Las peores películas de la historia: “Robo vampire”

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Como no podía ser de otra manera volvemos con nuestro gran compañero Ho, Godfrey Ho, el cual, va a ser un invitado especial en numerosas ocasiones por estas páginas virtuales. Y es que no podía ser de otra manera, unos meses después de terminar el rodaje de “Thunder of gigantic serpent”, y descansar un par de horas, nuestro director favorito volvió a la carga con otra maravilla fílmica: “Robo vampire”.

La “trama” se forma de la siguiente manera: Unos americanos malotes quieren traficar droga y protegerla de la policía china por lo que optan por la opción más sencilla, contratan a un chamán chino para que cree vampiros y así poder utilizarlos para transportar la droga. En respuesta los científicos crean un robot a partir de un militar americano muerto por los vampiros para que acabe con la amenaza. El problema viene cuando esta premisa se acaba a los 5 minutos de metraje por lo que Ho tiene que llenar los 85 restantes con subtramas sin ningún tipo de sentido. Entre ellas nos encontramos la historia de amor entre una bruja/fantasma china, encarnada por una actriz estadounidense, y un vampiro con cara de mono. El amor entre ellos es tan profundo que convencen al chaman de turno para que los case salvando su vida en más de una ocasión, debido a que los vampiros y el robot tienen un sentido de amor platónico muy desarrollado.

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Amor a primera vista

Otra de las subtramas que desearas que no exista es la del secuestro de una monja (¿) china por los malotes que ayudan a los de la droga… convirtiéndose en el hilo conductor una vez que te cansas de ver pelear a los vampiros y robots.

Cuando consigues abstraerte de las historias inconexas y sin sentido que te presenta la cinta intentas centrarte en otros aspectos de la película en los que buscas cierto alivio visual encontrándote con las dos criaturas protagonistas.

Las leyendas cuentan que alguna vez se hizo una película sobre vampiros chinos que no diera vergüenza ajena y este es un punto donde debemos exculpar al pobre Godfrey, por que los vampiros mitológicos de origen asiático son un tanto esperpénticos. Ahora os voy a redireccionar a la crítica de este mismo ciclo “Las peores películas de la historia: The jitters” para que veáis de que estoy hablando. Se repiten los mismos tópicos vampíricos:

  • Los vampiros siguen desplazándose a saltitos en una posición un tanto agarrotada (brazos estirados hacia adelante, palmas hacia abajo y pies juntos).
  • Siguen abundando los talismanes paralizantes en forma de papeles con letras chinas, los cuales llevan un adhesivo especial que hace que se peguen y despeguen en situaciones comprometedoras.

Aun así, el gran Ho, añadió unos cuantos elementos para darle originalidad a su obra maestra:

  • Los vampiros no chupan sangre, comen carne, una única vez en toda la película.
  • Tienen un vínculo especial con la droga X (polvo blanco del que no se específica su origen) y se cabrean cuando les timan sustituyendo la droga por harina de arroz.
  • Dependiendo de complejas características genéticas implícitas en el material ribonucleico de la mitocondria derecha de la célula del lóbulo de la oreja izquierda de cada espécimen mutan de forma diferente. A saber, vampiro con pústulas por toda la cara, vampiro con familia de gusanos en fosas nasales, vampiro con cara de King Kong, vampiro modelo de belleza…
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Vampiro 1

Además, nuestro amado chamán chino ha conseguido mejorar tecnológicamente a los vampiros. El nuevo modelo de criaturas de la noche lleva incorporado ciertos gadchets que les convierten en armas de destrucción masiva, desde cohetes (petardos) en las mangas, pasando por vapor comprimido en manos y boca (extintores) y lanzallamas que se basa en la misma tecnología que los sopletes utilizados para construir al robot (bengalas).

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¡Por el poder de Grayskull!

Y así, como por arte de magia, llegamos a la parte donde se crea al antagonista de los vampiros, una suerte de robocop último modelo (tal y como se puede ver en el cartel de la película) al que le patean el culo más de una vez debido a su insistencia por matar a los vampiros a base de balas. La explicación que monta la película para intentar dar un sentido a la ineficacia de este androide es simple, tiene el corazón roto por que su novia lo dejó hace escasas semanas y su nuevo estómago metálico no le permite atiborrarse de helado y chocolate.

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Antes

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Después

La excitación llega a cotas desbordantes cuando la pelea final se desarrolla no entre el super capo de la droga y el robot asesino, como sería lógico, sino entre la bruja/fantasma china/americana y el chamán crea vampiros. Manteniendo como premisa que se han enfrentado con anterioridad en dos ocasiones en las que la bruja le ha pateado el culo al chino convenciéndolo para que la uniera en santo matrimonio con un vampiro, el espectador no guarda mucha expectación en este combate. La bruja vuelve a patear el culo al malo crea vampiros, los monstruos desaparecen y todos viven felices.

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Electrocardiograma de tecnología punta oiga.

