Song of the sea

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La animación es un género cinematográfico que se presta a un mayor moldeamiento por parte del director que cualquier otro. Es verdad que en todas las películas de Hitchcock podemos ver las huellas y rasgos que lo caracterizan, así como siempre podremos distinguir un trabajo de Lynch o de Kubrick frente a otros más comunes o genéricos. Pero lo que es indiscutible es la ductilidad de los trazos presentes en las películas animadas y como los grandes artistas hacen uso de esta maleabilidad. Eso es lo que más admiro de este género y eso es lo que me empuja a escarbar entre pilas y pilas de series y películas animadas con trazos genéricos, sin el ímpetu necesario para hacer algo distinto, hasta que florecen cosas como estas. Directores como Plympton, Bass o Bakshi crean obras de arte en movimiento y, de vez en cuando, otros directores se les unen.

Entre la animación europea más moderna se ha autoimpuesto un nombre que ha demostrado su valía en su primer largometraje y la ha consolidado con su último trabajo. Tomm Moore nos presentó hace escasos dos años “Song of the sea”, un largometraje preciosista que hace uso de diversas técnicas de animación para traer a la vida una historia del folclore irlandés. La trama se centra en los tejemanejes que se lleva una familia rural aislada del mundo cuando el destino los obliga a mudarse a la ciudad.

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La historia que se desarrolla tiene numerosos paralelismos con otras grandes películas del género. Miyazaki se puede ver por muchas escenas. Esa obsesión del director japonés por “esperpentizar” las figuras humanas, sobre todo las que asumen un rol maligno (“El Viaje de Chihiro”, “El castillo ambulante”…), se puede apreciar claramente en el enemigo mitológico que se representa en este trabajo. También, la facilidad que muestra este director por la adaptación de elementos del folclore japonés en largometrajes de índole familiar, de fácil digestión y con un componente de inmersión espectacular encuentra su símil con la facilidad con la que Moore nos introduce en ese mundo lleno de gnomos, hadas, trolls y otras criaturas mitológicas. Es indiscutible la similitud existente entre películas como “Ponyo en el acantilado” o “Mi vecino Totoro” y el trabajo que nos atañe y no es de extrañar que estas últimas hayan sido una fuente de inspiración notable en el desarrollo de la trama de la película.

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Pero, sinceramente, por mucho que la historia sea el motor de la película no es lo que me obligó a estar la hora y media que dura la misma delante del televisor.

La trama de este largometraje es un mero vehículo que transporta la inigualable ambientación “celta” en la que se apoya la totalidad del trabajo. Se podría decir que existen dos películas totalmente diferentes, la primera parte en la que los protagonistas desarrollan su vida en la ciudad y la segunda parte donde se desata la magia que se esconde detrás de la leyenda irlandesa. Son en estos últimos tres cuartos de hora cuando la excelencia de Moore con la animación brilla en su máximo esplendor. Y es que no basta con saber hacer las cosas bien, hace falta transmitir, hace falta imbuir al espectador en el mundo que creas, y esta película lo consigue.

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Los trazos redondeados de este animador, a los que ya nos acostumbró en su primer largometraje (“El secreto del libro de Kells”), se mezclan con runas celtas grabadas en cualquier superficie, brillos hipnóticos y geométricos que inundan el aire, escenografías sacadas de libros infantiles que cobran vida imbuidas por la magia del director, estatuas y elementos decorativos que automáticamente agregas al paisaje sin fijarte en ellos pero que en realidad llevan un carga inmersiva enorme. En definitiva, un compendio de imágenes que sacarán a ese pequeño ser infantil que llevamos dentro. Lo que menos me gusta de estas películas es lo mal que se explican sus virtudes mediante palabras, por ello, os insto a que le echéis un ojo y os zambulláis de lleno en ese mundo de fantasía folclórica preciosista del que nunca querréis salir.

Resumen:

Una maravilla de lo animado. Preparate para viajer y sumergirte en un mundo rico y preciosista.

Melchian

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Habfürdö (Foam bath)

La animación es un género ampliamente explotado en el pasado y que esta resurgiendo de la mano de las últimas aplicaciones tecnológicas a la industria del cine. Uno de los países que más está participando en este remonte del mundo animado es Hungría. Históricamente vienen a la mente nombres como el de  Marcell Jankovics, director de varios largos, cortos y un par de series animadas, la mayor parte producidas por el gobierno húngaro. Pero hay que remontarse a 1980 para conocer la obra magna de un director invisible, György Kovásznai.

