Ciclo cine friki: Vampira (Old Dracula)

Año 1975, Transilvania, castillo del conde Drácula, sala de estar. Una fina copa de cristal mece suavemente el sabroso líquido rojo. Un sorbo. La luz de las velas baña la estancia con una tenue luz.

–          Señor Drácula, ya he arreglado el generador. ¿Doy las luces?

–          Si por Dios. Con estas velas no se puede ver nada.

Este el primer dialogo que escuchamos en esta singular “parodia” del clásico mito de Drácula titulada en España “Vampira”. Con solo echar un rápido vistazo al argumento se hace fácil ver el porqué de encontrarnos ante una de las películas más frikis de la historia del cine:

El conde Drácula recibirá en su castillo turístico a una pequeña reunión de conejitas Playboy en busca del grupo sanguíneo concreto (000) para resucitar a su amada que lleva 50 años muerta.

Dentro de lo que cabe no es una sinopsis tan disparatada, pero tras ver que la mezcla de sangre que le devuelve la vida a la condesa hace que su piel se tiña de un color más negro que el ébano cambiamos de opinión rapidísimamente.

Y es que está película nació de la exitosa “El jovencito Frankenstein” tal y como nos muestra su título original “Old Dracula” con ese juego de palabras no tan ingenioso y, por lo tanto, intenta seguir esa línea paródica que tan buen resultado dio a la anterior. A parte del mencionado dialogo de las velas, que ya nos enseña por donde va a ir la película, tenemos infinidad de situaciones un tanto vergonzantes como la de la condesa negra bailando al estilo disco o la escena del avión. El resto de la película esta plagada de gags un tanto cutres y sin sentido que la convierten en la hora y media más hilarante del cine. Desde control telepático, palizas a ladrones, conversiones en murciélagos, sexo, infinitos guiños a la mitología de los vampiros, colmillos-jeringuillas  y un mayordomo cachondo.

Aunque parezca increíble, el argumento se vuelve cada vez más inverosímil desembocando en un final apoteósico. Tras perseguir a las conejitas durante varios días por el Londres moderno, Drácula consigue obtener la sangre que devolverá a la condesa a su estado original aunque esta no este muy por la labor. El único problema es que cuando se esta realizando la transfusión esta muerde a Drácula que queda convertido en el segundo Drácula negro de la historia del cine. Al final acaban escapando de una muerte segura gracias a esta condición y ponen rumbo a Transilvania, o a Rio de Janeiro como muy bien ofrece el mayordomo.

La verdad es que es una película que deja sin palabras, demasiado absurda y surrealista como para que nadie la tome en serio. Si a esto le sumas unas actuaciones deplorables, salvando la de Drácula y su mayordomo, un ritmo inexistente y un decorado tipo cartón piedra se convierte en un muy mal viaje.

Resumen:

Chistes malos, argumento surrealista, diálogos absurdos y mucha, mucha vergüenza. Se tiene que ver aunque sea solo por la presencia de ese Drácula negro de betún.

Melchian

 

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