Las comedias de terror: Leprechaun

A lo largo de la historia del cine dos de sus géneros más antiguos y prolíficos se han unido en numerosas ocasiones para solidificar, poco a poco, una nueva temática, las comedias de terror.

Este tipo de cine ya empezaba a asomar las orejas con los primeros cortos de animación de una primeriza Disney. Claros ejemplos son  “El baile de los esqueletos” (“The skeleton dance”) donde se presentan los tópicos más clásicos del cine de terror: arañas, gatos negros, búhos, la noche, luna llena, ramas que se creen brazos y sobre todo, esqueletos, la muerte. Al final todo el conjunto se convierte en un baile con las deformaciones y animaciones que le hicieron a Disney ganarse un lugar dentro del limitado universo de Hollywood.

Pocos años después se realizó “El doctor loco” (“The mad doctor”) también gracias a Disney. En este corto de animación se mantienen los iconos que se presentaron en “El baile de los esqueletos” añadiendo otros muchos como la casa encantada o la imagen de mad-doctor tan popular hoy en día en el género del terror.

A partir de este punto son numerosos los cortos de animación que aunaron estos dos géneros: “Hells bells”, “Skeleton frolics”, “Claws for alarm”, “Jeepers creepers” e incluso con protagonistas celebres como el pato Donald en “Truco o trato”.

Habrá que esperar hasta los sesenta para que se nos presente uno de los primeros largometrajes que unió de forma intencionada y satisfactoria estas dos temáticas. “La pequeña tienda de los horrores” fue, casi, la pionera en este nuevo género mixto que aunaba la imagen real, una planta mutante carnívora y mucho humor absurdo. Tanto gustó la idea que en 1986 se realizó un remake en el que se aumentó el toque de humor  y en 1996 se creó una serie animada relegando el terror a un aspecto casi circunstancial e inexistente.

En esa misma década otros dos grandes portentos saltaron a la palestra cinematográfica, “Mad monster party”, una reunión en stop motion de monstruos clásicos, y la inmejorable “El baile de los vampiros” donde la mezcla cuaja perfectamente y se da a conocer de una forma universal.

A partir de este momento el género encuentra en la serie b su trampolín hacía una elevada prolificidad. “Pesadilla en Elm street”, “El jovencito Frankenstein”, “The rocky horror picture show”, “Terroríficamente muertos”, “El ejército de las tinieblas”, “Critters”, “Gremlins”, “Ghoulies”, “Bitelchus” y así centenares de películas y de sagas que se aprovechaban de esta conjunción que tanto gustaba, de la misma manera a pequeños que a mayores.

Dentro del cine actual este género no ha muerto, sino que sigue reinventándose con “Shaun of the dead” o la muy reciente e igualmente increíble “Tucker and Dale vs Evil”. Incluso el cine patrio ha hecho una gran aportación al género teniendo en el punto de mira la casi omnipresente figura de Santiago Segura con “El día de la bestia”, “Una de zombis” o “Beyond re-animator”, la mayoría con menor acierto que el resto.

A pesar de toda la amalgama de películas disponibles solo unas pocas se mantienen fieles a la calidad que desprendían sus predecesoras de los sesenta o setenta dejándose llevar por la serie b y el “hacer rápido y mal” del terror de los 80.

Sin embargo, en la década de los 90, precedidas por “Gremlins” y “Critters” a las que seguramente les debe mucho, comienza una nueva saga de terror cómico que llega hasta nuestros días sin demasiados cambios apreciables. La saga a la que me refiero es la poco conocida “Leprechaun”, donde se explota el arquetipo de duende irlandés hasta convertirlo en un ser perverso, estrafalario, esperpéntico y muy divertido personajillo.

Lo increíble y fascinante de esta longeva serie es que sigue fiel a sus principios, manteniendo en su plantel al actor que encarna en cada una de las películas al magnifico duende, Warwick Davis, participante también en la saga de “Harry Potter”, “Las crónicas de Narnia” y “Star Wars” entre muchas otras.

Su triunfo se basa principalmente en llevar a cabo una historia insulsa, un guión lleno de lagunas, actores pésimos y un ritmo un tanto insustancial. La verdad es que se parece en gran medida a cualquier película de terror de serie b solo dedicada a fans acérrimos del género. Entonces, ¿qué tiene esta saga y sus películas para que guste medianamente a la gente en general y especialmente a los terrorfilos? La respuesta es clara, rápida y concisa, el Leprechaun. El solo levanta todas y cada una de las películas. Su personaje es tan carismático que aguantarás minuto tras minuto solo para descubrir que tontería, refrán o truco se le ocurre hacer a continuación.

La historia como he dicho antes no tiene mucha importancia. Para ser concretos, a lo largo de la saga, se contradicen a si mismos: los principios iniciados e implantados en una película no se mantienen en la siguiente, no solo no se mantienen sino que son contradichos una y otra vez. Acaban con el susodicho duende pero en el siguiente largometraje lo vuelven a revivir sin molestarse en dar ningún tipo de explicaciones, modifican su edad y su vestimenta entre otros muchos desfalcos, aunque sigue siendo el mismo ser despreciable que te había dibujado una amplia sonrisa en la primogénita película.

Los actores y actrices son de risa, incluyendo a Jennifer Aniston que protagoniza la primera película de la saga y para la que supuso su despegue como actriz. A pesar de que no repite en el resto, cosa que no creo que hubiera cambiado nada sino todo lo contrario, los actores y actrices contratados son peores que pegar una paliza a un clavo ardiendo. Terribles.

Y reitero, a pesar de todas las carencias, de todos los fallos, de la dejadez que se experimenta cuando sabes que estás viendo algo que no tiene absolutamente nada aprovechable, todo eso se olvida automáticamente cuando aparece el duendecillo saltando sobre esos tacones, gritando, riendo y soltado todas las barbaridades que se le ocurren. Es increíble la cantidad de refranes y rimas que se pueden oír en hora y media de metraje. Eso si, verla en versión original para apreciarlas en toda plenitud, un continuo chorreo de barbaridades.

Resumen:

Una saga casi atemporal que mantiene lo que en un principio la hizo famosa, diversión pura y dura. Si te gusta y tienes ganas de más recomiendo el visionado de “Rumpelstiltskin” otra película con más de lo mismo.

Melchian

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