Remake


Saga House on haunted hill

Muchos de los grandes clásicos de Hollywood han sido objeto de revisiones con un éxito más o menos importante. En los últimos años, caracterizados por un deje y un decaimiento importante de la industria cinematográfica, Hollywood ha desempolvado los éxitos del pasado para volver a exponerlos en la pantalla grande. Desde hace cinco años han ido saltado a la palestra del cine importantes y exitosos clásicos, la mayoría enmarcadas dentro del terror, la ciencia ficción o la fantasía. “Pesadilla en Elm Street”, “Viernes 13”, “Halloween”, “Furia de titanes”,  incluso “Evil dead”, en un futuro próximo, engordan la lista. “Alien”, “Predators”, “Tron”, “Hellraiser”, en cambio,  han visto ensanchada su vida por cuestionables secuelas.

Seguro que nadie desconoce las películas que acabo de nombrar. Usualmente se suelen dejar en el tintero producciones que no gozan de la popularidad del cine comercial. Casi a principios del nuevo milenio dos películas hicieron su estreno en las salas, “13 fantasmas” y “House on haunted hill”, en el 2001 y 1999 respectivamente. Ambas son remakes de sus correspondientes versiones del 1960 y 1959. Dejando a un lado la olvidable versión sesentera de los fantasmas nos centraremos en la saga de la casa encantada.

The house on haunted hill” encierra una historia original para la época. Enmarcada dentro del subgénero de las casas encantadas y protagonizada por un excelente Vincent Price relata la historia de siete individuos que intentan sobrevivir una noche en una supuesta casa encantada. El objetivo, conseguir los 10.000 dólares de premio ofrecidos por un rico hombre de negocios. Con esta premisa se desarrolla una película plagada de escenas un tanto perturbadoras que se diluyen conforme avanza el tiempo para dejar paso a un simple film de suspense.

Es irremediable no hacer comparaciones con su versión moderna. La producción  rodada en 1999 me parece uno de los pocos casos en los que el recurso del “remake” dio sus frutos, en cierta manera.

Esta revisión conserva las premisas que hicieron triunfar a su predecesora, incluso su protagonista conserva un gran parecido con Price. La historia es prácticamente la misma. Un rico magnate invita a siete personas a la casa y les promete una cuantiosa recompensa si consiguen sobrevivir a la noche. Ahora bien, añade ciertos cambios en la trama para adaptar la historia a la época actual, donde unos pocos esqueletos manejados por hilos ya no asustan a los cinéfilos.

En ambas obras la casa se dibuja como un bastión inexpugnable, recubierto de placas de hormigón, con ventanas selladas y puertas metálicas. Esto hace que la sensación de claustrofobia, mucho mayor en el remake que en el original, te acompañe durante toda la proyección. En 1959, donde las casas encantadas quitaban el sueño, supieron dibujar una muy acertada aura fantasmagórica con asesinatos sin resolver, cabezas que nunca aparecieron, cubas de ácido y pasadizos secretos. En la versión del 99 esa aura se queda obsoleta, mantienen los fantasmas pero cambian la casa por un psiquiátrico dirigido por un loco enfermizo. Los espíritus de los asesinos en una y los fantasmas de locos, perturbados y doctores malignos en otra.

Con esa diferencia y, transcurrida la media hora de metraje todas las similitudes entre ambas películas va diluyéndose hasta desaparecer por completo. “La casa de los horrores” como se título en España a la versión del 59, se transforma en un thriller de suspense con final un tanto descafeinado. La historia deja de lado a los fantasmas y pasa a centrarse en los desamores vengativos del matrimonio anfitrión. Mentiras, asesinatos, celos y mucho dinero hacen que Price y su esposa comiencen un toma y daca que “desencanta” la trama, expulsando cualquier vestigio sobrenatural.

En cambio, en la versión moderna, la historia se encamina hacia el lado opuesto. El doctor maligno y sus oprimidos y torturados pacientes cobran un protagonismo casi completo. Se mantiene, por supuesto, la trama subyacente de infidelidades y competición violenta entre el acaudalado matrimonio pero con escenas anecdóticas.

Así, el ramake se desmarca de su predecesor incurriendo en el tópico de las películas de terror actual, siluetas entrecortadas, fantasmas deformados, gore comedido, flashbacks y malos hijoputescos. Todo ello para concluir con un final predecible que echa por tierra la buena ambientación.

