Fantasía


Ciclo cine friki: Vicious lips

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En la década de los ochenta el alcohol, el heavy, el glam, el maquillaje, las drogas y las pelucas hicieron mella en más de un energúmeno que se las daba de director de cine creando películas “direct to video” de lo más interesantes. Algunas de ellas han sobrevivido hasta nuestros días para hacer las delicias de un grupo muy reducido de personas.

En este tipo de películas son varias las consideraciones a tener en cuenta pero una las resume todas a la perfección: “Todo vale”. Da igual lo que esté pasando en una escena, en la siguiente puede suceder todo lo contrario. Desde zombies rockeros a vampiros grupies pasando por naves espaciales y atomizadores. Bienvenidos al mundo de las películas frikis.

Uno de los exponentes menos reconocidos de este género es un título sugerente nacido en 1986. “Vicious lips”, o como se le conoce por estos lares “El planeta del placer”, no es una película erótica como deja entrever su título sino que forma un conjunto de ciencia ficción-musical-terror bastante extraño.

El argumento se sitúa en un hipotético futuro en el que el espacio está más que colonizado y la civilización ha experimentado una transformación espectacular reduciendo a todos los humanos a camioneros interestelares gordos con barba, prostitutas glam y managers sin escrúpulos. En este escenario aparece una banda de rock descafeinado que acaba de perder su cantante y para sustituirla se agencia a una niñita celestial de un instituto. El drama comienza cuando la vixen más dominante de la galaxia les ofrece una oportunidad para triunfar y deben viajar hasta “el sueño”, que está en la otra punta de la galaxia, en tiempo record.

El desarrollo de la película recuerda a otras producciones similares como “Gira sangrienta”, “Hard rock zombies”, “Black roses” o “Rock ‘n’ roll nightmare”, plagado de extraterrestres con prótesis dentales, guitarras fluorescentes de tres cuerdas, efectos láseres, maquetas espaciales y sobre todo mucho humo. Y es que a este último factor se le podría considerar como un actor más ya que está presente en todas las escenas de la película, da igual que estén en un planeta desértico gigante, que en un camerino o un callejón, el humo lo inunda todo.

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Guitarras fluorescentes tocadas con arte

Mención a parte se merecen las protagonistas que lucen peinados glam que cambian cada minuto gracias al gran surtido de pelucas con las que vienen incorporadas de serie. Esto sumado al fútil pero divertido intento que tiene el guion de ahondar en la compleja psique de cada una de ellas hace que se conviertan automáticamente en el mejor cuarteto protagonista de las películas frikis de la historia.

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La banda protagonista al completo

Por muy desfasadas e independientes que sean las mujercillas de marras se les ponen las cosas difíciles un par de veces gracias al gran repertorio de enemigos que consiguen reunir a lo largo de la muy escasa hora y media que dura la película. Comenzando con los mirones que las espían en su camerino (a los cuales sacan los ojos), siguiendo con el asesino múltiple con más de 5.000 mujeres destrozadas en su cuenta personal, pasando por los “zombies caníbales punks” que las persiguen sin descanso y terminando con las dos succubos devora hombres que intentan darse una meriendilla con el manager. Todos ellos hacen que no te aburas demasiado excepto en los casi 20 minutos de charla inconsistente que mantienen las integrantes del grupo demostrando que su estupidez es más que considerable.

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Zombies canibales punks everywhere

Al final, y tras haberte divertido de lo lindo, los sucesos surrealista e imposibles hacen que la película no pueda continuar lógicamente por lo que el director se saca un recurso aún más surrealista y, sobretodo, más inexplicable de la chistera convirtiendo al conjunto en una muestra de cine friki con todas las de la ley.

No olvidar la pegadiza canción que cierra la película y la liga con los títulos de crédito:

 

Resumen:

Coctelera de géneros con tópicos de todas y cada una de las películas de terror y ciencia ficción del haber cinematográfico. Drogas, láseres, pelucas, maquillajes y rock adolescente para echarse unas risas.

