Curiosidades


Esto lo he visto antes… “El humanoide” y “Star wars”

El cine italiano, en el ámbito del terror y la ciencia ficción y sobre todo en los años 70 y 80, se caracterizaba por un subgénero muy odiado o muy alabado. Estamos hablando de las películas de exploitation, largometrajes que se valen de la fama películas anteriores copiando escenas, personajes, títulos e incluso la trama entera.

Dentro de la exploitation, no solo de la italiana, podemos hablar de numerosos grupos como la  blackexploitation, con películas como “Blacula” o “Dracula negro” y “Abby” exploitation del exorcista. Algunos de los mejores ejemplos de exploitation italiana tienen como objetivo películas estadounidenses bastante afamadas como “Tiburón”  cuyas exploitations son infinitas, o el mundo de los zombies con secuelas no oficiales de películas de Romero.

Dentro de la ciencia ficción la película que mas acapara las exploitations es, como no, “Star wars”. De esta existe una versión italiana que sigue al pie de la letra todas y cada una de normas de una buena exploitation, “El humanoide” o “L’umanoide”.

Este largometraje de ciencia ficción italiana nos sitúa en Metrópolis donde reina la paz y se reniega de la guerra. Su máximo dirigente, llamado “Gran hermano”, exilió hace mucho tiempo a su hermano de sangre ya que tenía unas tendencias un tanto psicópatas. Cual es su sorpresa que, al cabo de unos años, el hermano sádico regresa con un ejercito de mutantes (los humanoides) indestructibles con el único objetivo de conquistar metrópolis.

Una vez expuesto el argumento vayamos a por las coincidencias…

–          Empecemos con las letras de la introducción que te ponen en situación con el argumento de la película y te avisan de lo que vas a ver…

–          Nada más empezar la película aparece la primera nave enfocada en un plano que ya hemos visto antes…  pero no solo eso… sino que la nave en si es un destructor imperial exacto.

–          El hermano malvado y sádico viste una túnica negra, con un panel de control en el pecho y un casco un tanto oriental… solo le falta la voz robotizada.

–          El planeta de los “buenos” se parece enormemente al paisaje desértico de Tatooine donde vive Luke Skywalker.

–          La princesa Leia de turno…

–          Los soldados rasos del malo malísimo tienen cierto parecido a los “Stormtroopers” pero en negro.

–          El Gran hermano tiene un soldado especial (que es quien reparte las ostias a los malos) que hace el papel de Luke.

–          Los androides no faltan y en este caso se sustituye a R2D2 por un perro robótico que emite los mismos sonidos que la cafetera de “Star wars”.

–          Sustituyen las espadas de luz por flechas de luz que se disparan desde arcos cristalinos por dos misteriosos personajes con poderes sobrenaturales… es decir, los hermanos cutres de los jedis.

–          La famosa escena de Luke en la torreta del Halcón Milenario disparando a troche moche contra las naves del imperio… también… idéntica.

–          ¿No os suena esta escena? El pasillo… Darth Vader…

–          Este pasillo se reutiliza numerosas veces protagonizando una de las mas grandes plagiadas de la película… la lucha entre los stormtroopers contra Luke y su equipo… Por cierto, los laseres tienen exactamente el mismo sonido que en “Star wars”.

–          En la lucha final sustituyen las espadas de luz por… manos de luz…

–          Al acabar la pelea, el hermano sádico, malo donde los haya, se desvanece quedando en el suelo únicamente su ropa. ¿Un guiño a la muerte de Obi-Wan Kenobi?

A pesar de todas estas coincidencias el visionado de la película se hace muy pero que muy ameno. Los efectos especiales son decentes, las actuaciones no destacan por su cutrez, la fotografía no es mala y el guion, y sus frases estúpidas con moralejas infantiles que no vienen a cuento, centra lo peor de toda la película.

Resumen:

Palabras imposibles, explosiones, laseres, androides y mutantes se dan cita en una de las mayores exploitations italianas. Si George Lucas dejara de hacer gilipolleces con la franquicia y levantara cabeza… seguro que les pedía derechos de autor.

Melchian

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Las comedias de terror: Leprechaun

A lo largo de la historia del cine dos de sus géneros más antiguos y prolíficos se han unido en numerosas ocasiones para solidificar, poco a poco, una nueva temática, las comedias de terror.

