Mind game

Lo reconozco, tengo un problema con el anime. La aversión que le proceso proviene seguramente de la gran cantidad de estereotipos que mezclan en casi todas sus historias, siempre las mismas caras, los mismos trazos, las mismas voces… y así sucesivamente hasta formar una lista enorme de señas repetitivas. Esto se une al claro machismo que  desprenden la mayoría de series y películas (más en las primeras), una velocidad de la trama pasmosa y una innovación casi nula. En definitiva, no se me hace nada atractivo perder varios días de mi vida en ver una de sus interminables series.

Esto, como todo, tiene sus excepciones. Existen dibujantes de anime que suelen sacar una o dos obras independientes, con carácter personal y que se alejan de las características tan marcadas de sus semejantes. Un ejemplo notable es el “Estudio Ghibli” que me ha enamorado con la mayor parte de las películas que Hayao Miyazaki ha dibujado y dirigido, sumando en últimas instancias a Hiromasa Yonebayashi, encargado de la última película de la empresa. El resto de trabajos que cuentan con mi devoción no vienen al caso pero si el que cierra la lista.

Mind game” es un largometraje de algo más de hora y media con un argumento difícil de explicar. No es por qué no exista o sea rebuscado o incluso se deje ver más bien poco a lo largo de todo el metraje, simplemente es porque la película te ofrece millones de cosas más en las que fijarte que la insignificante y muy bien llevada trama.

La película empieza con una serie de imágenes desordenadas a las que encuentras un sentido parcial, estas son seguidas por el título y podríamos decir que a partir de aquí empieza la película en sí. Nos presentan a un chico, frustrado dibujante de mangas, que se encuentra con su amor del instituto. Hasta aquí todo normal. Esta le invita a tomar algo a su propio restaurante y es allí donde la cosa se sale de madre. Triadas, muertes, sangre, dioses, ballenas y muchos disparates.

La película es una conjunción de numerosas técnicas de animación, el dibujo clásico, el stop motion, modificación de imágenes reales, grabados, blanco y negro… un enorme alarde de expresionismo plástico. Todo esto es acompañado por varios toques visuales que se repiten a lo largo del metraje: tenemos zonas muy oscuras, con grises, verdes y azules, escenas con tintes muy cálidos donde predominan los anaranjados, rojos y amarillos, otras muy coloristas donde tonos básicos y simples pero todos muy intensos se mezclan formando una escena surrealista e impresionante.

Los estereotipos mencionados anteriormente lejos de suprimirse se ensalzan intensamente transformando lo típico en algo raro y, en cierta manera, innovador. Las expresiones  “made in Japon” se tornan esperpénticas dotando a sus personajes de un contorno que se escapa al usualmente utilizado en el resto de trabajos del país nipón.

Todo esto hace que la película te atraiga y produzca un ensimismamiento tal que te abstrae de la realidad. Esto no decae hacia el final del metraje, su desenlace sobrepasa por completo las expectativas de cualquier espectador dejando el listón demasiado alto para que otra película del género mejore el resultado.

En conjunto nos queda un largometraje raro, divertido, con mucha impronta visual, con una historia surrealista de toque muy metafórico de la cual se desprenden conclusiones y moralejas para todos los gustos.

Resumen:

Película surrealista y experimental que mezcla la comedia con medias tintas de tragedia todo con una base de animación que se antoja increíble y aderezado con un humor sutil pero muy expresivo.

Melchian

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