Melchian

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Habfürdö (Foam bath)

La animación es un género ampliamente explotado en el pasado y que esta resurgiendo de la mano de las últimas aplicaciones tecnológicas a la industria del cine. Uno de los países que más está participando en este remonte del mundo animado es Hungría. Históricamente vienen a la mente nombres como el de  Marcell Jankovics, director de varios largos, cortos y un par de series animadas, la mayor parte producidas por el gobierno húngaro. Pero hay que remontarse a 1980 para conocer la obra magna de un director invisible, György Kovásznai.

Habfürdö”, “Foam bath” o “Espuma de baño” son las formas con las que se conoce esta película. Relata la historia de un hombre que, ante su inminente boda, decide escapar presa del terror y las dudas. Este puede ser un argumento engañoso, ya que la verdadera protagonista del largometraje es una mujer joven, culta que se verá implicada en la trama.

Habfürdö” reúne ochenta minutos de animación surrealista, experimental, donde las formas, contornos y colores no son estáticos sino que varían con cada movimiento de la cámara, con los sentimientos de los personajes, con la tensión del momento, otorgando una vibración, un contoneo continuo durante toda la película que hace que se convierta en una especie de baile infinito.

Este dibujo tan surrealista parece adelantado a su época, e incluso, en la década actual sería difícil encontrar una obra semejante. Los colores son apagados en la mayor parte del film centrándose en los ocres, blancos, grises, lilas y verdes dejando para los momentos más intensos las tonalidades brillantes con azules eléctricos, efectos de niebla multicolor o desdoblamientos de la imagen. En conjunto crea una sensación efectista, extraña y en algunos casos cautivadora.

Y es que el trabajo experimental de György Kovásznai no se limita únicamente al uso de colores y el trastoque de la realidad sino que en este mismo largometraje podemos encontrar varias técnicas de animación como el coloreado y el collage, o las trasparencias y el perfilado, todo ello mezclado con canciones que dotan a la película del título de musical experimental.

Con todas estas maravillas visuales el espectador tiene que hacer un acopio enorme de concentración para intentar seguir el hilo principal de la historia, el cual se paraliza, desdobla y desaparece en los momentos más inesperados. El argumento puede recordar a esas películas “de lios” de los años 50 y 60 protagonizadas por Jack Lemmon, Katharine Hepburn o Cary Grant, donde un pobre y sencillo personaje se ve envuelto en una trama ajena. De esta forma se presentan situaciones y escenas cómicas inspiradas en “El apartamento” o en la famosa escena de la habitación de hotel de la primera “Pantera rosa”.

En cuanto a los personajes destacar especialmente a la novia come-hombres que tratará por todos los medios de recuperar a ese marido asustado que se esconde de ella y a la joven amiga de la novia, la protagonista real de la historia, que se verá incluida en esa espiral de sentimientos encontrados, miedo, dudas y, sobre todo, una lucha contra la ética o moral plastificada y artificial de la sociedad de la época.

Resumen:

Increíble orgasmo visual claro representante del cine más experimental. Una película donde la trama no es la protagonista dejando a los colores, las formas y los movimientos como verdaderos narradores.

Melchian

El cuento de Juan

Karel Zeman es uno de esos directores que no sabes a que esta jugando. Sus películas denotan componentes claramente infantiles: argumentos de cuentos de hadas, personajes demasiado estereotipados y simplistas, desarrollo pausado y relativamente corto… Pero aun así tiene un arte, una forma de hacer cine, una inventiva, un estilo visual que cautiva no solo a los más pequeños de la casa.

Considerado por unos el genio de la animación checa y por otros el Méliès del cine moderno, Zeman, se ha labrado una carrera impecable dejándonos puras obras de arte. Desde sus comienzos con cortometrajes animados en stop motion, su salto al uso de maquetas, siluetas y personas reales,  hasta sus mejores películas de animación pura y dura.

Su película más conocida quizás sea “Krabat, el aprendiz de brujo”. Penúltimo trabajo realizado en dibujo y que poseía una calidad que hacía prever lo que habría por llegar, que no era mucho.