Este tipo de cine ya empezaba a asomar las orejas con los primeros cortos de animación de una primeriza Disney. Claros ejemplos son  “El baile de los esqueletos” (“The skeleton dance”) donde se presentan los tópicos más clásicos del cine de terror: arañas, gatos negros, búhos, la noche, luna llena, ramas que se creen brazos y sobre todo, esqueletos, la muerte. Al final todo el conjunto se convierte en un baile con las deformaciones y animaciones que le hicieron a Disney ganarse un lugar dentro del limitado universo de Hollywood.

Pocos años después se realizó “El doctor loco” (“The mad doctor”) también gracias a Disney. En este corto de animación se mantienen los iconos que se presentaron en “El baile de los esqueletos” añadiendo otros muchos como la casa encantada o la imagen de mad-doctor tan popular hoy en día en el género del terror.

A partir de este punto son numerosos los cortos de animación que aunaron estos dos géneros: “Hells bells”, “Skeleton frolics”, “Claws for alarm”, “Jeepers creepers” e incluso con protagonistas celebres como el pato Donald en “Truco o trato”.

Habrá que esperar hasta los sesenta para que se nos presente uno de los primeros largometrajes que unió de forma intencionada y satisfactoria estas dos temáticas. “La pequeña tienda de los horrores” fue, casi, la pionera en este nuevo género mixto que aunaba la imagen real, una planta mutante carnívora y mucho humor absurdo. Tanto gustó la idea que en 1986 se realizó un remake en el que se aumentó el toque de humor  y en 1996 se creó una serie animada relegando el terror a un aspecto casi circunstancial e inexistente.

En esa misma década otros dos grandes portentos saltaron a la palestra cinematográfica, “Mad monster party”, una reunión en stop motion de monstruos clásicos, y la inmejorable “El baile de los vampiros” donde la mezcla cuaja perfectamente y se da a conocer de una forma universal.

A partir de este momento el género encuentra en la serie b su trampolín hacía una elevada prolificidad. “Pesadilla en Elm street”, “El jovencito Frankenstein”, “The rocky horror picture show”, “Terroríficamente muertos”, “El ejército de las tinieblas”, “Critters”, “Gremlins”, “Ghoulies”, “Bitelchus” y así centenares de películas y de sagas que se aprovechaban de esta conjunción que tanto gustaba, de la misma manera a pequeños que a mayores.

Dentro del cine actual este género no ha muerto, sino que sigue reinventándose con “Shaun of the dead” o la muy reciente e igualmente increíble “Tucker and Dale vs Evil”. Incluso el cine patrio ha hecho una gran aportación al género teniendo en el punto de mira la casi omnipresente figura de Santiago Segura con “El día de la bestia”, “Una de zombis” o “Beyond re-animator”, la mayoría con menor acierto que el resto.

A pesar de toda la amalgama de películas disponibles solo unas pocas se mantienen fieles a la calidad que desprendían sus predecesoras de los sesenta o setenta dejándose llevar por la serie b y el “hacer rápido y mal” del terror de los 80.

Sin embargo, en la década de los 90, precedidas por “Gremlins” y “Critters” a las que seguramente les debe mucho, comienza una nueva saga de terror cómico que llega hasta nuestros días sin demasiados cambios apreciables. La saga a la que me refiero es la poco conocida “Leprechaun”, donde se explota el arquetipo de duende irlandés hasta convertirlo en un ser perverso, estrafalario, esperpéntico y muy divertido personajillo.

Lo increíble y fascinante de esta longeva serie es que sigue fiel a sus principios, manteniendo en su plantel al actor que encarna en cada una de las películas al magnifico duende, Warwick Davis, participante también en la saga de “Harry Potter”, “Las crónicas de Narnia” y “Star Wars” entre muchas otras.

Su triunfo se basa principalmente en llevar a cabo una historia insulsa, un guión lleno de lagunas, actores pésimos y un ritmo un tanto insustancial. La verdad es que se parece en gran medida a cualquier película de terror de serie b solo dedicada a fans acérrimos del género. Entonces, ¿qué tiene esta saga y sus películas para que guste medianamente a la gente en general y especialmente a los terrorfilos? La respuesta es clara, rápida y concisa, el Leprechaun. El solo levanta todas y cada una de las películas. Su personaje es tan carismático que aguantarás minuto tras minuto solo para descubrir que tontería, refrán o truco se le ocurre hacer a continuación.

