Historia


Belladonna of sadness

En 1972 cuando Ralph Bakshi rompe con Marvel nace una de las primeras películas de animación que sin llevar el calificativo de la triple X, “Fritz the cat“, que permitía disfrutar a un público más adulto de una historia de descubrimientos con claras connotaciones y escenas sexuales. Bakshi volvió a utilizar este efecto en otras películas como “American pop” o la más reciente “Spicy city”. Lo que pocas personas conocen es que ya hubo otro cineasta anterior a Ralph Bakshi que hizo algo parecido. Me refiero a Eiichi Yamamoto, dibujante, guionista y director de una trilogía dispar, “Animerama”. En ella podemos encontrar una película animada de “Las mil y una noches” y otra de “Cleopatra”, ambas dirigidas y realizadas con bastante menor acierto que la producción que cierra la trilogía, “Belladonna of sadness”.

La película es una adaptación libre de la vida de Juana de Arco y del libro “La sorcière” de Michelet. Bajo mi humilde opinión esto no es lo más importante del metraje, sino la forma de llevarlo. “Belladonna of sadness” está plagada de escenas preciosistas que huyen de lo barroco, refugiándose en líneas simples, colores apagados y decorados casi inexistentes.

Las imágenes en movimiento están realizadas mediante acuarela, técnica que proporciona a la película un tono suave y armonioso que parece ir de la mano con el personaje protagonista, Belladonna, que siempre aparece estilizada, blanquecina, amable y demasiado confiada. Es un claro representante de la inocencia de la juventud en la época en la que se desarrolla la película, la Edad media. La acuarela se ve complementada en algunas escenas, las cuales parecen más numerosas conforme avanza el metraje,  por otras técnicas como el perfilamiento con carboncillo o la utilización de pinturas más espesas y coloristas que otorgan cierto énfasis.

El resultado es una sucesión de imágenes perfectamente armoniosas y preciosistas que bien podrían formar parte de la colección de cualquier prestigioso museo.

La forma de llevar la historia se acerca más al género experimental que al histórico o fantástico. Las escenas no poseen casi diálogos dejando manga ancha a las expresiones de los protagonistas y a la escenografía. El toque adulto es lo contrario a explícito. El tema sexual se trata con cuidado, con mimo, escondiéndolo adrede y solo parcialmente, entre simbolismos que en realidad solo engañan al más puritano de los visionadores. Uno de las metáforas más extendidas en todo metraje es la presencia de la naturaleza viva, la cual es mucho mayor en aquellas escenas con connotaciones sensuales.

Otro aspecto a destacar es la casi inexistencia de decorado escenográfico. En la imagen se nos representa únicamente lo necesario dejando un contorno en blanco que disminuye conforme avanza el metraje. Este contorno blanco ayuda a la percepción de la inocencia de la protagonista y su disminución a lo largo de la película denota la perdida de la misma.

Todo esto contraste enormemente con el otro escenario desarrollado. Por un lado tenemos la vida bucólica e inocente de la campesina protagonista y por el otro el carácter férreo y absolutista de los monarcas y de la corte. La presencia del rey, la reina y sus cortesanos está claramente marcada por colores grises, metálicos, sombras y piedra. Además no se individualizan dichos caracteres hasta casi el final de la película permaneciendo durante la mayor parte del metraje funcionando como un único personaje.

Estos y otros muchos detalles plagan una película increíble que bien se merece ser disfrutada con calma, retrocediendo si es necesario, hasta desentrañar cada uno de los misterios que escondes sus imágenes, sus símbolos y sus significados ocultos.

Resumen:

Película que dejará atónito al aficionado a la animación más acérrimo, tanto por la calidad de lo dibujado como por el carácter experimental de la historia y narración. Una joya que descubrir.

Melchian

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El hombre lobo en el cine: The Wolfman

El hombre lobo ha sido una de las leyendas más explotadas por el cine junto con la historia de Drácula. Cofundador allá por finales de la década de los 30 del triplete del horror formado por Drácula, interpretado por un novato Lugosi, la momia, encarnada por un sombrío Karloff y el monstruo del que hablamos. Esta figura peluda, desde su primera aparición cinematográfica en 1935 en la película “El lobo humano”, ha sido protagonista de numerosas adaptaciones del mito que le da nombre, algunas de ellas muy conocidas y alabadas, muchas de las restante, las que más, olvidadas e ignoradas y no por falta de motivos.