Su última película “El cuento de Juan” revive la esencia de Krabat con un aire completamente perfeccionado. Este largometraje cuenta la historia de Juan que con la ayuda de tres enanos guardianes emprende una aventura en la que participarán dragones, ninfas, demonios, caballeros, ladrones y reyes.

El argumento sigue siendo un cuento de hadas al uso, destinado a los más pequeños de la casa. Su metraje se escapa por escasos minutos de la hora de rigor, sus personajes son simplistas y muy reducidos en número, sus voces son caricaturescas y deformadas adaptándose en demasía a la personalidad del personaje. En definitiva, únicamente falta un “Erase una vez” al principio y un “Fueron felices y comieron perdices” al final para adoptar ese formato recurrente en los cuentos infantiles.

Pero como casi toda obra de Zeman ese estilo simplista esconde increíbles maravillas que no pueden ser percibidas por el público a quien está destinada la cinta. A destacar por encima de todo el gran trabajo de animación. Los personajes se mueven por marionetas planas y maquetas coloreadas. Un ejemplo de arte laborioso y con un resultado muy sobresaliente.

El detalle de la pintura es también uno de los puntos fuertes. En Krabat se podía ver un coloreado algo simplista que se contrarrestaba con la gran caracterización de los personajes. Aquí tanto los escenarios, como cada uno de los protagonistas, luce un diseño detallista que recuerda en enorme medida a los cuadros e imágenes renacentistas transmitiendo una sensación de perfección y tranquilidad que, al igual que en Krabat, se rompe con la aparición de los “malos” de turno,  en este caso son soldados feos, con cicatrices, narices enormes, bigotes despeinados y barbas desaliñadas. Así, Zeman, crea una barrera infranqueable entre los buenos y los malos, entre los odiados y los amados.

El resultado final es una película corta pero muy bien llevada. Un pequeño trago de calidad que demuestra que Zeman es uno de los grandes en este pequeño mundillo de la animación.

Resumen:

No dejarla pasar por nada del mundo. Representa el culmen de una carrera prolífica y la perfección de una técnica trabajada durante años. Simplemente escenifica lo que debería ser una muy buena película de animación.

Melchian

Las peores películas de la historia: The Jitters

A lo largo de la historia del cine se nos ha presentado diferentes variables dentro del arquetipo vampírico. Desde el conde Drácula, romántico, con su capa negra y roja de cuello alto, el terror de las nenas; vampiros modernos al estilo niños malos como los representados en “Jóvenes ocultos”; vampiros zombificados como los de “El último hombre vivo” y sus repetidos remakes; evolucionados y mutados como los de “Blade”… y así un largo etcétera.  Pero en 1989 una pequeña producción estadounidense rompió el molde.

The Jitters” es la inclusión en el cine palomitero de una versión china del clásico de los vampiros. Empecemos…

El argumento es de lo más original. Un abuelo chino llamado Frank (todo el mundo sabe que los abuelos chinos se llaman Frank) regenta junto con su sobrina una tienda de regalos chinos en Chinatown ¿tópico, que es eso?.  La sobrina del susodicho esta saliendo con un tipo de negocios del centro, urbanita a más no poder. El problema viene cuando una banda zarrapastrosa de maleantes ataca la tienda y mata al abuelo convirtiéndolo en un vampiro asiático con muy mala leche.

Ese es el desencadenante de una tremebunda cantidad de gags sin sentido, chorradas infinitas y diálogos absurdos. Para empezar hay que introducir a lo que en esta “película” llaman “Giong shi”, el vampiro de turno. Se supone que cuando algún chino muere por causas no naturales, es decir, por el mal (léase con voz tenebrosa), se vuelve azul, le salen orejas puntiagudas, colmillos, sufre de ciática y le da por vestir un ridículo traje tradicional. Me explico. Estos seres no saben andar, se trasladan dando pequeños saltitos siempre en una posición. Juntas las piernas, doblan las rodillas, alzan los brazos cual Boris Karloff y van dando saltitos cual conejitos. El traje consiste en una túnica negra con letras chinas, un sombrero con ponpon, un faldón blanco y una pluma de metro y medio toda desgastada que les sale del gorro. Vamos, verlos en solitario traumatiza, pero cuando se juntan son todo un espectáculo.