La historia como he dicho antes no tiene mucha importancia. Para ser concretos, a lo largo de la saga, se contradicen a si mismos: los principios iniciados e implantados en una película no se mantienen en la siguiente, no solo no se mantienen sino que son contradichos una y otra vez. Acaban con el susodicho duende pero en el siguiente largometraje lo vuelven a revivir sin molestarse en dar ningún tipo de explicaciones, modifican su edad y su vestimenta entre otros muchos desfalcos, aunque sigue siendo el mismo ser despreciable que te había dibujado una amplia sonrisa en la primogénita película.

Los actores y actrices son de risa, incluyendo a Jennifer Aniston que protagoniza la primera película de la saga y para la que supuso su despegue como actriz. A pesar de que no repite en el resto, cosa que no creo que hubiera cambiado nada sino todo lo contrario, los actores y actrices contratados son peores que pegar una paliza a un clavo ardiendo. Terribles.

Y reitero, a pesar de todas las carencias, de todos los fallos, de la dejadez que se experimenta cuando sabes que estás viendo algo que no tiene absolutamente nada aprovechable, todo eso se olvida automáticamente cuando aparece el duendecillo saltando sobre esos tacones, gritando, riendo y soltado todas las barbaridades que se le ocurren. Es increíble la cantidad de refranes y rimas que se pueden oír en hora y media de metraje. Eso si, verla en versión original para apreciarlas en toda plenitud, un continuo chorreo de barbaridades.

Resumen:

Una saga casi atemporal que mantiene lo que en un principio la hizo famosa, diversión pura y dura. Si te gusta y tienes ganas de más recomiendo el visionado de “Rumpelstiltskin” otra película con más de lo mismo.

Melchian

Peores películas de la historia: Agresión en la casa del terror

Desde los años 70 la industria del cine ha crecido de manera exponencial hasta nuestros días. En los años 50 y anteriores para hacer una película era necesario uno de los pocos monstruos productivos de la época. La inversión privada era casi nula. Estos factores provocaban unos números bastante reducidos en cuanto a la cantidad de largometrajes, pero también, la calidad de la mayoría de ellos era bastante decente.

Actualmente cualquier persona puede hacer una película juntándose unos amigos con unos pocos euros. Un caso bastante extremo es el de la reciente “Paranormal activity” que con 15.000 dólares de presupuesto consiguió recaudar más de 100 millones de los mismos solo en salas estadounidenses.

Al contrario que sucedía en los 50 el panorama fílmico actual contiene películas para todos los gustos de casi infinitas temáticas, estilos y géneros. Las películas realizadas son mucho mayores que entonces con la casi indudable pérdida de calidad cinematográfica. Y es que echando un vistazo general este aumento de producciones nos ha dejado películas que desbancan los clásicos tópicos y eufemismos del cine clásico.

Un claro ejemplo es el caso de la considerada peor película del mundo, la archiconocida “Plan 9 from outer space”, un título de culto. Cuando hablamos de cine y sale el tema siempre me quedo un tanto ofuscado. Si, hace 40 años podría ser la peor, pero actualmente tenemos films que le dan 50 vueltas en cuanto a cutrez, tanto argumentativa, artística y dramática. Ejemplos hay muchos: “Deadhunter: Sevillian zombies” es un claro ejemplo de una película de las nombradas características, o “Dard divorce”, producción alemana de gore mal hecho… La lista podría hacerse interminable, y es que hay miles o millones de largometrajes de este estilo.

Uno que he descubierto recientemente y que me ha hecho plantearme todas estas cosillas que os he expuesto antes ha sido “Boarding house” o “Agresión en la casa del terror”, producción estadounidense de principios de los ochenta que narra las desventuras de una panda de tipas en bañador en una casa con poderes sobrenaturales.

La película en si es mala, malísima, pero no mala del tipo graciosa, no, al terminarla sientes ganas de acabar con la vida de su director, los actores, el encargado de fx, el cámara o incluso del tipo que les traía los cafés. Además te consuela pensar que seguramente te agradezcan que acabes con sus vidas.