Habfürdö”, “Foam bath” o “Espuma de baño” son las formas con las que se conoce esta película. Relata la historia de un hombre que, ante su inminente boda, decide escapar presa del terror y las dudas. Este puede ser un argumento engañoso, ya que la verdadera protagonista del largometraje es una mujer joven, culta que se verá implicada en la trama.

Habfürdö” reúne ochenta minutos de animación surrealista, experimental, donde las formas, contornos y colores no son estáticos sino que varían con cada movimiento de la cámara, con los sentimientos de los personajes, con la tensión del momento, otorgando una vibración, un contoneo continuo durante toda la película que hace que se convierta en una especie de baile infinito.

Este dibujo tan surrealista parece adelantado a su época, e incluso, en la década actual sería difícil encontrar una obra semejante. Los colores son apagados en la mayor parte del film centrándose en los ocres, blancos, grises, lilas y verdes dejando para los momentos más intensos las tonalidades brillantes con azules eléctricos, efectos de niebla multicolor o desdoblamientos de la imagen. En conjunto crea una sensación efectista, extraña y en algunos casos cautivadora.

Y es que el trabajo experimental de György Kovásznai no se limita únicamente al uso de colores y el trastoque de la realidad sino que en este mismo largometraje podemos encontrar varias técnicas de animación como el coloreado y el collage, o las trasparencias y el perfilado, todo ello mezclado con canciones que dotan a la película del título de musical experimental.

Con todas estas maravillas visuales el espectador tiene que hacer un acopio enorme de concentración para intentar seguir el hilo principal de la historia, el cual se paraliza, desdobla y desaparece en los momentos más inesperados. El argumento puede recordar a esas películas “de lios” de los años 50 y 60 protagonizadas por Jack Lemmon, Katharine Hepburn o Cary Grant, donde un pobre y sencillo personaje se ve envuelto en una trama ajena. De esta forma se presentan situaciones y escenas cómicas inspiradas en “El apartamento” o en la famosa escena de la habitación de hotel de la primera “Pantera rosa”.

En cuanto a los personajes destacar especialmente a la novia come-hombres que tratará por todos los medios de recuperar a ese marido asustado que se esconde de ella y a la joven amiga de la novia, la protagonista real de la historia, que se verá incluida en esa espiral de sentimientos encontrados, miedo, dudas y, sobre todo, una lucha contra la ética o moral plastificada y artificial de la sociedad de la época.

Resumen:

Increíble orgasmo visual claro representante del cine más experimental. Una película donde la trama no es la protagonista dejando a los colores, las formas y los movimientos como verdaderos narradores.

Melchian

Ciclo cine friki: Gyo, Tokyo fish attack

 

El género de la animación japonesa es amplio, vasto y un tanto extraño. Desde las comedias románticas; donde ves mas bragas que en un catalogo de Woman secret; hasta los seriales de samuráis, demonios y espadas; donde los capítulos no cuentan nada y sueñan con hacer la serie de los mil episodios; puedes encontrar  cualquier tipo de historias, incluso las más descabelladas.

Dentro de lo más absurdo y surrealista del mundo Nipón podía destacar “Mind game”, una especie de adaptación mafiosa de “Pinocho” con líneas temblorosas y colores psicodélicos, o con “Bobobo” una serie carente de cualquier tipo de argumento meramente razonable.  Pero ninguno de estos ejemplos ni otros que pudiera conocer me habrían podido preparar para lo que me deparaba “Gyo: Tokyo fish attack”.

Gyo” es una mezcolanza de tópicos japoneses modernos: esta la tía guarrona que enseña culo y tetas, la lista y la otaku, escenas de enajenación transitoria, moralinas de cuento infantil, monólogos sin destinatario e incluso científicos locos. A todo esto se le añade cierto toque de  película de terror de animales asesinos, un poco de suspense de la segunda guerra mundial y tienes un producto friki que hará las delicias de una pequeña minoría y provocará la vergüenza ajena, el vómito y la repugnancia más escandalosa del resto.

Y es que la película empieza normalilla (dentro de lo que cabe). Unos peces un tanto malolientes y con patas de metal cual insecto invaden la costa molestando a un trio de amigas un tanto aburridas. Aquí es cuando empiezas a fijarte en cada una de las deficiencias que presenta el film; desde un guión horrible e infantil hasta un dibujo simple, descuidado y muy escueto.

Cuando la trama empieza a coger carrerilla y descubres que Tokyo esta siendo invadida por tiburones gigantes con patas metálicas, entre otros pescutes más, comienzas a darte cuenta de lo que estas viendo. Ahí va la primicia. Los peces están mutando controlados por una bacteria que al inocularse en un ser vivo hace que este comience a producir un gas a apestoso que, como repiten en la película un millón de veces, se parece al de un cadáver en putrefacción.