Ni el ajo, ni los crucifijos, ni la luz del día y, por supuesto, la cruz y el agua bendita les hace algo. Estos vampiros asiáticos solo pueden controlarse por métodos cuanto menos curiosos. Guía para matar un Guiong shi:

–          Deja de respirar. Eso les confunde. Empiezan a dar vueltas completamente aturdidos.

–          Sopla a través de una caña. Si, de esas junqueras que encuentras en la rivera de los ríos.

–          Utiliza un espejo. No los golpees con el, no, eso no es efectivo. Limítate a enfocarlos como si fueran hormigas bajo una lupa gigante. Eso les hace daño, empiezan a supurar y pasados unos 30 segundos se transforman en un ser más poderoso, con exoesqueleto y una lengua un tanto serpentina. Pero no os preocupéis, seguir enfocándoles y se derretirán.

–          Este es mi favorito. Pegarles una especie de etiqueta de papel amarillo con unas letras chinas en la frente. Eso les paraliza.

Una vez que ya sabemos que tenemos entre manos y como destruirlos nos centraremos en la película. Básicamente no hay más. Bueno si, se inventan muchas tramas secundarias a las que no prestas la mínima atención, ya que la tensión a la que estas sometido vigilando cada uno de los saltos de esos vampiros es demasiado intensa. A parte de los chupocteros malvados hay una especie de banda super mafiosa y agresiva formada por seis panolis, el jefe, la tía buenorra y cuatro descerebrados. Entre todos montan un sarao de no te menees con rehenes, dinero, pistolas, emboscadas, magia y muchos, muchos saltos vampíricos.

Cuando llega el final y tras haber estado toda la película siguiendo la pista a los vampiros, viendo como mataban gente y no paraban de saltar, y de repente llega el chino medio mago tipo “guru” y saca una especie de bastón con campanilla y dice:

–          ¿Nunca te he hablado del carillón de la muerte?

Al urbanita se le queda una cara de… espera einh! Y no es para menos, ya que el supuesto “Carillón de la muerte” es un palo con una campanilla que puede controlar los vampiros. Exacto, lo tienen toda la película, pero solo se les ocurre usarlo al final. Oh! y deberíamos estar agradecidos, si lo hubieran usado al principio no habríamos podido disfrutar de una hora de saltos y más saltos.

En fin, las actuaciones son deplorables, la historia es vergonzosa, el maquillaje y efectos especiales son de rastrillo… “The Jitters”, bienvenida a la lista de las películas más malas de la historia.

Resumen:

Si Bram Stoker levantara la cabeza…

Melchian

Immortals

Desde hace cinco años han ido saltando a la palestra del cine varías películas cuyo único objetivo era provocar en el espectador un sincero “oooooh” al ver miles de colores atravesando la pantalla, explosiones, salvajes batallas multitudinarias, escenarios imposibles… y si era en 3D mucho mejor. En esa lista de películas podemos destacar “300“, “Sin city“, “Watchmen“, “Avatar“, “The Fall“… y un largo etcétera.

En las puertas casi del 2012 se estrena en cines “Immortals“…  De los productores de “300” reza su eslogan. Y es que son muchas las cosas que unen ambas producciones a parte de los tipos que ponen la pasta, ya que en un principio se publicitó como una secuela, luego pasó a ser un spin-off y por último su relación se ha limitado únicamente a ese eslogan publicitario que tanto se utiliza hoy en día.

Immortals” pretende ser una visión épica de la película “300” pero sin conseguirlo. Su guión se sustenta en unos protagonistas planos que conducen una historia simple, que promete grandes cosas pero que luego se queda en cuatro puñetazos amistosos.  Henry Cavill encarna a Teseo que protegido por Zeus intenta derrotar a Hiperión para evitar que este consiga el arco de Epiro con quien liberar a los titanes. Por partes.