Los largometrajes originales como pueden ser el ya mencionado “El lobo humano” o su posterior adaptación de 1941 “El hombre lobo” así como numerosas secuelas y nuevas películas se crearon de la mano de Universal Pictures, productora estadounidense que en esa época competía por el cine de terror con su hermana, la Hammer Films, productora inglesa que también tomó partido de este personaje con su trabajo “La maldición del hombre lobo” en 1961. De este mito esperaban un resultado parecido al que les había proporcionado “Drácula” en 1931, pero éste no fue tan grande.

Desde estos orígenes en el celuloide bicolor hasta nuestros días, el cine ha explotado esta leyenda de numerosas formas. Algunas que destacar, ya sea por su calidad fílmica, por su originalidad o simplemente por lo absurdo de su trama, podrían ser las siguientes: “Yo fui un hombre lobo adolescente” de 1957, la cual tendría una especie de remake o explotación con la comercial “Teen wolf”, o como se la conoce en España, “De pelo en pecho”, de 1985, en la que se nos presenta a un Michael J. Fox adolescente que hereda la maldición de su padre. Lo más interesante de esta producción comercial es ver a un hombre lobo popular y jugando al baloncesto. La película tuvo una segunda parte en 1987 y una serie animada en 1986, lo nunca visto. En un cine mas clásico, el hombre lobo se ha enfrentado a numerosos monstruos, en “Frankenstein y el hombre lobo” de 1943 también de la Universal, o en “Dr. Jekyll y el Hombre Lobo”, en este caso española y protagonizada por Paul Naschy en 1972 y por último en el cuádruple enfrentamiento que protagonizan Santo, Blue Demon, el hombre lobo y Drácula en “Santo y Blue Demon contra Drácula y el Hombre Lobo” una producción mexicana que deja mucho que desear.

Una vez vistas las películas más bochornosas de este personaje peludo entraremos en las interesantes, entre ellas destacar las dos primeras películas de la Universal que ya hemos comentado antes, además de “Aullidos” de 1980, una película de Joe Dante que ha alcanzado hasta ocho secuelas; y por último la casi cómica “Un hombre lobo americano en Londres” que volvió a hacer emerger en 1981 la leyenda del hombre lobo, haciendo que más de uno no se atreviera a salir de su casa en una noche de luna llena. Importante destacar la curiosa aportación al género de la película “Wolfen“, una producción estadounidense que mezcla los hombres lobo con el misticismo y la venganza india, una mezcla tenebrosa de thriller y terror que deja buen sabor de boca.

Introducidos ya en la historia de este compañero cánido, hablaremos de la última adaptación cinematográfica que ha tenido que soportar, me estoy refiriendo a la película “El hombre lobo”, recién estrenada en este 2010.

El largometraje se podría resumir perfectamente en una frase, superproducción comercial para los amantes más ligeros del cine de terror. La historia es la de siempre, hombre conoce a lobo, lobo muerde a hombre, hombre se transforma en lobo, lobo mata a gente mientras aúlla a la luz blanca de la luna llena. La verdad es que no incluye ninguna innovación al subgénero en cuestión, lo que hace que veamos la historia mil veces contada. Pero no os preocupéis, es una gran producción, con mucho presupuesto, así que cuenta con algunas caras conocidas que interpretan los papeles principales. Tenemos a Benicio Del Toro interpretando al lobo humano en un papel oscuro, amargado y tétrico que le va como anillo al dedo. A este le sigue un Anthony Hopkins que encarna al padre del lobito, un excéntrico y reservado antiguo noble que le da ese pellizco de calidad a la película. Como curiosidad nombrar la aparición de Hugo Weaving, a quien ya pudimos ver en las trilogías de “Matrix” y “El señor de los anillos”, así como en “V de Vendetta”. En este caso interpreta al inspector Francis Abberline, inspirado en el detective con el mismo nombre que en 1888 investigó los asesinatos de Jack el Destripador, un pequeño guiño a la historia de los que esta plagado el largometraje.

