Devil girl from Mars

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La década de los cincuenta, un caldo de cultivo perfecto donde nacieron miles de joyas cinematográficas que pasaron a engrosar las filas del vasto ejercito de la ciencia ficción. Desde “La mujer avispa” del incombustible Roger Corman, “Musarañas asesinas” y “Plan 9 from outer space” que rezuman cutrerío por doquier, hasta clásicos imperecederos como “La mosca”, “The blob”, o “El increíble hombre menguante”. Desde que se descubrió que un par de hilos podían hacer naves alienígenas o que el papel maché tenía infinidad de posibilidades plásticas nacieron miles de monstruos y extraterrestres que intentaron conquista una y otra vez la Tierra, casi siempre en Estados Unidos.

De entre toda esa parafernalia de ciencia ficción se alza un título que sirve para demostrarnos cuanto puede conseguirse con un bar, cartón-piedra e imaginación. “Devil girl from Mars” es la precursora de un subgénero que tendría su explotación en las décadas de los setenta y ochenta: la guerra interminable entre hombres y mujeres.

La película rompía la fijación extraterrestre con Washington situando el drama en un pequeño pueblo escoces donde un platillo volante aparecía dejando atónitos a los siete habitantes de una pequeña pensión. Su único tripulante humano era una mujer, de cuero de cabeza a los pies, se encontraba tras la búsqueda de especímenes masculinos que salvaran a su especie de la extinción. Esto era debido a que las mujeres habían, literalmente, aniquilado y esclavizado al sexo opuesto.

Este delirante y original argumento rompía los moldes del machismo tipificado de la época, aunque fuera en Marte, creando un grave contraste entre las historias alienígenas de misandria con la sumisión de la mujer con respecto al hombre que se dan en la propia pensión. Las tres mujeres que componen el elenco protagonista no pasan de desmayarse, llorar o esperar a que el hombre de turno las salve. Este caso no es aislado, es la tónica general de las películas de la época pero dadas las circunstancias argumentales de esta película resaltan todavía más si cabe.

En cuanto a la parte mas técnica del largometraje es casi olvidable, robots de cartón y cuadriculados, escenarios de estudio, murales que intentan parecer montañas y mansiones victorianas, rayos mortales de mercadillo, atuendos alienígenas reflectantes y superposición de imágenes un tanto descuidada. Eso si, hay que alabar el diseño y la puesta en movimiento del susodicho platillo volante, que aunque solo ocupe unos pocos minutos del metraje, esta bien llevado, con calidad y algo mas de seriedad que el resto de la película. No perderse la actuación de la visitante espacial, fría y altiva.

Las actuaciones son típicas y tópicas, nada nuevo. El científico resabidillo, el periodista de acción, galán y con cierto toque de héroe, el villano asesino que en realidad no lo es, el niño en peligro, la doncella modelo guapísima que no sabe tenerse en pie y la acérrima enamorada. De todas formas no rechina ninguna lo cual es de agradecer.

Resumen:

Película de ciencia ficción de los 50, eso lo dice todo. Hay que destacar ese toque prematuro de guerra sexista que tan común se hará 20 años más tarde.

Melchian

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