes del cine friki. A destacar su secuencia final de créditos con pasos de baile incluidos.

Melchian

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