El Teseo de marras no da la talla. Segundo tras segundo podemos ver una continua sobreactuación del personaje que se debate entre caras forzadas de pensamiento profundo que no dan el pego y gritos de ira de los que sus compañeros se tienen que aguantar la risa. Recuerda un poco a la historia de David y Goliat, sobre todo porque Hiperión está encarnado por el mastodonte Mike Rourke, que desde su aparición en “El luchador” le llueven los papeles.

El toque de humor se lo da un pequeño ladrón que acompaña al protagonista. Versado en el robo y el engaño es capaz de sobrevivir al ataque de miles de expertos y sanguinarios soldados, pero no solo sobrevivir, ya que protagoniza alguna de las mejores coreografías bélicas del metraje lo que no deja de ser paradójico.

El resto de personajes se encuentran dentro del rango “normal” de este tipo de producciones, ni brillan ni dan vergüenza, simplemente están. Caso aparte es la aparición de los inmortales de marras, entre ellos destacamos a Zeus, Ares, Poseidon, Hera y alguno más. Pese al reducido número de divinos causan estragos tanto en la tierra como en la película. Sus actuaciones altivas se asemejan más a estatuas en movimiento que a personajes de carne hueso. Con trajes dorado brillante y almidonados hasta la médula intentaran no intervenir en una lucha que dicta su futuro y el del mundo entero por lo que las caras de frustración se reparten por doquier.

Pero bueno, no todo es malo, en estás películas los efectos especiales son los que mueven todo el engranaje y “Immortals” no es una excepción. Paisajes, dioses a cámara lenta, haces de luz, batallas multitudinarias y coreografías espectaculares llenan los ojos de los espectadores pero sin llegar a una calidad que consiga ese “ooooh” tan esperado. Incluso, en algunos momentos, la espectacularidad de ciertos elementos contrastan enormemente con los paisajes consiguiendo una fusión de los objetos muy deficiente creando una sensación de animación por ordenador demasiado evidente.

Resumen:

Si quieres ver una película con efectos especiales algo decentes y donde se hace gala de una ostentosidad que no se posee dejando atrás el guión y el arte dramático “Immortals” es tu película.

Melchian

Mind game

Lo reconozco, tengo un problema con el anime. La aversión que le proceso proviene seguramente de la gran cantidad de estereotipos que mezclan en casi todas sus historias, siempre las mismas caras, los mismos trazos, las mismas voces… y así sucesivamente hasta formar una lista enorme de señas repetitivas. Esto se une al claro machismo que  desprenden la mayoría de series y películas (más en las primeras), una velocidad de la trama pasmosa y una innovación casi nula. En definitiva, no se me hace nada atractivo perder varios días de mi vida en ver una de sus interminables series.

Esto, como todo, tiene sus excepciones. Existen dibujantes de anime que suelen sacar una o dos obras independientes, con carácter personal y que se alejan de las características tan marcadas de sus semejantes. Un ejemplo notable es el “Estudio Ghibli” que me ha enamorado con la mayor parte de las películas que Hayao Miyazaki ha dibujado y dirigido, sumando en últimas instancias a Hiromasa Yonebayashi, encargado de la última película de la empresa. El resto de trabajos que cuentan con mi devoción no vienen al caso pero si el que cierra la lista.

Mind game” es un largometraje de algo más de hora y media con un argumento difícil de explicar. No es por qué no exista o sea rebuscado o incluso se deje ver más bien poco a lo largo de todo el metraje, simplemente es porque la película te ofrece millones de cosas más en las que fijarte que la insignificante y muy bien llevada trama.

La película empieza con una serie de imágenes desordenadas a las que encuentras un sentido parcial, estas son seguidas por el título y podríamos decir que a partir de aquí empieza la película en sí. Nos presentan a un chico, frustrado dibujante de mangas, que se encuentra con su amor del instituto. Hasta aquí todo normal. Esta le invita a tomar algo a su propio restaurante y es allí donde la cosa se sale de madre. Triadas, muertes, sangre, dioses, ballenas y muchos disparates.