Si la cosa no estaba lo suficientemente movida lo estará cuando te des cuenta de que esa bacteria infecta a los humanos haciendo que todos parezcan clones verdes, hinchados y con un problema de gases preocupante. Dicho gas es utilizado por los “afectados” para mover por presión las patitas metálicas de marras. Ahora bien, si esto no os traumatiza de por vida esperar a ver un ejercito de obesos verdes en camillas “arácnidas” y sodomizados con tubos mientras marchan emitiendo sonidos guturales.

Y como una imagen vale más que mil palabras…

Aquí tenemos a una mutante expulsando ese maravilloso y putrefacto gas…

Un mutante al detalle. Decir que esos mismos tubos los tiene también en el culo… toda una delicia.

Y hala mutantes, toma ejercito verde y apestoso… ni que los regalaran con el periodico oigan.

Resumen:

Frikeza un tanto asquerosa y repugnante en el sentido más completo de la palabra. No se salva ni el guion ni el dibujo ni, por supuesto, la historia.

Melchian

El cuento de Juan

Karel Zeman es uno de esos directores que no sabes a que esta jugando. Sus películas denotan componentes claramente infantiles: argumentos de cuentos de hadas, personajes demasiado estereotipados y simplistas, desarrollo pausado y relativamente corto… Pero aun así tiene un arte, una forma de hacer cine, una inventiva, un estilo visual que cautiva no solo a los más pequeños de la casa.

Considerado por unos el genio de la animación checa y por otros el Méliès del cine moderno, Zeman, se ha labrado una carrera impecable dejándonos puras obras de arte. Desde sus comienzos con cortometrajes animados en stop motion, su salto al uso de maquetas, siluetas y personas reales,  hasta sus mejores películas de animación pura y dura.

Su película más conocida quizás sea “Krabat, el aprendiz de brujo”. Penúltimo trabajo realizado en dibujo y que poseía una calidad que hacía prever lo que habría por llegar, que no era mucho.

Su última película “El cuento de Juan” revive la esencia de Krabat con un aire completamente perfeccionado. Este largometraje cuenta la historia de Juan que con la ayuda de tres enanos guardianes emprende una aventura en la que participarán dragones, ninfas, demonios, caballeros, ladrones y reyes.

El argumento sigue siendo un cuento de hadas al uso, destinado a los más pequeños de la casa. Su metraje se escapa por escasos minutos de la hora de rigor, sus personajes son simplistas y muy reducidos en número, sus voces son caricaturescas y deformadas adaptándose en demasía a la personalidad del personaje. En definitiva, únicamente falta un “Erase una vez” al principio y un “Fueron felices y comieron perdices” al final para adoptar ese formato recurrente en los cuentos infantiles.

Pero como casi toda obra de Zeman ese estilo simplista esconde increíbles maravillas que no pueden ser percibidas por el público a quien está destinada la cinta. A destacar por encima de todo el gran trabajo de animación. Los personajes se mueven por marionetas planas y maquetas coloreadas. Un ejemplo de arte laborioso y con un resultado muy sobresaliente.

El detalle de la pintura es también uno de los puntos fuertes. En Krabat se podía ver un coloreado algo simplista que se contrarrestaba con la gran caracterización de los personajes. Aquí tanto los escenarios, como cada uno de los protagonistas, luce un diseño detallista que recuerda en enorme medida a los cuadros e imágenes renacentistas transmitiendo una sensación de perfección y tranquilidad que, al igual que en Krabat, se rompe con la aparición de los “malos” de turno,  en este caso son soldados feos, con cicatrices, narices enormes, bigotes despeinados y barbas desaliñadas. Así, Zeman, crea una barrera infranqueable entre los buenos y los malos, entre los odiados y los amados.

El resultado final es una película corta pero muy bien llevada. Un pequeño trago de calidad que demuestra que Zeman es uno de los grandes en este pequeño mundillo de la animación.

Resumen:

No dejarla pasar por nada del mundo. Representa el culmen de una carrera prolífica y la perfección de una técnica trabajada durante años. Simplemente escenifica lo que debería ser una muy buena película de animación.

Melchian

Idiots and angels

Bill Plympton es un ya experimentado dibujante y director con un gran elenco de cortometrajes y una más que suficiente lista de largometrajes en su haber. Los primeros trabajos de Plympton llamaron la atención por su estilo surrealista, un sentido del humor macabro y absurdo que no dejaba indiferente a nadie. Todas estas características sumadas a su personal forma de dibujar le han catapultado a uno de los escaños más altos de la cumbre de la animación.

