The artist

En los años 20, la unión de la popularización del cine junto con la necesidad de evasión por parte de la población para intentar inhibirse de la incipiente crisis económica, convierte el entretenimiento cinematográfico en un pasatiempo bullente. Es en esa época donde un nuevo universo, en blanco y negro y carente de sonidos, embelesa a los nuevos cinéfilos.

Ahora, en pleno 2012, donde la hegemonía de Hollywood es casi universal, donde las ideas originales que planteen películas impredecibles parecen no tener lugar, un mundo en el que los efectos especiales, la automatización, los ordenadores, el 3D, las nuevas tecnologías en imagen y sonido son el pan de cada día… ha sido Europa la que ha brindado cierta luz. Y no deja de ser irónico que ese atisbo de cine diferente, en cierto modo original, se plantee en un formato obsoleto, de hace casi un siglo.

The artist” se presenta como una de las piezas imprescindibles de los últimos años. George Valentin, un afamado actor mudo vive en sus propias carnes como la llegada del sonido a la industria cinematográfica lo relega al olvido. Esta pequeña premisa que ya ha sido explotada antes en numerosas producciones, como en la famosa “El crepúsculo de los dioses”, sirve de encabezado y flujo de una de las mejores películas del panorama fílmico actual.

Esta producción se presenta en blanco y negro, además de prescindir del sonido en la mayoría del metraje. ¿Qué queda en una película cuando se prescinde del color, de las explosiones, del sonido, de las voces de los actores, de la espectacularidad visual? Los actores. Esas personas que a menudo son los protagonistas olvidados de las películas vuelven a retomar su papel imprescindible. Ellos son los que sustentan la película.

Jean Dujardin, interpretando a Valentin, brilla con luz propia. Cada gesto, cada “mueca” crea un personaje real. Parece que haya sido arrancado de uno de los fotogramas de una película olvidada de hace 80 años. Sus gestos denotan el carisma necesario en el primer tercio de la película creando un personaje afable e incluso algo engreído. Es el prototipo de estrella Hollywoodiense.  En cambio, conforme pasan los minutos se puede percibir un cambio gradual en su actuación. Se acomoda al ritmo de la película ofreciendo lo que su papel le exige en cada minuto. Podemos encontrar un personaje alegre, que te arranca un par de sonrisas para luego transformarse en un ser acabado, orgulloso, detestable.

Bérénice Bejo en cambio realiza un trabajo pasable, no destaca. Quizás por que el protagonismo recae casi al cien por cien en su compañero. Parece que los acontecimientos pasen a su alrededor sin que ella los busque. Simplemente esta. También tienen su pequeño papel grandes de la pantalla como John Goodman, Malcolm McDowell o James Cromwell.

Dejando a un lado la parte más personal nos encontramos con una película plagada de metáforas, imágenes, guiños. La factura técnica es muy buena y la fotografía destaca por encima de lo demás. Hay un momento en el que se ve a Valentin sentado en un sillón quemado, rodeado de su vida destrozada, uno de los momentos cumbres de la película y el que más transmite al espectador. Pena, reproche, culpa, nostalgia, cansancio, pérdida. Increíble.

El sonido, o la ausencia de él, se transforman en un personaje más en esta película. El metraje esta acompañado por una banda sonora orquestal que ayuda a ambientar de una forma muy efectista. Sin embargo existen momentos en los que la música deja de sonar, quedando la película completamente en silencio, pero, la acción sigue su curso. Es en esos momentos en los que aguantas la respiración como si algo terrible fuera a pasar y te das cuenta de lo expresivo que es el silencio. Magistrales son también los dos momentos concretos en los que el sonido hace acto de presencia. Lástima el final.

Una película increíble que devuelve al público la posibilidad de disfrutar de los actores, personajes desnudos sin explosiones, efectos ni artificios. Cine en estado puro. Por una vez, la academia ha acertado.

Y no os preocupéis por si al terminar la película vuestros pies se mueven con cierto ritmo, es normal:

Resumen:

Cita de obligado cumplimiento para todo amante del séptimo arte. Sentimientos expresados únicamente con el arte de la actuación, cine desnudo. Una obra de arte.

Melchian

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