Las escenas y su desarrollo son inconexas, no te enteras de la historia principal, y de las historietas secundarias de cada uno de los personajes todavía menos.  Sus efectos especiales son de risa, una sombra tipo manta fantasmal para la casa, efecto electrocutamiento hecho con la luz de una linterna, miradas perdidas directamente a la cámara, medio cerdos mutantes (lo de “medio” es porque el actor que hace de ellos solo tiene caracterizada la mitad de su cuerpo), planos inventados que descuadran la dinámica y que se acercan más a un video casero que a una película “profesional”  y así un sinfín de cosas.

Los actores, o mejor dicho, actrices (ya que el género femenino es el que abunda en la mayor parte del film), son penosas, sobreactuadas, solo están allí para enseñar cacho y ponérsela dura al protagonista. También son abundantes las roturas del espacio-tiempo; de vez en cuando se hace de día y al segundo es de noche, o la casa se encuentra en una urbanización y al segundo aparece un enorme cementerio a su vera libre para que las protagonistas corran en ropa interior.

A pesar de todo esto las muertes son las que más grima dan (y eso que hay pocas). Lo que más te sorprende de ellas es que parece que no ocurren, el impacto que generan en el resto de inquilinos de la casa es mínimo. Esto último quizás sea porque cada vez que muere una fémina es sustituida mágicamente por otra sin explicar de dónde sale, solo por hacer bulto, ya se sabe que el número de chicas no puede ser inferior a 10 en una película de este estilo.

Y así, suma que suma, la cantidad de improperios que puedes aguantar en más de hora y media (¡más de hora y media!) se ve sobrepasado por mucho cuando ves aparecer las letras de créditos finales. Es entonces cuando le pides disculpas al señor Ed Wood e incluso a Uwe Boll, (si, a este último también) mientras la lista de peores películas jamás rodada se corre un puesto, dejando el número  uno a esta maravillosa y fantástica producción.

Atentos al principio de la película, donde un narrador misterioso nos avisa:

–          Señoras y señores, una advertencia, para proteger a los propietarios de las salas cinematográficas y a los que han realizado esta película en “Horrorvisión”, los espectadores que padezcan de los nervios o del corazón deberán taparse los ojos y los oídos cada vez que este objeto parezca en la pantalla (guante negro gigante que ocupa toda la pantalla) o cada vez que se escuche este sonido (sonido misterioso de fondo). Gracias.

Gracias por la advertencia, ahora veremos la película mucho más tranquilos.

Resumen:

Algo horrendo, horripilante, desastroso, catastrófico, algo para el que la RAE deberá crear nuevos adjetivos.

Melchian

Ciclo cine friki: Las aventuras de Buckaroo Banzai a través de la octava dimensión

Pensando una tarde de domingo fui consciente de la cantidad ingente de cine palomitero que existe y cuyo único propósito es hacer perder el tiempo a la gente. El quiz de la cuestión es que estas películas sobreviven al paso del tiempo mejor que cualquier otra y, lo que es peor, aumentan en calidad frente a los ojos de los millones de fans que las secundan, se compran camisetas, hacen festivales absurdos y se disfrazan en Halloween de su personaje favorito. Estoy hablado del archiconocido cine “friki”.

Para los frikicinéfilos, entre los que me encuentro, no hay mejor momento que sentarse en el sofá con unos amigos con palomitas y cerveza (refresco edulcorado en sustitución) en mano y darle al play para que comience una hora y media de fantochada tras fantochada. En conmemoración a todas estas películas inservibles y deplorables para la mayor parte de la humanidad, elixir y santo grial para otros, he decidido hacer un pequeño ciclo en el que se intentarán recoger algunas de ellas. Comencemos…

Existen una serie de patrones o reglas, llamémoslas reglas, si, como las de los gremlins, que hacen que una película se alce dentro del glamour barriobajero del cine “friki”. Para los entendidos les parecerán familiares  y seguro que me ratificarán, al resto os sonarán a chino y me tildaréis de loco (no os quito la razón) pero solo tendréis que ver un par de las películas que os voy a resumir para darme la razón también.