Como ya hemos dicho, sus películas y cortos se caracterizan por un humor entre absurdo y macabro, pero esta seña se ha ido perdiendo y tornándose difusa en sus últimos cortos y largometrajes. “Idiots and Angels” es una película que huye del humor Plypmtoniano para adentrarse en un mundo oscuro y trágico, donde la monotonía del día espera latente en cada fotograma, donde las desgracias personales de los protagonistas emanan de cada trazo.

El largometraje en cuestión nos presenta a un hombre gris, encorvado y con cara triste. Su mayor diversión es hacer sufrir a los demás, sobre todo cuando esta en el bar en el que pasa el día al completo. Esta no tan extraña afición será perturbada por unas pequeñas alas que le empiezan a brotar de la espalda, las cuales, tendrán otros planes muy diferentes para el amargado protagonista.

Idiots and angels” es un largometraje que obviando completamente los diálogos nos consigue transmitir cada una de las emociones que alteran la patética vida de sus protagonistas, transformando de esta manera un triste, lento y gris comienzo en un frenesí de imágenes, de heroicidades y sacrificios estoicos para culminar con un final mas que decente.

Los verdaderos protagonistas de la película no son las personas que pueblan sus fotogramas, sino los sentimientos que éstas representan: frustración, pereza, gula, egoísmo, maldad… cada uno tiene su representación física en el metraje, desde la guapa camarera atrapada en una vida de humos y oscuridad en el bar, pasando por la clienta asidua con sobrepeso que no cesa de soñar con ser bailarina, y acabando con el barman, el cual tiene más deseos de triunfar que de seguir viviendo.

Todas estas pequeñas partes son encajadas unas con otras por una animación sublime, con un toque muy personal que conserva Plympton en todas sus obras y únicamente utilizando ocres, grises y negros te consigue introducir de lleno en las miserables vidas de sus protagonistas.

Resumen:

Película de animación sin diálogos que explota al máximo los colores tristes y apagados para transmitir una sensación de monotonía y angustia pareja a la de los protagonistas, la cual, conforme avance el metraje, irá difuminándose para dejar entrever una pequeña luz que la mayoría de los personajes intentarán volver a cubrir.

Melchian

Peur(s) du noir

Por casualidad, hoy he dado con una película de animación bastante reciente y que no tenía muy mala pinta. El largometraje se titula “Peur(s) du noir”, una película de animación francesa formada por varios relatos de terror. La premisa que nos ofrecía el largometraje distaba de ser aburrida, pero no necesariamente de calidad, así que, me dispuse a comprobarlo.

Como suele ocurrir con este tipo de películas es difícil hacer una valoración global, ya que al ser relatos cortos y muy dispares entre sí, es difícil que todos ellos sean de la misma calidad. “Peur(s) du noir” se compone de seis relatos en los que el denominador común es el terror, el miedo a la oscuridad, esto último tiene su por qué, ya que la totalidad del largometraje está rodado en blanco y negro, así la diferencia entre luz y oscuridad es muy palpable.

La primera de las historias es un relato bien construido, con una animación que llama la atención por su normalidad. Trata sobre un chico de campo que colecciona insectos, que un día consigue capturar un espécimen raro que por la noche deja escapar, y desde entonces lo oye moverse por debajo de su cama. A partir de aquí la acción se traslada a la ciudad, donde el chico va a la universidad y empieza a conocer a Laura, una chica extrañamente interesada en él. Pronto empezarán a trasladar su vida al cuarto del chico, pero no estarán solos. Tras este pequeño resumen puedo decir que es una historia con un final extraño y que te deja una sensación de inacabada, a pesar de todo ello es bastante decente.

La segunda de las historias, bastante común y con cierto toque asiático en la animación, nos traslada a una habitación de un hospital donde una niña pequeña está atada a la cama, un médico con cara de malas pulgas la duerme mientras solloza y comienza a soñar. Esta segunda animación esta bastante lograda, con cierto estilo asiático, y aunque la historia tilda de tópica y resabida, consigue transmitir alguna pequeña sensación de agobio.

La tercera de las historias es la que posee una animación más detallada y lograda. En un pueblo la gente comienza a desaparecer, los habitantes contratan a un cazador para que acabe con aquel o aquello que rapta a las personas. Como ya he dicho, la animación es mucho más adulta, más detallada, aunque la historia te deje indiferente.

