Hellraiser: Revelations

“Dicho de una obra cinematográfica o literaria y del género al que pertenecen: Que buscan causar miedo o angustia en el espectador o en el lector.”

Esta es la definición exacta que vincula la R.A.E. al adjetivo “terror”. La inclusión de esta explicación tiene un simple y llano porqué: recordar el significado exacto de dicho adjetivo al director, guionista y productores que han perpetrado “Hellraiser: Revelations”. Aprovechando que vamos encaminados…

“Miramiento, consideración, deferencia.”

Esta última es la corta y concisa definición de la palabra “respeto”, algo que han perdido los responsables de la “película” de marras tanto por Clive Barker como por la saga e incluso, por los incautos que la han visto.

El diccionario de la Real Academia de la lengua Española está plagado de descalificativos e improperios que podría incluir gustosamente en estas líneas pero  me conformo comentando la hora y media escasa de metraje que compone “Hellraiser: Revelations”. Que los hechos hablen por si solos.

Sin contar con el batiburrillo de polémicas, noticias y demás comentarios que la colocaban, en un principio, como remake del largometraje de 1987 se pueden ver claras reminiscencias hacía esa película de culto. ¿Qué reminiscencias? Un hombre intenta huir de unos seres retorcidos y sanguinarios que intentan inducir dolor eterno… eso es… ahora sustituir al hombre por un mocoso drogadicto y cansado de una vida acomodada, un amigo estúpido, una familia asquerosa y un mendigo psicópata.

Básicamente la película empieza con una grabación casera de los dos estúpidos de turno huyendo de sus padres y camino de Mexico. Allí encontraran a un mendigo que les dará la caja rompecabezas, liberaran a los cenobitas y se armará la gorda.

Las actuaciones son de risa, esperpénticas y sobreactuadas, inexistentes, de mercadillo; la fotografía es de serie Z,  oscura, poco definida; la técnica está desaparecida, nadie la ha visto y, me temo, que el director ni siquiera se ha planteado en ir a buscarla; el guión es una especie de mezcolanza agridulce con cierto final muy desesperanzado entre un alocado drama adolescente y la película de 1987… nada bueno puede salir de un libreto como ese.

Un tema aparte merecen los cenobitas, esas oscuras criaturas que le dan la magia a la película. Sinceramente no he podido acostumbrarme a ver a Pinhead sin Doug Bradley y menos aun sustituido por el papanatas de turno. Además la caracterización es basta y poco cuidada. El resto están bastante bien, se agradece volver a ver alguna cara conocida que se había perdido entre las interminables películas que componen la saga y, sobre todo, es del todo curioso poder asistir al nacimiento de Pinhead “Junior”… todo un despropósito de serie Z.

Resumen:

Hay películas de terror malas pero ninguna ha tratado con tan poco respeto a una saga encomiable como esta. Desastrosa, chapucera y completamente innecesaria.

Melchian

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