Dentro de estas reglas una de las más importantes es que la película se haya rodado dentro de las décadas de los 70 u 80, siendo esta última la más prolífica de las dos. Además, el personaje debe de ser carismático, todopoderoso, universal y encima tiene que darse cuenta de que lo es. También un gran punto a favor es que deben de reunirse varios tópicos en el argumento, aliens y zombies, vampiros y payasos, artes marciales y viajes espaciales… Una de las películas que cumple a perfección con todas estos puntos es “The Adventures of Buckaroo Banzai Across the 8th Dimension”, o “Las aventuras de Buckaroo Banzai a través de la octava dimensión” título muy fidedigno con el que se comercializó en España.

La película va de un tipo que aúna numerosas habilidades en su persona, es cirujano,  estrella del rock (Canta, toca la guitarra, el piano y la trompeta), cinturón negro (a falta de más colores) de karate, experto en numerosas artes marciales, científico especializado en materia cuántica, protagonista de varios comics, presidente de un instituto (llamado, cómo no, instituto Banzai) que sirve a su vez como base secreta de operaciones, amigo íntimo del presidente de los EE.UU y propietario de un ejército privado de seguridad al que llama “Los chaquetas azules”; además acaba con superpoderes al final de la película, siendo capaz de revivir a la gente. Una vez presentado al susodicho protagonista nos centramos en la banda que le acompaña que es una serie de clones de Banzai pero un poco desactualizados, rockeros, científicos y pistoleros.

Bueno, la excusa para hacer la película vino de lo siguiente:  Banzai trabajaba en un prototipo de coche que le permitiera alcanzar una velocidad increíble y con la ayuda de un aparato (de su propia invención) poder atravesar la materia sólida alegando que puede pasar entre el huevo vacío existente entre los neutrones y electrones de los átomos. El caso es que al hacer la prueba atraviesa la barrera del sonido y no sé qué más giliflauteces y se encuentra cara a cara con los electroides, extraterrestres de una dimensión desconocida encerrados en la 8ª dimensión que es a la que accede Banzai con su invento. Este hecho desencadena una especie de invasión alienígena un tanto descabellada y estúpida en la que Buckaroo y su grupo rockero harán todo lo posible por evitar. Además, un gran añadido es la amenaza de una segunda banda de extraterrestres que pretenden bombardear a los rusos e iniciar de esta forma una tercera guerra mundial si Buckaroo no derrota a los aliens convictos. Lo más gracioso es que todos los alienígenas “buenos” son negros rastudos con un claro parecido a Bob Marley.

Como podréis imaginar la cosa se desmadra bastante conforme avanza la película hasta tal punto que pierde todo significado cinematográfico y su guión se sustenta en cuatro caras de estreñimiento (bien puestas eso sí) del gran Buckaroo. Dentro de las fantasmadas podríamos destacar un par, como en la que Banzai roba una Harley Davison delante de sus dueños y estos se limitan a saludarle con la mano (no era un gesto amenazante, era un claro adiós acompañado por sonrisas complacidas). Más tarde en esa misma persecución, con nuestro Buckaroo a los mandos de la moto, intenta lucirse describiendo un círculo en el asfalto sin ningún tipo de objetivo, mientras los susodichos extraterrestres se le escapan.

La nombrada banda “Los chaquetas azules” está formada por un hombre y su hijo, este último es quien recoge las llamadas, ayuda a buckaroo, empuña rifles, retiene al malo de la película y hace la pelota al resto de los asistentes. El padre se limita a sonreír y a darle permiso al pequeño (de no más de 7 años) a ir en el coche supersónico (si, así lo llaman).

Teniendo ante nosotros a tal ejemplo de excelencia sobrehumana no podríamos pensar que la película nos deparara alguna sorpresa que supere lo visto: como siempre, nos equivocábamos. La sorpresa de la película es la aparición de Jeff Goldblum (si, el actor de “Jurassic park” y protagonista de su segunda parte) pero no su presencia, no, sino su atuendo. Acompañando al resto del equipo con un atuendo más que rockero y glamuroso (atención, estamos hablado de los 80) aparece nuestro amigo Jeff vestido de vaquero canadiense, con sobrero, camisa roja, chaleco, tejanos y esas perneras blancas con pelo de vaca… No fuimos los únicos a quien sorprendió ya que uno de los rockeros dice:

–          Tio, ¿En New Jersey vestís así?