Un aspecto a alabar de la película es su ambientación, una excelente escenografía que logra captar un aire gótico muy interesante, sobre todo en los alrededores de la mansión Talbot y en el bosque neblinoso. Al paisaje lo acompaña un fotografía muy conseguida que forman las dos mejores bazas de “The wolfman”, junto con el vestuario y el maquillaje,  llevados a cabo por Milena Canonero, con tres Oscars (“Maria Antonieta”) y Rick Baker, ganador de seis estatuillas de la academia, respectivamente.

En definitiva tenemos una superproducción de una Universal que intenta recuperar sus viejas glorias, pero con más dinero y caras famosas, eso sí, con un hombre lobo sacado directamente del metraje de la película de 1935, demasiado humano para mi gusto.

Lo mejor y a destacar, su genial ambientación y una fotografía sublime, lo peor y totalmente reprochable, sus continuos retrasos condicionados por los cambios en la dirección, una historia manida y resabida y unas actuaciones que brillan por su acartonamiento. Pero sobre todo, no os olvidéis de aullar a la luna llena pidiendo adaptaciones de mayor calidad.

Resumen:

Una película que agradará a los fans acérrimos del hombre lobo y a aquellos que no buscan más que un entretenimiento menor, pero eso sí, de dos horas mal aprovechadas.

Melchian

Harakiri

La venganza es un plato que se sirve frío. Tsugumo, un samurai, pide permiso para practicarse el Seppuku (conocido como Harakiri), ceremonia durante la cual se quitará la vida abriéndose el estómago y asistido, además, por un samurai que le decapitará durante el proceso. Su voluntad le es concedida pero, mientras espera a los padrinos que ha pedido, solicita también poder contar la historia que le ha llevado a tomar esta drástica decisión… y comienza el baile.

Kobayashi era único. Desigual, pero con marca propia. Perteneciente a 1962, “Harakiri” es una maravilla de dos horas y cuarto de duración que te mantienen con la boca abierta.  Un argumento fascinante para una película sin prisa pero sin pausa. El código de honor samurai del siglo XVI, diseccionado sin piedad. El drama de un hombre, su vida y su preparación a la muerte.

Lo que destaca realmente de “Harakiri” es su técnica visual, y su atmósfera. A medio camino entre el clasicismo más puro y las vanguardias propias de los 60, Kobayashi filma con su propio estilo. Recursos tan arriesgados como primerísimos planos o travellings de efecto no resultan artificiosos, sino milagrosos. Casi toda la película transcurre en el mismo escenario, el templo ritual de un clan samurai activo. En él, el protagonista relatará en voz alta ante el tribunal su desgracia. Un tribunal que, implacablemente, ya le ha condenado, pues Tsugumo no quiere huir de su decisión, ni apelar a la misericordia de sus verdugos. Sólo quiere contar su historia. A partir de ahí, se sucederán los flashbacks acerca de la vida de Tsugumo… y las consecuencias que se desatarán en el presente.

El director no necesita de efectos especiales para mostrar de manera demoledora el miedo al deshonor, y también a la muerte. Para muestra, un botón: el primer harakiri de la película. Porque abrirse las entrañas es mucho más que una carnicería: es enfrentarse de bruces con la propia miseria.

La película se beneficia también de la enorme interpretación de su protagonista Tatsuya Nakadai. Si bien nunca será tan conocido como Toshiro Mifune, actor fetiche de Kurosawa y prototipo de samurai japonés, Nakadai interpreta con mirada impasible, sombría y peligrosamente felina al samurai caído en desgracia, acabado, o eso parece.

Harakiri” también contiene una de las mejores escenas de un combate a espadas de la historia cine, por muy chirriante que pueda parecer ahora. Impresionante secuencia rodada con planos largos, que parece imposible de filmar, pero ahí está. Hasta el final salpicado de sangre. No os la perdáis.

Resumen:

Demoledor drama japonés sobre el honor, la vida, la muerte y la venganza. Y el honor, sí, otra vez. Imprescindible obra maestra.

Helen