The woman in black

El otro día, y tras hacer un increíble esfuerzo para dejar atrás mis prejuicios, decidí ponerme con la última película de la Hammer. Para no variar el proyecto era un remake de un film de 1989, también ingles y del mismo título, “The woman in black” o “La mujer de negro” para los hispanohablantes. Además, el argumento en sí estaba sacado de un libro homónimo. Así que original, lo que es original tenía poco.

Además, para más males, su protagonista no era otro que Daniel Radcliffe, ese pequeño mago que intenta quitarse el tufillo a Harry Potter como puede, sin mucho éxito.

En sí el argumento de la película es bastante típico: una casa con maldición incluida y un extranjero (Harry Potter) que va allí a meter el dedo en la llaga. Los lugareños intentan que se vaya para evitar muertes innecesarias pero parece que a nuestro aprendiz de mago le cuesta que le lleguen las ideas al cerebro. Así se cocina hora y media de imperturbabilidad cinematográfica y personal aderezada con unos cuantos infanticidios.

Básicamente la película se puede dividir conceptualmente en dos bloques. En uno tenemos la ambientación, típica de la Hammer. El punto fuerte: paisajes abiertos, brumosos, húmedos; la casa victoriana, abandonada; sombras por doquier, oscuridad estratégica. Un compendio de preciosistas paisajes y tenebrosos lugares. Punto y aparte merece la casa en cuestión, sobre todo el “pantano” que la rodea formado por una estrecha carretera que atraviesa fangosas aguas y que se cubre cada cierto tiempo desapareciendo por completo. Un ejercicio impresionante en cuanto a ambientación se refiere.

En el otro bloque tenemos todo lo demás. Comenzando por la historia que es algo manida y usada, repetitiva e incluso en algunos momentos aburrida. Los roles que juegan los protagonistas y personajes son sabidos y nada sorpresivos. Todo el mundo sabe por qué los lugareños se comportan como se comportan, que Harry Potter va a ir a esa casa aunque le corten las dos piernas y que el fantasma va a seguir matando una y otra vez por mucho que te digan que se ha ido.

Consideración aparte merece ese joven mago, ese Radcliffe imperturbable. A pesar de que no parece un tipo con edad suficiente para tener un hijo y haber perdido a su esposa (venga ya, si solo se le asoma una pequeña barba chuminera) nos abruma con un despliegue casi imperceptible de interpretación ardua y consciente. Vamos, que se limita a poner cara de árbol seco, abrir esos ojos azules y balbucear. Eso sí, la cara esa que pone de colapso mental está muy bien conseguida. Al final consigue crear un  personaje que da más risa que temor. Verle correr por la casa en busca de la mujer infanticida supone un ejercicio de contención de risa bastante notable, sobre todo porque te esperas que en cualquier momento saque la varita para gritar ¡Expelliarmus! Pero parece que en esta ocasión se la ha olvidado en casa.

A pesar de todo esto y tras un esfuerzo para olvidar todos esos fallos y técnicas que tanto gustan a los directores de películas de terror de la última década (subidas de sonido, caras fantasmales con muecas y gritos hacia la cámara) consigues disfrutar de la película, pero no os engañéis, no es gracias a Harry, ni a la historia, ni a la dirección, sino a esa enorme y majestuosa ambientación que os hace meteros en la trama cada vez que uno de los chascos anteriores os da una patada en el culo.

Resumen:

Película típica de fantasmas y casas encantadas con un protagonista, Potter, indescriptiblemente horroroso. Solo fijarse en los paisajes y en la ambientación que es lo único salvable.

Melchian

Anuncios