A lo que Jeff contesta (con amplia sonrisa en la boca y gesto despreocupado)

–          Eres muy gracioso ¿no?

Escribiría y escribiría varias páginas resumiendo una y otra vez los grandes momentos de la película pero prefiero que los comprobéis vosotros mismos, eso sí, os dejo la escena de los créditos finales, un momento impagable.

Resumen:

Película ochentera plagada de fantasmadas y sin sentidos, una de las grandes del cine friki. A destacar su secuencia final de créditos con pasos de baile incluidos.

Melchian

¡Silencio! Las luces se han apagado. Los títulos de crédito son lo primero que vemos en las películas. Lo que en principio es una somera presentación del equipo que ha hecho posible la película que vamos a ver, se ha convertido desde casi el nacimiento del cine, en un pequeño arte dentro del séptimo arte. La rúbrica del autor.

Los créditos pueden utilizar todo tipo de materiales de partida: imágenes fijas o en movimiento, fotográficas o de animación, abstractas o figurativas, locuciones, ruidos y música de cualquier tipo. Concisión, creatividad, síntesis, clima, ritmo, estética… unos buenos créditos son la mejor presentación de una película, mucho más que cualquier trailer. O que el propio cartel. Qué mejor manera de enganchar a un espectador que presentarle en unos minutos, la filosofía de lo que le espera. O regalarnos unas imágenes finales, cuando la película ya ha terminado pero tenemos ganas de más.

Samuel Bass es indiscutiblemente el rey de la creatividad y espectacularidad. En nuestra mente permanecen los créditos de “Vértigo“, “Psicosis” o “Anatomía de un asesinato“. Maurice Binder creó toda una estética propia de la saga 007: James Bond disparando a través de los títulos. Dan Perri y el mítico comienzo de la saga de “La guerra de las galaxias“. De la escuela moderna, Kyle Cooper, autor de los rompedores créditos de “Seven“. Woody Allen y el incofundible aroma a jazz de sus películas… presente siempre en los créditos.

Hace unos años, los creativos holandeses Mark Klaverstijn y Roel Wouters,  escogían los que consideraban como los 25 mejores títulos de crédito cinematográficos. Curiosamente, “Vértigo” no se encontraba ente ellos. Ésta era su lista:

1. Marnie, la Ladrona (1964)
2. Grands soirs & petits matins (1978)
3. The French (1982)
4. Psicosis (1960): Saul Bass
5. Agárrame si Puedes (2002): Florence Deygas
6. 99 and 44/100% Dead (1974)
7. Dorian Gray (1970)
8. Soylent Green, Cuando el Destino nos Alcance (1973)
9. Monty Python’s Flying Circus (1969): Terry Gilliam
10. Death Machines (1976)
11. Viaje Alucinante al Fondo de la Mente (1980): Richard Greenberg
12. Terminator (1984): Ernest D. Farino
13. Superman (1978): Sheldon Elbourne
14. Teléfono Rojo, Volamos Hacia Moscú (1964): Pablo Ferro
15. Las Vírgenes Suicidas (1999): Geoff McFetridge
16. Our Latin Thing (1972)
17. Delicatessen (1991): Marc Bruckert
18. Pi (1998): Jeremy Dawson
19. Se7en (1995): Kyle Cooper
20. El Hombre Sin Sombra (2000): The Picture Mill
21. Casino (1995): Saul Bass
22. Alien, el Octavo Pasajero (1979): Saul Bass
23. Matzes (2004): Karst-Janneke Rogaar & Roel Wouters
24. Solo Ante el Peligro (1959): Saul Bass
25. La Habitación del Pánico (2002): The Picture Mill

A esa lista podríamos añadir los títulos de “Matar un ruiseñor“, característicos por su innovación y dulzura; “300” y su estética 100% comiquera; los polémicos créditos de “Watchmen“; la creatividad de “Charada“; los escalofríos que producen los de “El silencio de los corderos“; el humor desternillante en “La vida de Bryan” o, más recientemente, la claustrofobia de los títulos de “Buried“, hijos confesos de Samuel Bass.