La quinta historia se va entrelazando entre las demás, tejiéndose a sí misma entre los devenires de historias ajenas. Se nos presenta a un viejo, delgado y demacrado burgués que conduce a cuatro rottweilers y va dejando escapar uno a uno para que maten a una persona. Ésta es una de las historias a las que se le puede sacar más jugo. Esta ambientada en España y su animación es increíble.

He dejado para el final la última historia de la película, para mí la mejor. Comienza con un fondo blanco y una silueta negra, está nevando, aunque sólo lo podamos apreciar en contraste con la silueta. El hombre entra en una casa aparentemente abandonada y allí espera a que pase la tormenta. Conforme pasa el tiempo se da cuenta de que ocurren cosas extrañas y que no está solo. Este relato no sobresale por su historia sino por su animación, la cual no es desbordante, pero hace un uso excelente de las sombras y luces, es decir, del blanco y del negro, haciéndonos pasar casi todo el relato en una oscuridad completa. La historia esta muy bien llevada y los detalles terroríficos están muy bien camuflados. Un regalo para la vista.

No hay mucho más que destacar de esta producción independiente, salvo que entre historia e historia se nos presentan figuras irregulares, formas y movimientos acompañados por una voz en off que nos habla de sus peores pesadillas.

Resumen:

Un compendio de historias con sus altibajos y grandezas, remarcando y subrayando de forma muy especial la última de ellas, una gran obra de arte. Para los amantes de la simplicidad, el terror y la animación bien hecha.

Melchian

Alice

Después de poder ver en los cines la nueva versión de Alicia, que nace de la mano de Tim Burton, necesitaba ver una película que hiciera algo de justicia a esa fantástica historia que narran las palabras de Lewis Carroll. Ésta no podía ser otra que “Alice” o para los que lo prefieran “Neco z Alenky”, que es su título original.

Alice” es una obra maestra del cine de Europa del Este, más concretamente de nacionalidad checa. Su director, Jan Svankmajer, que ya nos sorprendió con otros grandes títulos como “Los conspiradores del placer” o “Lunacy”, dos grandes largometrajes que, sin embargo, no alcanzan las cotas que corona “Alice”, su primera película. Como ya he dicho, está basada en el libro de Lewis Carroll aunque no lo siga de forma fidedigna, ya que mezcla los sucesos de la historia con un aura tenebrosa, valiéndose de los objetos cotidianos. Y es que “Alice” es una película que aúna la animación en stop motion, reservada para el mundo de fantasía y para una diminuta Alicia, y el metraje para las escenas en las que la protagonista es gigante o de tamaño normal.

Una de las principales diferencias de esta adaptación con respecto al resto de películas es la falta de colorido, la ausencia de tópicos infantiles y moralejas resabiadas. “Neco Z Alenky” es un largometraje en el que abunda lo oscuro, lo macabro y tenebroso, conformando estas características algunos de los pasajes más recomendados de la película. Los personajes no se salvan de esa ola de terror y surrealismo oscuro: sin ir mas lejos, el primer personaje de este mundo de las maravillas en aparecer, el conejo, es una pieza disecada de ese mismo animal, la cual no duda en sacarse las astillas que le sirven de relleno mientras se cose y descose su propio cuerpo. Éste es uno de los muchos ejemplos; el resto de los habitantes del mundo fantástico están formados por ratas, figuras grotescas compuestas por huesos, trozos de carne vivos, cucarachas en latas de conserva, gusanos y ranas de porcelana glotonas, sin olvidarnos de la corte de corazones, con su rey y su reina, representados íntegramente por cartas, entre otros muchos. Una mención especial se merece la liebre de marzo y el sombrerero loco, encarnados por dos figuras de madera rotas a las que se les acaba muy rápido la cuerda. Todos estos individuos no serán amables con Alicia, sino todo lo contrario, la perseguirán con unas intenciones misteriosas que no son desveladas en toda la película.

La historia está narrada por la propia Alicia, que se desdobla para hacer de narrador, de cual sólo se ve la boca, y de la protagonista de la trama. El ritmo es lento y se obsesiona con los detalles, los gestos y la composición surrealista de cada escena. Los diálogos son muy escasos, transmitiendo en la mayoría de las escenas mucho más las acciones de los personajes y el aura que se respira.

En definitiva, todos estos rasgos conforman una película increíble, que logra transformar un cuento que, históricamente, ha sido conducido a los más pequeños en una trama oscura y tenebrosa que hará las delicias de los mas curtidos cinéfilos.

Resumen:

Una película para disfrutar de un aura desgastada y surrealista siguiendo los pasos de una Alicia de porcelana de la mano de uno de los genios del cine checo.

Melchian