Esta es una película que toma la excusa del transporte de drogas para crear vampiros que, en definitiva, no transportan drogas que a su vez sirve de excusa para que unos científicos creen un robot mata-vampiros que, en definitiva, no mata vampiros con el máximo objetivo de entretener al espectador que, en definitiva, no entretiene ni al propio Godfrey.

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¡Viva la interpretación!

Resumen:

Peor que “Thunder of gigantic serpent” en todos los niveles. Ed Wood debe de estar removiéndose en su tumba.

Melchian

Las peores películas de la historia: The Jitters

A lo largo de la historia del cine se nos ha presentado diferentes variables dentro del arquetipo vampírico. Desde el conde Drácula, romántico, con su capa negra y roja de cuello alto, el terror de las nenas; vampiros modernos al estilo niños malos como los representados en “Jóvenes ocultos”; vampiros zombificados como los de “El último hombre vivo” y sus repetidos remakes; evolucionados y mutados como los de “Blade”… y así un largo etcétera.  Pero en 1989 una pequeña producción estadounidense rompió el molde.

The Jitters” es la inclusión en el cine palomitero de una versión china del clásico de los vampiros. Empecemos…

El argumento es de lo más original. Un abuelo chino llamado Frank (todo el mundo sabe que los abuelos chinos se llaman Frank) regenta junto con su sobrina una tienda de regalos chinos en Chinatown ¿tópico, que es eso?.  La sobrina del susodicho esta saliendo con un tipo de negocios del centro, urbanita a más no poder. El problema viene cuando una banda zarrapastrosa de maleantes ataca la tienda y mata al abuelo convirtiéndolo en un vampiro asiático con muy mala leche.

Ese es el desencadenante de una tremebunda cantidad de gags sin sentido, chorradas infinitas y diálogos absurdos. Para empezar hay que introducir a lo que en esta “película” llaman “Giong shi”, el vampiro de turno. Se supone que cuando algún chino muere por causas no naturales, es decir, por el mal (léase con voz tenebrosa), se vuelve azul, le salen orejas puntiagudas, colmillos, sufre de ciática y le da por vestir un ridículo traje tradicional. Me explico. Estos seres no saben andar, se trasladan dando pequeños saltitos siempre en una posición. Juntas las piernas, doblan las rodillas, alzan los brazos cual Boris Karloff y van dando saltitos cual conejitos. El traje consiste en una túnica negra con letras chinas, un sombrero con ponpon, un faldón blanco y una pluma de metro y medio toda desgastada que les sale del gorro. Vamos, verlos en solitario traumatiza, pero cuando se juntan son todo un espectáculo.

Ni el ajo, ni los crucifijos, ni la luz del día y, por supuesto, la cruz y el agua bendita les hace algo. Estos vampiros asiáticos solo pueden controlarse por métodos cuanto menos curiosos. Guía para matar un Guiong shi:

–          Deja de respirar. Eso les confunde. Empiezan a dar vueltas completamente aturdidos.

–          Sopla a través de una caña. Si, de esas junqueras que encuentras en la rivera de los ríos.

–          Utiliza un espejo. No los golpees con el, no, eso no es efectivo. Limítate a enfocarlos como si fueran hormigas bajo una lupa gigante. Eso les hace daño, empiezan a supurar y pasados unos 30 segundos se transforman en un ser más poderoso, con exoesqueleto y una lengua un tanto serpentina. Pero no os preocupéis, seguir enfocándoles y se derretirán.

–          Este es mi favorito. Pegarles una especie de etiqueta de papel amarillo con unas letras chinas en la frente. Eso les paraliza.

Una vez que ya sabemos que tenemos entre manos y como destruirlos nos centraremos en la película. Básicamente no hay más. Bueno si, se inventan muchas tramas secundarias a las que no prestas la mínima atención, ya que la tensión a la que estas sometido vigilando cada uno de los saltos de esos vampiros es demasiado intensa. A parte de los chupocteros malvados hay una especie de banda super mafiosa y agresiva formada por seis panolis, el jefe, la tía buenorra y cuatro descerebrados. Entre todos montan un sarao de no te menees con rehenes, dinero, pistolas, emboscadas, magia y muchos, muchos saltos vampíricos.

Cuando llega el final y tras haber estado toda la película siguiendo la pista a los vampiros, viendo como mataban gente y no paraban de saltar, y de repente llega el chino medio mago tipo “guru” y saca una especie de bastón con campanilla y dice:

–          ¿Nunca te he hablado del carillón de la muerte?

Al urbanita se le queda una cara de… espera einh! Y no es para menos, ya que el supuesto “Carillón de la muerte” es un palo con una campanilla que puede controlar los vampiros. Exacto, lo tienen toda la película, pero solo se les ocurre usarlo al final. Oh! y deberíamos estar agradecidos, si lo hubieran usado al principio no habríamos podido disfrutar de una hora de saltos y más saltos.

En fin, las actuaciones son deplorables, la historia es vergonzosa, el maquillaje y efectos especiales son de rastrillo… “The Jitters”, bienvenida a la lista de las películas más malas de la historia.

Resumen:

Si Bram Stoker levantara la cabeza…

Melchian