Para concluir, dos páginas dedicadas exclusivamente a los créditos: Art of the Title y Descredit.

Helen

Los verdaderos cuentos populares: En compañía de lobos

A día de hoy se han adaptado numerosos cuentos populares al cine, pero en casi todas estas versiones se ha conservado ese toque infantil que los relegó, en su gran mayoría, al público más pequeño de la casa. En ese pequeño porcentaje de adaptaciones restantes podemos apreciar trabajos no dedicados únicamente a los pequeños, sino encarados a un público más adulto, largometrajes oscuros que lidian con el terror en la frontera de lo fantástico y la metáfora. Algunos de estos últimos trabajos pueden ser la casi desconocida “Hansel y Gretel” del director coreano Yim Pil-Sung, que adapta el clásico cuento popular añadiendo dosis de fantasía, terror, drama y mucha angustia. El resultado es del todo encomiable. Otra de estas obras es la pasable “Blancanieves: Un cuento de terror” donde se nos presenta a una Sigourney Weaver caracterizada como la malvada bruja (Lady Claudia Hoffman) que se casa con el rey Lord Friedrich Hoffman, interpretado por Sam Neill (“Los Tudor”, “El hombre bicentenario”, “Parque Jurásico I y III”) para conseguir ser reina. En este propósito se le interpone la joven hija del rey, por lo que decide abandonarla en el bosque. En la película se juntan elementos clásicos del cuento popular, la madrastra, los enanitos, la manzana, el espejo, pero en un ambiente oscuro, muy bien situado enana edad media decadente.

Otra adaptación mucho menos conocida por el público popular es “Alice” o “Neko Z Alenky”, adaptación de la mano del animador Jan Svankmajer del cuento “Alicia en el país de las maravillas” de Lewis Carroll. Un trabajo oscuro, adulto y surrealista que se ha ganado un hueco en las películas de animación de culto. Otras películas con un toque adulto menos palpable son “El secreto de los hermanos Grimm” que aunque no adapta ningún cuento en concreto realiza un excelente trabajo en la descripción de lo que hay detrás de los relatos, con una ambientación fantásticamente oscura e increíble, o la reciente “Los mundos de Coraline“, que presenta cierto toque de terror que la descartan para los más jóvenes de la casa. Entre los trabajos futuros nos encontramos con el que lleva acabo el novato director Tommy Wirkola (“Dead snow”), que nos sorprenderá con una segunda parte del popular cuento Hansel y Gretel, donde los hermanos, ya mayores, quedan traumatizados por la experiencia en su infancia y emprende una caza indiscriminada de brujas. Sólo para el público más adulto.

Después de este prefacio demasiado extenso quiero comentaros una película que me sorprendió gratamente. “En compañía de lobos” es una adaptación del cuento de Caperucita roja que lleva incluido el toque adulto del que hemos estado hablando antes. La película nos presenta a una Caperucita desafiante, curiosa y con grandes dudas hacia el género opuesto. Su abuela le llena la cabeza de historias sobre hombres malvados, con las cejas juntas, hijos bastardos de sacerdotes y curas, que por la noche, cuando la luna llena llega a su máximo esplendor, se transforman en lobos hambrientos que devoran a sus esposas. Al mismo tiempo una manada de lobos acecha el pequeño pueblo donde habitan, haciendo que la realidad y la fantasía se mezclen confusamente.

La película hace gala de una ambientación de órdago, increíblemente bien cuidada. El tema de cuento de hadas se ve reflejado principalmente en un bosque tenebroso muy conseguido y una presencia animal casi constante, conejos, serpientes, ratas, ratones, pájaros, búhos, hurones, lobos, sapos y ranas llenarán la pantalla apareciendo y desapareciendo por los rincones menos esperados.