La película es una conjunción de numerosas técnicas de animación, el dibujo clásico, el stop motion, modificación de imágenes reales, grabados, blanco y negro… un enorme alarde de expresionismo plástico. Todo esto es acompañado por varios toques visuales que se repiten a lo largo del metraje: tenemos zonas muy oscuras, con grises, verdes y azules, escenas con tintes muy cálidos donde predominan los anaranjados, rojos y amarillos, otras muy coloristas donde tonos básicos y simples pero todos muy intensos se mezclan formando una escena surrealista e impresionante.

Los estereotipos mencionados anteriormente lejos de suprimirse se ensalzan intensamente transformando lo típico en algo raro y, en cierta manera, innovador. Las expresiones  “made in Japon” se tornan esperpénticas dotando a sus personajes de un contorno que se escapa al usualmente utilizado en el resto de trabajos del país nipón.

Todo esto hace que la película te atraiga y produzca un ensimismamiento tal que te abstrae de la realidad. Esto no decae hacia el final del metraje, su desenlace sobrepasa por completo las expectativas de cualquier espectador dejando el listón demasiado alto para que otra película del género mejore el resultado.

En conjunto nos queda un largometraje raro, divertido, con mucha impronta visual, con una historia surrealista de toque muy metafórico de la cual se desprenden conclusiones y moralejas para todos los gustos.

Resumen:

Película surrealista y experimental que mezcla la comedia con medias tintas de tragedia todo con una base de animación que se antoja increíble y aderezado con un humor sutil pero muy expresivo.

Melchian

Las comedias de terror: Leprechaun

A lo largo de la historia del cine dos de sus géneros más antiguos y prolíficos se han unido en numerosas ocasiones para solidificar, poco a poco, una nueva temática, las comedias de terror.

Este tipo de cine ya empezaba a asomar las orejas con los primeros cortos de animación de una primeriza Disney. Claros ejemplos son  “El baile de los esqueletos” (“The skeleton dance”) donde se presentan los tópicos más clásicos del cine de terror: arañas, gatos negros, búhos, la noche, luna llena, ramas que se creen brazos y sobre todo, esqueletos, la muerte. Al final todo el conjunto se convierte en un baile con las deformaciones y animaciones que le hicieron a Disney ganarse un lugar dentro del limitado universo de Hollywood.

Pocos años después se realizó “El doctor loco” (“The mad doctor”) también gracias a Disney. En este corto de animación se mantienen los iconos que se presentaron en “El baile de los esqueletos” añadiendo otros muchos como la casa encantada o la imagen de mad-doctor tan popular hoy en día en el género del terror.

A partir de este punto son numerosos los cortos de animación que aunaron estos dos géneros: “Hells bells”, “Skeleton frolics”, “Claws for alarm”, “Jeepers creepers” e incluso con protagonistas celebres como el pato Donald en “Truco o trato”.

Habrá que esperar hasta los sesenta para que se nos presente uno de los primeros largometrajes que unió de forma intencionada y satisfactoria estas dos temáticas. “La pequeña tienda de los horrores” fue, casi, la pionera en este nuevo género mixto que aunaba la imagen real, una planta mutante carnívora y mucho humor absurdo. Tanto gustó la idea que en 1986 se realizó un remake en el que se aumentó el toque de humor  y en 1996 se creó una serie animada relegando el terror a un aspecto casi circunstancial e inexistente.

En esa misma década otros dos grandes portentos saltaron a la palestra cinematográfica, “Mad monster party”, una reunión en stop motion de monstruos clásicos, y la inmejorable “El baile de los vampiros” donde la mezcla cuaja perfectamente y se da a conocer de una forma universal.