De forma general y, centrándonos en los sentimiento de terror o, por lo menos, con ese toque espeluznante, nos encontramos con dos obras totalmente explotables. El aura de decadencia y muerte transmitida por el remake, con esas habitaciones enormes, de aire gótico, que parecen estar sacadas de “Drácula” de Stoker, contrasta en enorme medida con la casa estilo victoriana, recargada, pomposa del clásico. Los fantasmas de una y otra película producen algún que otro respingo pero, es aquí donde la versión del 59 realiza un trabajo encomiable. En la primera media hora de metraje, donde la trama se basa en el aspecto sobrenatural, se crean atmosferas muy conseguidas con caracterizaciones bastante perturbadoras. La cuba de ácido, el ahorcamiento, la aparición que se desliza… un conjunto de efectos clásicos a los que el blanco y negro les hace un gran favor. En ese aspecto, el remake, no puede competir, basando su toque aterrador en la parafernalia virtual que se utiliza hoy en día. Irreal y exasperante.

Las actuaciones son pasables en ambos casos, influidas de manera desmedida por la corriente de la época a la que pertenecen. Vincent Price resalta en el clásico, desenvolviéndose como pez en el agua en este tipo de producciones. En la versión de 1999 es remarcable la aparición de un clásico entre los clásicos, Jeffrey Combs, que encarna al doctor.

Ocho años después, el remake vería aparecer una secuela casi olvidable. Las actuaciones van a peor, la trama decae completamente y el estilo televisivo se remarca de forma notoria. Permitámonos relegarla al vacío olvidado donde los amantes del cine de terror dejamos esas producciones sin sentido para que no enturbie sus dos predecesoras.

Resumen:

Saga de películas remarcable que, sin llegar a ser fantásticas por separado se complementan perfectamente una con otra, ofreciendo y negando una lo que encuentras en la otra.

Melchian

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Pesadilla en Elm Street

La fiebre de los remakes afecta a todos los grandes clásicos del género del terror. Hace nada se ha estrenado el correspondiente al éxito de los ochenta “Pesadilla en Elm Street”. Para comenzar partimos de la premisa de que hacer un remake de una película de culto es complicado. Además, si esa película es un clásico que revolucionó un subgénero, un soplo de aire fresco en el trillado mundo de los slashers, es aún más difícil.

En este caso se ha conservado la historia de la primera película, no como en el remake de “Viernes 13”, que más que un remake es una nueva entrega. La trama parte de Springwood, una tranquila ciudad donde sus adolescentes sufren de pesadillas recurrentes, todas ellas tienen en común a un tipo chamuscado con garras metálicas en la mano derecha. Con el transcurso del metraje cada uno de los adolescentes de turno ira sucumbiendo en sueños.

Partiendo de aquí nos encontramos con una nueva versión del clásico adaptando ciertos aspectos al cine de terror actual, lo cual, es en perjuicio de la película. Y es que, lo hace que el original perdure hasta nuestros días casi sin desmejorarse es esa estética tan propia,  ese aura que envuelve cada minuto de la cinta y que en esta película desaparece casi por completo, dejándonos con un largometraje que bien se podría llamar de cualquier otra manera.

Una de las grandes polémicas era la sustitución de Robert Englund por Jackie Earle Haley en el papel protagonista, si, en esta película tiene más protagonismo Freddy que Nancy, la chica que hace frente a Krueger y de la que tanto conocíamos en la entrega original. El cambio es subjetivo, habrá a personas que les guste más Englund y a otras Haley, ya que orientan el personaje hacia diferentes mundos. El primero se basaba más en un sentido cómico sarcástico, en la fantasía, en reírse de sus víctimas, en desesperarlas. Haley, en cambio, hace de Krueger un asesino más, un ser despiadado, vengativo y con muy malas pulgas, destruye casi por completo esa cara socarrona de Freddy reduciéndola a dos comentarios sarcásticos fuera de tono. Otro punto negativo de este Freddy es la cara que luce, puede ser más realista, pero en mi opinión parece un mono desfigurado y, la voz del doblaje, parece que se haya bebido cinco litros de aguardiente sin respirar.

De los adolescentes de turno no hay mucho que decir, uno no sabe si son los mismos que aparecían en “San Valentín sangriento”, en “Viernes 13”o en cualquier otro slasher moderno, ya que son todos iguales y actúan todos igual de mal. Hay que alabar especialmente el desastroso trabajo de Katie Cassidy, interpretando a  Kris Fowles, la primera adolescente en sucumbir. Su actuación es de risa. Además, Kyle Gallner, el sustituto de Johnny Depp, parece que lleva sin dormir tres días desde el principio de la película, desesperante.

Echando un vistazo general, quitando los adolescentes (no tan adolescentes), el nuevo Freddy y puntos concretos de la historia, no podemos destacar gran cosa. Lo único, ese toque más real que se consigue con la tecnología de grabación actual, que da una sensación de miedo más realista, que no pasa de resumirse en diez subidas de sonido que son los únicos sobresaltos que te llevas en la hora y media de metraje.

Resumen:

Tenemos una película que ha tirado a la basura la esencia de su predecesora, convirtiéndose en un largometraje más de terror actual que podía prescindir del nombre que lleva, al cual, ha deshonrado profundamente. Sólo para amantes del terror de estos últimos años.

Melchian