Es un largometraje plagado de metáforas, dobles sentidos y significados ocultos. Se nos presenta a una Caperucita roja adolescente en las puertas de una temprana madurez exigida por la época en la que vive (Edad Media). Esta presión social le obliga a tomar caminos que ella aún no está preparada para emprender. En este amasijo de condiciones y costumbres se entrevén las tres partes que condicionarán el desarrollo de la trama. Una parte es la abuelita, una mujer que vive sola y a la que no se le atribuye ni marido ni hombre alguno. Con sus historias y cuentos hace recelar a Caperucita de todos los hombres, sobre todo de los que tienen las cejas juntas. Como dice en una de las mejores escenas de la película:

Los peores lobos son los peludos por dentro

Es decir, los hombres. En un termino intermedio se encuentran el padre y la madre de Caperucita, los cuales desean que su hija se case. Son un ejemplo concreto de la sociedad de la edad media, con sus costumbres y supersticiones. El tercer grupo influyente es, quizás, el más místico. Está formado por la naturaleza, lo salvaje, por los hombres lobo que encarnan ese sentido liberal de las relaciones. Un tercer grupo que es rechazado por sus padres, al que temen, y totalmente vilipendiado por la abuelita, quien lo odia. Al final, la dulce Caperucita tendrá que elegir a qué mundo pertenecer, seguir a su abuelita, a la que idolatra, hacer caso a sus padres y convertirse en una más de la sociedad medieval o hacer caso a ese sentimiento salvaje, latente en su corazón, y recorrer el bosque sobre cuatro patas peludas.

La respuesta se encuentra resumida en un final increíble que no echa a perder el fantástico metraje al cual da el finiquito. Pero sobre todo acordaos: “no os apartéis del camino en el bosque, ni os fiéis de los hombres desnudos, ni de los que se les juntan las cejas en una, porque son peludos por dentro, y os devorarán”

Resumen:

Una película que te transporta a un mundo de fantasía y supersticiones y refleja la mentalidad de una adolescente en pleno paso a su madurez sexual, reprimida por la sociología de la época, la escasa información y los tradicionalismos mas conservadores, pero a la vez seducida por un lado salvaje de la vida al que le esta prohibido pertenecer.

Melchian

You must remember this
A kiss is still a kiss,
a sigh is just a sigh
The fundamental things apply
As time goes by

Dos películas emblemáticas: Cinema Paradiso y Casablanca. Tenía que haber beso.

Imposible olvidar aquellos besos de película se nos han quedado grabado en la retina. Esos llamados “besos de cine”, que aquí cobran todo su significado. Aquellos besos que han quedado inolvidables en nuestras mentes por su pasión, romanticismo, ternura, amor…

Algunos récords:

El primer beso conocido grabado en el celuloide pertenece a “The Kiss“, grabado por el propio Thomas Edison. Considerado escandaloso por entonces, los actores May Irwin y John Rice se daban varios besos cariñosos.

El beso más largo de la historia lo protagonizaron Gregory Smith y Stephanie Sherrin, en la película “Kiss in America”, en el 2005. Duró 6 minutos.  Curiosamente, la mayoría de cinéfilos tenemos en mente la larga secuencia de los besos entre Cary Grant e Ingrid Bergman en “Encadenados“.

El mayor número de besos en una película lo dio John Barrymore: 191 en “Don Juan“, rodada en 1927. No está nada mal, ¿verdad?.

Hemos presenciado todo tipo de besos en el cine. Los tiernos besos infantiles de “Mi chica” o “Quiéreme si te atreves“. Los ancianos de “En el estanque dorado“. Besos acrobáticos -“Spiderman“, “La doble vida de Verónica“, “My Blueberry Nights” o “La infancia de Iván“; los prohibidos en “Match Point“, los delicados de “Once” o “Lost in Translation” y los cargados de sentimientos de “Los puentes de Madison“. Besos bajo la lluvia en “Desayuno con diamantes“. Besos grabados en el celuloide que celosamente guardaban en “Cinema Paradiso“. Los sentimientos encontrados en los besos de “Brokeback Mountain“, o la sensualidad de las chicas de “Crueles intenciones“. “Lo que el viento se llevó“, “Duelo al sol“, “Adivina quien viene esta noche“, “La fuente de la vida“, “La princesa prometida“, “De aquí a la eternidad“, “Amelié“, “Amanecer“, “Picnic“, “Esplendor en la hierba“… Imposible recopilarlos todos.

Para terminar, un pequeño juego. El artista Jeff Scher, a partir de la secuencia de “The Kiss“, rodó “Tulips“, un corto de animación con música de Shay Lynch que recopila los besos más famosos de la historia. ¿Sois capaces de reconocerlos?

Helen

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