A partir de este momento el género encuentra en la serie b su trampolín hacía una elevada prolificidad. “Pesadilla en Elm street”, “El jovencito Frankenstein”, “The rocky horror picture show”, “Terroríficamente muertos”, “El ejército de las tinieblas”, “Critters”, “Gremlins”, “Ghoulies”, “Bitelchus” y así centenares de películas y de sagas que se aprovechaban de esta conjunción que tanto gustaba, de la misma manera a pequeños que a mayores.

Dentro del cine actual este género no ha muerto, sino que sigue reinventándose con “Shaun of the dead” o la muy reciente e igualmente increíble “Tucker and Dale vs Evil”. Incluso el cine patrio ha hecho una gran aportación al género teniendo en el punto de mira la casi omnipresente figura de Santiago Segura con “El día de la bestia”, “Una de zombis” o “Beyond re-animator”, la mayoría con menor acierto que el resto.

A pesar de toda la amalgama de películas disponibles solo unas pocas se mantienen fieles a la calidad que desprendían sus predecesoras de los sesenta o setenta dejándose llevar por la serie b y el “hacer rápido y mal” del terror de los 80.

Sin embargo, en la década de los 90, precedidas por “Gremlins” y “Critters” a las que seguramente les debe mucho, comienza una nueva saga de terror cómico que llega hasta nuestros días sin demasiados cambios apreciables. La saga a la que me refiero es la poco conocida “Leprechaun”, donde se explota el arquetipo de duende irlandés hasta convertirlo en un ser perverso, estrafalario, esperpéntico y muy divertido personajillo.

Lo increíble y fascinante de esta longeva serie es que sigue fiel a sus principios, manteniendo en su plantel al actor que encarna en cada una de las películas al magnifico duende, Warwick Davis, participante también en la saga de “Harry Potter”, “Las crónicas de Narnia” y “Star Wars” entre muchas otras.

Su triunfo se basa principalmente en llevar a cabo una historia insulsa, un guión lleno de lagunas, actores pésimos y un ritmo un tanto insustancial. La verdad es que se parece en gran medida a cualquier película de terror de serie b solo dedicada a fans acérrimos del género. Entonces, ¿qué tiene esta saga y sus películas para que guste medianamente a la gente en general y especialmente a los terrorfilos? La respuesta es clara, rápida y concisa, el Leprechaun. El solo levanta todas y cada una de las películas. Su personaje es tan carismático que aguantarás minuto tras minuto solo para descubrir que tontería, refrán o truco se le ocurre hacer a continuación.

La historia como he dicho antes no tiene mucha importancia. Para ser concretos, a lo largo de la saga, se contradicen a si mismos: los principios iniciados e implantados en una película no se mantienen en la siguiente, no solo no se mantienen sino que son contradichos una y otra vez. Acaban con el susodicho duende pero en el siguiente largometraje lo vuelven a revivir sin molestarse en dar ningún tipo de explicaciones, modifican su edad y su vestimenta entre otros muchos desfalcos, aunque sigue siendo el mismo ser despreciable que te había dibujado una amplia sonrisa en la primogénita película.

Los actores y actrices son de risa, incluyendo a Jennifer Aniston que protagoniza la primera película de la saga y para la que supuso su despegue como actriz. A pesar de que no repite en el resto, cosa que no creo que hubiera cambiado nada sino todo lo contrario, los actores y actrices contratados son peores que pegar una paliza a un clavo ardiendo. Terribles.

Y reitero, a pesar de todas las carencias, de todos los fallos, de la dejadez que se experimenta cuando sabes que estás viendo algo que no tiene absolutamente nada aprovechable, todo eso se olvida automáticamente cuando aparece el duendecillo saltando sobre esos tacones, gritando, riendo y soltado todas las barbaridades que se le ocurren. Es increíble la cantidad de refranes y rimas que se pueden oír en hora y media de metraje. Eso si, verla en versión original para apreciarlas en toda plenitud, un continuo chorreo de barbaridades.

Resumen:

Una saga casi atemporal que mantiene lo que en un principio la hizo famosa, diversión pura y dura. Si te gusta y tienes ganas de más recomiendo el visionado de “Rumpelstiltskin” otra película con más de lo mismo.

Melchian

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