Ciclo cine friki: Gyo, Tokyo fish attack

 

El género de la animación japonesa es amplio, vasto y un tanto extraño. Desde las comedias románticas; donde ves mas bragas que en un catalogo de Woman secret; hasta los seriales de samuráis, demonios y espadas; donde los capítulos no cuentan nada y sueñan con hacer la serie de los mil episodios; puedes encontrar  cualquier tipo de historias, incluso las más descabelladas.

Dentro de lo más absurdo y surrealista del mundo Nipón podía destacar “Mind game”, una especie de adaptación mafiosa de “Pinocho” con líneas temblorosas y colores psicodélicos, o con “Bobobo” una serie carente de cualquier tipo de argumento meramente razonable.  Pero ninguno de estos ejemplos ni otros que pudiera conocer me habrían podido preparar para lo que me deparaba “Gyo: Tokyo fish attack”.

Gyo” es una mezcolanza de tópicos japoneses modernos: esta la tía guarrona que enseña culo y tetas, la lista y la otaku, escenas de enajenación transitoria, moralinas de cuento infantil, monólogos sin destinatario e incluso científicos locos. A todo esto se le añade cierto toque de  película de terror de animales asesinos, un poco de suspense de la segunda guerra mundial y tienes un producto friki que hará las delicias de una pequeña minoría y provocará la vergüenza ajena, el vómito y la repugnancia más escandalosa del resto.

Y es que la película empieza normalilla (dentro de lo que cabe). Unos peces un tanto malolientes y con patas de metal cual insecto invaden la costa molestando a un trio de amigas un tanto aburridas. Aquí es cuando empiezas a fijarte en cada una de las deficiencias que presenta el film; desde un guión horrible e infantil hasta un dibujo simple, descuidado y muy escueto.

Cuando la trama empieza a coger carrerilla y descubres que Tokyo esta siendo invadida por tiburones gigantes con patas metálicas, entre otros pescutes más, comienzas a darte cuenta de lo que estas viendo. Ahí va la primicia. Los peces están mutando controlados por una bacteria que al inocularse en un ser vivo hace que este comience a producir un gas a apestoso que, como repiten en la película un millón de veces, se parece al de un cadáver en putrefacción.

Si la cosa no estaba lo suficientemente movida lo estará cuando te des cuenta de que esa bacteria infecta a los humanos haciendo que todos parezcan clones verdes, hinchados y con un problema de gases preocupante. Dicho gas es utilizado por los “afectados” para mover por presión las patitas metálicas de marras. Ahora bien, si esto no os traumatiza de por vida esperar a ver un ejercito de obesos verdes en camillas “arácnidas” y sodomizados con tubos mientras marchan emitiendo sonidos guturales.

Y como una imagen vale más que mil palabras…

Aquí tenemos a una mutante expulsando ese maravilloso y putrefacto gas…

Un mutante al detalle. Decir que esos mismos tubos los tiene también en el culo… toda una delicia.

Y hala mutantes, toma ejercito verde y apestoso… ni que los regalaran con el periodico oigan.

Resumen:

Frikeza un tanto asquerosa y repugnante en el sentido más completo de la palabra. No se salva ni el guion ni el dibujo ni, por supuesto, la historia.

Melchian

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