The tall man

 

El mayor enemigo del cine no es ni la piratería ni los precios abusivos, ni siquiera la falta de ideas originales que tanto se le achaca al gran gigante Hollywoodiense últimamente. Hoy en día existe un mayor enemigo al que nos enfrentamos los amantes del séptimo arte. No es más ni menos que la publicidad, los trailers mal llevados, esos cinco minutos que te destripan una película dejando a la versión integra como un mero instrumento para rellenar huecos. Y es que la forma de enfocar la publicidad de una película puede llevar a grandes confusiones, esperanzas irreales y, sobre todo, expectativas que no están destinadas a cumplirse.

La última victima de la publicidad engañosa ha sido “The tall man”, o “El hombre de las sombras” en España. Tanto vía internet, en revistas especializadas y artículos ha sido vendida como una película de terror sobrenatural. Incluso la mayoría de las sinopsis que puedes encontrar sobre ella crean una especie de aura fantasmal. A pesar de ello, si somos algo más meticulosos y buscamos entre los géneros en los cuales esta enmarcada nos llevamos una sorpresa, “Thriller”, “Suspense”, algún despistado la sigue enmarcando en “Terror” y “Fantasmas” sin saber que no hace más que confundir al personal.

The tall man” se aleja del terror tanto como se lo permite su director, Pascal Laugier, que ya nos sorprendió con una de las películas mas impactantes del cine galo, erigiéndose como un largometraje de suspense dramático tortuoso, oscuro, enigmático y algo forzado.

La película nos cuenta la historia de Cold Rock, un pequeño pueblo al norte de EE.UU, rodeado de montañas, barro y pinos, muchos pinos. Allí el cierre de la mina supuso el comienzo de la decadencia de sus habitantes y una larga y dolorosa desaparición de niños. Julia, la enfermera del pueblo, vive tan tranquila hasta que su propio hijo desaparece. Todas las pistas apuntan al “hombre alto”, una figura misteriosa y fantasmal.

Así comienza la trama comercial y publicitaria que se va deshaciendo a cada minuto que pasa. Y es que a lo largo de las casi dos horas de metraje existen cambios en la historia tan drásticos que pueden provocar nudos indeseados en las neuronas de los espectadores más flexibles. Los roles de “bueno” y “malo” se intercambian más rápido que un cromo en un patio de recreo dejando al final la endeble ilusión de que todos son buenos y malos o que en realidad no lo es nadie y que el director ha querido tomarte el pelo durante dos horas.

Al final, cuando los créditos aparecen, te da igual todo, quien es el “hombre alto”, donde están los niños o lo que les pueda pasar a esa gente de Cold Rock.

Lo salvable, y el único impedimento para que apagues el televisor, es la fotografía. El entorno rezuma “Twin Peaks” por los cuatro puntos cardinales. Montañas oscuras, vastos bosques de pinos negros que no dejan pasar la luz, barro, lluvias y nubes. Todo ello logra crear un ambiente decadente y opresivo que es acentuado por la oscuridad de la noche en la que transcurre la mayor parte del film.

Las actuaciones son pasables llegando en algún momento a parecer forzadas, sobre todo la de la protagonista. Este es una de esas películas en la que los secundarios brillan más que los actores principales dejándote un sabor de boca un tanto agridulce.

Pero sobre todo lo demás, engaños publicitarios, tramas locas e indecisas, actuaciones mejorables, sobresale ese final, esos últimos minutos con dialogo filosófico, esa verdad que ha estado subyacente durante todo el metraje y a la que dotas de un misticismo fantasioso, y  donde en realidad no hay más que la trama de un telefilm dominguero de sobremesa.

Resumen:

Golpes de efecto desaprovechados mientras unos tipos locos y deprimidos luchan por recuperar a sus hijos perdidos y un poco de su cordura. Solo apta para aquellos que no den demasiadas vueltas a las tramas inverosímiles.

Melchian

Anuncios